Un joven guardia y un alumno en prácticas

Carlos Sáenz de Tejada, 28 años y natural de Burgos, llevaba doce meses en la isla, al igual que su compañero el pamplonés Diego Salva, de 27 - El cuartel de Calviá no tiene cámaras de seguridad

31.07.2009 | 03:55

Madrid / Palma, Agencias
Los dos guardias civiles asesinados ayer en Mallorca por ETA son Carlos Sáenz de Tejada García , 28 años, y Diego Salva Lezaun, de 27 años. El primero había nacido en Burgos y había llegado destinado a la isla hace un año. El segundo era de Pamplona y comenzó a trabajar en Mallorca en enero pasado como alumno en prácticas. Ambos estaban solteros.

Carlos tenía dos hermanas y había conseguido acceder a la Guardia Civil después de permanecer varios años integrado en el Ejército Profesional, concretamente en la base de Castrillo del Val, ubicada muy cerca de la capital burgalesa. El alcalde de la ciudad, Juan Carlos Aparicio, aseguró esta tarde que la familia Sáenz de Tejada está «muy arraigada» a Burgos y, de hecho, reconoció que mantiene una relación de amistad con ellos.

No tenía miedo al terrorismo e incluso «su primera idea cuando entró en la Guardia Civil era ir a las Vascongadas», cuenta su primo Guzmán Ortega. Pero después consiguió el destino en Mallorca y «estaba tan contento que decidió cambiar de idea».

Guzmán Ortega describió a su primo como «muy bueno y muy tranquilo», al que le gustaba mucho el fútbol, porque era «forofo del Real Madrid». «Le gustaban el Ejército y la Guardia Civil, Era su vocación. Ahora los padres de Carlos están destrozados, destrozados», añadió.

El cuartel de Palmanova (Mallorca), frente al que ETA asesinó a dos guardias civiles mediante una bomba lapa, no tenía cámaras de seguridad, según afirmó el alcalde de Calvià, Carlos Delgado, quien explicó que se trata de un cuartel provisional de la Benemérita y está ubicado en unas dependencias municipales, a la espera de que se construya uno nuevo para el cuerpo.

El atentado fue perpetrado a primera hora de la tarde a sólo a unos centenares de metros de cuatro playas donde había miles de turistas. El Gobierno balear decretó tres días de luto y el obispo de Mallorca transmitió sus condolencias a las familias de las víctimas.

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