Masacre terrorista, con decenas de muertos, en Jaipur, el corazón turístico de la India

l Ocho bombas ocultas en triciclos explotan en 15 minutos en lugares muy concurridos l El Gobierno atribuye el ataque a un grupo de Bangladesh

14.05.2008 | 00:00

La ciudad de Jaipur, considerada el corazón turístico de la India, fue escenario ayer de una masacre terrorista que se cobró al menos la vida de 60 personas y dejó heridas a más de 150. Las explosiones, en cadena, ocurrieron en un lapso de quince minutos en lugares muy concurridos de la «ciudad rosa» de Jaipur, capital del Estado de Rajasthan. Las bombas, de baja o media potencia, estaban alojadas en «rickshaws», los populares triciclos indios, y estallaron en seis lugares distintos de la ciudad. El Gobierno atribuyó el atentado al grupo Harkut-ul-Jehadi Islami, con base en Bangladesh.

Nueva Delhi

Al menos 60 personas murieron y otras 150 resultaron ayer heridas en un múltiple atentado que tiñó de sangre el corazón turístico de la India, la «ciudad rosa» de la capital de Rajasthan, Jaipur, en una cadena de ocho explosiones que se sucedieron en menos de quince minutos. La jefa del Gobierno del Estado noroccidental, Vasundhara Raje, confirmó a la agencia PTI que el número de víctimas supera las 60, aunque otras fuentes hablaban ya de más de 80 y todo hace indicar que el balance aumentará, dado que, entre los heridos, varias decenas están muy graves.


«Al menos 60 personas han sido asesinadas y más del doble están heridas. Es increíble», dijo a la agencia IANS el secretario de Información rajasthaní, Rohit Singh, que confirmó que se trataba de un ataque terrorista.


Los artefactos, de media o baja potencia según fuentes policiales, estallaron en puntos muy concurridos, como bazares y templos, a partir de las 19.00 hora local (tres y media de la tarde hora peninsular española) y de forma consecutiva en el siguiente cuarto de hora.


Según el inspector general de Policía de Jaipur, Pankaj Singh, fueron ocho las bombas que explotaron en seis diferentes puntos de la ciudad, todos ellos muy próximos. Singh dijo que los explosivos fueron colocados en «rickshaws», los populares triciclos indios, aunque otras fuentes citaron bicicletas e incluso un coche bomba, y un noveno artefacto pudo ser desactivado cerca de un templo hindú.


Las explosiones lanzaron en estampida a la multitud aterrorizada que estaba congregada en el casco viejo de Jaipur, que a esa hora suele estar atascado por el tráfico con lugareños y turistas haciendo aún sus compras en sus calles pobladas de bazares.


Una de las bombas estaba colocada en el Badi Chaupar, el cruce principal de la «ciudad rosa», próximo al Hawa Mahal o Palacio de los Vientos, joya arquitectónica del siglo XVIII, que no sufrió daños por la explosión. Las otras detonaron en las dos avenidas que se abren hacia el Oeste y el Sur desde el Badi Chaupar, las de los bazares de Tripolia y Johari.


Uno de los objetivos de los terroristas fue un templo dedicado al dios-mono hindú Hanuman en el bazar de Tripolia, que por ser martes congregaba ayer a una multitud de devotos. También explotó una bomba en la puerta de Sanganeri, que da acceso a la ciudad amurallada por el bazar de Johari.


Fuentes de Interior atribuyeron el atentado al grupo islámico Harkut-ul-Jehadi Islami, con base en la vecina Bangladesh, y admitieron que ha sorprendido a las autoridades, según la PTI. Mientras los heridos eran evacuados a hospitales, la Policía selló de inmediato la ciudad de Jaipur y desplegó refuerzos.


El secretario de Información rajasthaní convino que es posible que el ataque pretenda instigar odios entre musulmanes e hindúes, dos comunidades que comparten vida y negocio en la «ciudad rosa».


Fuentes de Inteligencia destacaron a la cadena de televisión delhí NDTV que se trata de un ataque meticulosamente planeado, con puntos muy bien escogidos para causar el máximo daño posible.


El atentado llevó a las autoridades de varias ciudades, entre ellas Delhi y Mumbai, a elevar la alerta de seguridad. El primer ministro, Manmohan Singh, y la presidenta, Pratibha Patil, condenaron de inmediato el ataque. Singh llamó a la calma a la población india y garantizó la ayuda del Gobierno a las autoridades de Rajasthan y a las familias afectadas. El «premier» paquistaní, Yusuf Razá Guilani, condenó enérgicamente el ataque. En un escueto comunicado de su oficina, Guilani apostó por luchar junto a la comunidad internacional para erradicar el terrorismo.

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