El entreguín que venció al nazismo

José Antonio Alonso, el "comandante Robert", fallecido en diciembre, lideró la liberación de la ciudad francesa de Foix durante la Segunda Guerra Mundial

07.02.2016 | 04:59
José Antonio Alonso, en una visita a Asturias.

Hijo de ferroviario, miliciano contra Franco, miembro de la resistencia francesa contra Hitler, libertador de la localidad de Foix, comunista, exiliado, caballero y oficial de Legión de Honor de Francia, republicano... Un siglo da para mucho y da para mucho más si se vive intensamente. Ese fue el caso de José Antonio Alonso, el "comandante Robert", nacido en El Entrego en 1919 y fallecido el pasado mes de diciembre en Francia. Alonso fue testigo y actor protagonista de la historia reciente de Europa. Obtuvo muchas condecoraciones, pero no era aficionado a lucirlas. La explicación era sencilla. "Hay gente de mi brigada que no las tiene. Para ser buen jefe hay que tener buenos soldados", solía argumentar.

Alonso nació el 14 de abril de 1919 (toda una premonición, unos años más tarde el mismo día se proclamaría la Segunda República) en El Entrego. Siendo un niño se trasladó a vivir con su familia a Tarragona, donde su padre, que había trabajado como minero, se empleó como ferroviario. A los 17 años se alistó en el ejército republicano para combatir al franquismo. Participó en la batalla del Segre y luchó hasta que el frente se derrumbó. Cruzó la frontera, junto a cientos de miles de personas, buscando asilo en Francia. Con un campo de refugiados como destino, lidió con el hambre y el frío, sorteando los piojos y las garrapatas que poblaban los barracones.

Entró a formar parte de los refugiados que engrosaban las compañías de trabajo francesas, en las que había que mantenerse con "50 céntimos al día, dos paquetes de tabaco al mes y dos sellos para escribir a la familia". En 1940 fue enviado a la frontera belga para reforzar las defensas a lo largo de la línea Maginot, un intento infructuoso ante el imparable avance de las tropas alemanas y su "guerra relámpago". Muchos de sus compañeros fueron hechos prisioneros y enviados a campos de concentración nazis, pero José Antonio Alonso puedo evitarlo.

El gobierno colaboracionista de Vichy reunió a refugiados y prisioneros en el servicio de trabajo obligatorio para suministrar mano de obra a la industria armamentística. Alonso fue trasladado con su compañía a Burdeos para trabajar en la construcción de una base de submarinos alemana. Logró escapar y pasar a la clandestinidad iniciando su etapa como guerrillero. La elección de alias que le acompañará en la clandestinidad, "Robert", fue motivada por el fallecimiento de un camarada del mismo nombre. Integrado en las filas de la tercera brigada de guerrilleros españoles, que más tarde lideraría, Alonso participó en sabotajes de fábricas, vías ferroviarias, centrales eléctricas y tendidos telefónicos. Empezaron con siete guerrilleros, dos pistolas y siete granadas. Al final de la guerra eran más de 300.

En agosto de 1944, al mando del comandante Robert, la tercera brigada lanzó un ataque contra la ciudad de Foix. Tras cuatro horas de combates, los alemanes se rindieron. Alonso y sus hombres liberaron la población y capturaron a 1.350 prisioneros. "Ciudadanos de Foix, os devolvemos la ciudad; es vuestra, sois libres", clamó el comandante desde el balcón del Ayuntamiento. "Los franceses no vinieron a ayudarnos y estoy orgulloso. Si hubieran venido seguro que nadie se acordaría de los españoles", explicaba Alonso en 2010 en una conversación con este diario en la que también reflexionaba sobre lo que supuso la II Guerra Mundial para los refugiados españoles. "Nos permitió coger las armas de nuevo y luchar contra los mismos que nos había echado".

Alonso también tomó parte en la a invasión del Valle de Arán, la operación protagonizada por guerrilleros antifranquistas españoles con la intención de reanudar la guerra en España, estableciendo una cabeza de puente en territorio español para lograr un levantamiento popular y una hipotética llegada posterior de los aliados. La ofensiva fracasó y el comandante Robert colgó definitivamente las armas. Pasó su juventud combatiendo, pero nunca sintió miedo. "Resistimos porque era nuestro deber. Luchamos por la República en Francia y en España; fue el período de mi vida en que más libre me sentí".

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