Artesana de la cultura

Montserrat Quintana recupera libros viejos en su taller de Castropol

09.05.2008 | 00:00
Montserrat Quintana, con uno de sus joyeros.
Montserrat Quintana, con uno de sus joyeros.

Castropol, Jorge JARDÓN


Empezó en broma ayudando a su hermano, y ahora se dedica a ello con intensidad. Montse Quintana es una especialista en cuestiones de encuadernación e incluso de restauración de libros que no presenten demasiadas dificultades, porque como ella misma dice «pa fer algo que quede mal, prefiero no ferlo». Y tan mal no debe de hacerlo cuando dice que hasta le fecha no ha tenido una sola queja de los clientes.


Aunque acaba de superar una de las épocas de más trabajo del año, la que va de enero a abril, ya que en es cuando se encuadernan la contabilidades, contando para ello con numerosas empresas que recurren a su taller, si bien explica que va a perder parte de esta actividad, ya que ahora se autoriza a presentar las cuentas en soporte informático.


Pero a partir de este momento, tiene una segunda actividad, la de preparar el material para asistir a las ferias, a las que suele acudir provista de libretas, portacartas, álbumes de fotos, joyeros, detalles para bodas, etcétera, todos ellos elaborados a mano. Por lo pronto en agosto tiene tres ferias, la de Puentenuevo, la de Grandas y la de Burela, aunque para ella la más importante resulta la de Ribadeo, al celebrarse durante el puente de la Constitución y en una época cercana ya a las Navidades.


El taller de Montse Quintana se llama encuadernaciones Principado, un nombre que, según ella, resulta confuso. «La gente piensa que trabajamos para el Principado, y nada más apartado de la realidad», aclara. Incluso a una feria a la que fue se encontró con un grupo de excursionistas de la tercera edad que al ver el nombre, pensaron que iba a darles algo gratis pensando que se trataba de un stand regional.


Montse Quintana aceptó la invitación de su hermano para trabajar en su empresa cuando cogió un taller de encuadernación en Lugones, de ahí que haya entablado amistad con una persona que todavía hoy le recoge encargos que lleva a cabo luego en el pueblo de Piñera (Castropol), en donde se ha querido establecer por su cuenta adquiriendo para ello una cosedora, una redondeadora de lomos, una cizalla, una guillotina y dos máquinas de dorar. Pero con todo se encuentra feliz de trabajar como autónoma, ya que según defiende «la tranquilidad de no aguantar a nadie no se paga». Además ha conseguido diversificar su actividad con dos pequeños apartamentos de turismo rural.

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