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11.09.2015 | 21:06

PREGÓN SAN MATEO 2015

Queridos paisanos
Ovetenses, oviedistas, carbayones para nosotros, para mí, es todo un honor y
también una responsabilidad, ponerme hoy ante vosotros para ser pregonero de las
fiestas de mi ciudad, y hacerlo en representación de un club, de una entidad, de un
sentimiento que para mí lo es absolutamente todo.

Porque no entiendo ni entendería una ciudad de Oviedo sin el Real Oviedo. Porque
desde 1926 este club ha sido el buque insignia de los valores que esta ciudad lleva por
bandera. Un club señor, al que han hecho grande su capacidad de lucha, de orgullo,
de valor y de garra; Los grandes nombres, desde Herrerita hasta Tensi, desde
Lángara a Carlos o Prosineky

El Real Oviedo ha paseado su escudo por Europa y nuestros jugadores han
capitaneado selecciones que jugaban mundiales y eurocopas. Un club señor, al que
ha hecho grande su afición. Vosotros. Los ovetenses, los oviedistas, capaces de
contagiar este sentimiento a personas de todo el planeta. De inculcárselo a vuestros
hijos, a vuestros nietos, a vuestros sobrinos, logrando que sean del Oviedo sin haber
disfrutado de esos años de gloria. Un sentimiento que llevo muy dentro, que ha crecido
conmigo desde los primeros recuerdos que tengo de esta ciudad. Desde que en la
Guardería Santa Mónica engolaba los zapatos en la tejavana de su patio descubierto.
Desde que en el Colegio San Juan comencé a jugar al fútbol sala. Era tan pequeño
que solo se podía jugar con pelotas de papel. Desde que hice mi primera prueba, con
9 años. Fue en el Carlos Tartiere. Antic vino a saludarnos, y terminé jugando el primer
partido con la camiseta del equipo de mi vida en Villamallor, en el campo del Fortuna.
Éramos 40 chavales, nos quedamos 20. Mi sueño era jugar en el primer equipo, y lo
conseguí. Fueron muchas tardes de autobús camino a Matalablima, a San Esteban, a
La Morgal muchos campeonatos de Asturias ganados, y muchos, muchísimos
amigos, que me ha dado este deporte a lo largo de los años. Y con el tremendo
privilegio de hacerlo fiel a un sentimiento, el de mi equipo, el del equipo de mi ciudad,
la que me ha visto crecer y convertirme en lo que hoy soy. La ciudad que me vió nacer
entre Marqués de Pidal y la Calle Fruela, con parada en el mítico comercio Los Chicos,
de donde guardo, con olor a madera, los recuerdos que tengo de mi abuelo. Había
sido árbitro, y mi padre y mi tío médicos.

Todo tiene un sentido y seguramente una parte de mi destino ya estaba escrito. Una
infancia teñida de sabor a barquillo en las tardes del parque San Francisco, con
imágenes en blanco y negro de los primeros cortejos en el Amaguestu, una tiendina de
chucherías que tenía frente al Auseva. La ciudad que me ha formado como médico, en
un maravilloso campus de El Cristo. Hijo de madre gallega y padre ovetense, que me
han inculcado el esfuerzo y la lucha incansable por llegar a alcanzar todos mis sueños.
De amigos como Laura y Andrés, que han crecido conmigo desde la guardería.
Recuerdos de tardes de quedada en la gorda, de juntarse con los amigos en el Cívico,
de toque de queda a las 9.30 en casay de fiestas de San Mateo en las que mama y
papá se estiraban y podía llegar a las 3 de la mañana. Salía a menos cinco, corriendo.
Ventajas de vivir en el centro Recuerdos de conciertos en la Plaza de Toros, de Los
Suaves, o de Camela (a Camela siempre había que ir porque había muchas chicas) de
los chiringuitos que me perdí el San Mateo que mi madre me dijo: "este año no puedes
salir". Me quedé encantao en casa. Tenía 15 años y había sido convocado con la
Selección Española. Recuerdos de añoranza porque tuve la gran suerte, y la mala
suerte, de tener que coger las maletas durante un tiempo.

El suficiente para echarte de menos, Oviedo, para madurar, y aprender a echar de
menos su limpieza, sus rincones, mis bares preferidos desde Gascona hasta
Montecerrao, de echar de menos a su gente, a mi gente, y a también a mi equipo. A
nuestro equipo.

HÉCTOR
Al equipo de todos los ovetenses. Porque si algo no le falta a este club, y sobre todo a
esta afición, es su ilusión. Poder representar hoy a todos los canteranos es un
extraordinario premio. Son muchos años de entrenamientos, de competición, cargados
de ilusión, soñando con poder pisar algún día el Carlos Tartiere. 22 años de vida y de
unión permanente a esta ciudad. De una infancia en la que, cada tarde, salía de las
Ursulinas y recorría el parque hasta llegar al antiguo Carlos Tartiere. Era la mejor
manera de poco a poco ir respirando lo que nos transmitía esta ciudad, fútbol. Mi
primer recuerdo es de Esteban parando un penalti contra el Atlético de Madrid. Quien
me iba a decir a mí que años después podría compartir un entrenamiento él.
En el 2004, con 11 años , en el 2004 , comencé a formar parte del Real Oviedo. Eran
años complicados , donde muchos preferían irse a otros equipos. En invierno, era
habitual que no pudiéramos ducharnos. No había agua. En alguna ocasión eran
nuestros padres los que al anochecer tenían que alumbrarnos con sus coches, porque
tampoco había luz.

Para Diego y para mí es un orgullo estar aquí arriba, porque sabemos cómo esta
ciudad levantó a un equipo que estaba muy tocado, pero nunca hundido. Hasta ese 31
de junio de 2015, en el que hicimos historia. En el que 20 jugadores empujados por
millones de corazones, como el mío, como el vuestro, lograron devolvernos al lugar en
el que hoy estamos.

Una vida y una adolescencia de oviedismo, y de recuerdos de mi ciudad. De las
fiestas que cada año esperábamos con ganas, de sus conciertos, de sus chiringuitos,
de quedar con los amigos para dar una vuelta por la Plaza Porlier y la calle Mon.
Aunque hayan pasado los años la ilusión es la misma, y disfruto como el primer día.
De nuestras fiestas, de una ciudad que es única, por su gente, por su belleza, por su
gastronomía. Y por su equipo.

No estaría aquí si no fuera por mis compañeros y los que nos fueron dejando por el
camino, por los ídolos en los que te guías para intentar llegar lo más arriba posible,
como el que tengo aquí al lado mío, por mis padres que con dos hijos más que son
geniales, me llevaron a todos los partidos y entrenamientos y me formaron como
persona, a mi novia por supuesto que siempre estará ahí para todo, y a mis amigo. No
los hay mejores. Un orgullo y un honor hablaros desde este balcón.
En este balcón ya nos habíamos encontrado en tres ocasiones. Una noche de 2005 en
la que Oviedo entero se echó a la calle. Celebrábamos que estábamos vivos, que lo
habíamos conseguido, que estábamos un poco más cerca de volver. También una
tarde de lunes de 2009, recién llegados de Mallorca. Había que lograrlo, era una
obligación, y conseguimos volver sobre los pasos que tanto había costado recorrer. Y
una última tarde, la del 1 de junio de 2015. La tarde en la que por fin pudimos gritar
todos juntos ESTAMOS VOLVIENDO.

Lo hemos conseguido entre todos, con un equipo que pasará a la historia, con una
afición que se ha ganado ser conocida en todos los rincones del planeta. Una ciudad,
y una gente, que ha logrado enamorar al grupo más importante del mundo, al Grupo
Carso, a Arturo Elias Ayub, a don Carlos Slim, a quienes les estamos tremendamente
agradecidos.

Solo entiende nuestra locura quien comparte nuestra pasión.
Porque tenemos la ciudad más bonita del mundo.
Porque tenemos la mejor afición del planeta.
¡Puxa Asturias! ¡Hala Oviedo! ¡ Y VIVA SAN MATEO!

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