Los cultivos del paraíso

La planta que vino de Egipto

El "Cyperus" o papiro, llamativo por sus hojas, se planta en estanques o en el jardín e incluso crece en una maceta

07.11.2015 | 04:49
Papiro egipcio.

Esperaba ansiosa la jubilación. Al cumplir los sesenta puso punto y final a toda una vida de trabajo -suerte que esto fue hace casi treinta años, si llega a ser en estos tiempos, lo iba a tener un poco crudo-, lo que más ilusión le hacía era poder disponer de tiempo para ella, para viajar. Ni corta ni perezosa preparo la maleta y se fue a recorrer todos aquellos lugares que hacía años, a falta de la ocasión propicia, no había podido conocer.

Siempre vivió a su aire, sin prisas, con dos gatos y un periquito, ella no estaba hecha para compartir con nadie más, era muy independiente. Los años fueron pasando y a pesar de estar próxima a los noventa años seguía viajando, y como la mayor parte del tiempo, sola. En esta ocasión el destino elegido estaba cerca, un crucero por el Nilo le descubriría los secretos mejor guardados de los egipcios.

Aquello era un inmenso secarral, el desierto, no había nada, construcciones muy interesantes que llevaban ahí quien sabe cuántos miles de años, no se veía vegetación alguna, salvo en la orilla, ahí crecían una corta variedad de plantas, palmeras, algún que otro arbusto y una planta bastante peculiar, el famoso papiro. Cuando tuvo ocasión cortó un tallo y lo guardó. Cuando volvió a casa lo metió en agua, del revés, y en pocas semanas ya tenía raíz. Para ella fue uno de los mejores regalos que se podía haber traído de allí.

Era un "Cyperus"; las variedades más comunes pertenecientes a este género y que más se usan en jardinería son la "Cyperus papyrus", conocida como papiro egipcio, originaria de esa zona y de la cuenca mediterránea, y la "Cyperus alternifolius", más conocida como piragüitas, originaria de Madagascar, teniendo ambas el nombre común de papiro. Su forma es peculiar, un tallo, y en el extremo de este la umbrela de hojas. Las flores no son nada vistosas, si esta planta es llamativa es por la disposición de sus hojas.

Son ideales para los estanques, enraizadas en el fondo. No desesperen quienes no dispongan de un estanque para su crecimiento, porque pueden plantarlo en el jardín, y si no tienen un trocito de jardín, tampoco hay problema pues en interior también puede crecer, cultivada en una maceta.

Regeneración vertiginosa. En el exterior, en estanque, sepan que soportara el frío, pero sus hojas perderán el color verde brillante habitual, y pasaran a tener un color amarillento y finalmente seco. No muere, incluso pueden cortarse todas las hojas que tienen un mal aspecto, al llegar el buen tiempo volverá a brotar, y a mucha velocidad, siendo más grande cada vez la mata, y saliendo más tallitos. Si cultivamos fuera del agua en exterior pasara lo mismo, amarilleara, lo mejor será podar lo más abajo posible. En la opción de cultivar en interior nos veremos obligados a ir aumentando el tamaño de la maceta cada cierto tiempo, pues la planta lo requiere debido al crecimiento de las raíces. Si no está en agua es necesario regar con mucha frecuencia para mantenerla perfecta, dado que necesita mucha humedad.

Sol y claridad. Le encantan los lugares soleados, salvo si la tenemos en interior, ahí lo que necesita es claridad, no sol directo. Para mantener el ejemplar siempre impecable, abonaremos cada quince días o tres semanas, más o menos. Podaremos para eliminar las hojas secas, y después del invierno si están muy feas se pueden cortar todas. Pronto volverá a brotar con más fuerza. En caso de estar en un lugar más caluroso para conseguir una mata más frondosa la poda ha de ser severa a final de invierno para que en la próxima primavera sea mucho más frondosa.

Reproducción por esquejes. De la manera más sencilla podemos conseguir un ejemplar -no hace falta ir a Egipto- bien dividiendo una planta, es el modo más rápido, depositándola en el estanque para que enraíce en el fondo, o bien trasplantar en terreno. Otra manera es cortar un tallo y ponerlo en agua, pero no el tallo, como los esquejes que solemos hacer habitualmente, pues en el caso del papiro lo que va dentro del agua es la umbrela de hojas. Colocaremos el esqueje en un lugar muy luminoso y con una temperatura agradable, de unos veinte grados, y en menos de quince días se verá como poco a poco las raíces empiezan a crecer entre las hojas; en ese momento se puede pasar a tierra.

Rústica y resistente. Es una planta con capacidad para adaptarse a todo. Si se riega con poca frecuencia puede verse con las puntas necróticas, secas, hay que regar un poco más o incluso pulverizar; esto no se nos puede olvidar en los meses de verano, pues con el calor necesitará más humedad. Si está muy expuesto al sol, pueden vérsele las hojas algo decoloradas; y si tiene poca luz las hojas salen blanquecinas. La solución, un lugar luminoso sin sol directo. Hay que tener cuidado con las cochinillas, no suelen ser muy problemáticas, pero sí que pueden aparecer en el momento más inoportuno. Podemos eliminar manualmente todas las que podamos, y si son muchas algo que no falla es lavarla con agua jabonosa. Solucionaremos el problema muy rápido.

Si damos un salto en el tiempo vemos que esta planta no solo tiene un papel esencial en jardinería. Los tallos se dejaban días en remojo y luego se cortaban en finas laminas, disponiendo unas en horizontal y otras en vertical; se prensaba y se dejaba secar, la savia era la encargada de que aquella composición se fijase, y de ese proceso tan laborioso se conseguía el papiro.

Pero también tiene otros usos; podemos encontrar cestas, cuerdas, incluso calzado, aunque si hay algo aún más desconocido es su uso en gastronomía, pudiendo elaborar desde mermeladas a licores, utilizándolo también en cosmética con bastante éxito para la fabricación de jabones y cremas para la cara, y lo que es mejor aún, para el cuidado del cabello. Creo que deben ir buscando un lugar en su jardín a esta planta.

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