Cada año más Candelas

La comunidad benedictina de las Pelayas acogió ayer a diecisiete niños, más que en años anteriores, para ser bendecidos ante el altar

03.02.2016 | 04:09
Cada año más Candelas

La comunidad de las Pelayas, que abraza la regla de San Benito, celebró ayer la ceremonia de las Candelas, en la que los padres llevan al templo a sus hijos nacidos en el último año, como manda la tradición, para que sean bendecidos. Y así lo hizo, ante el altar, uno a uno y llamándolos por su nombre el sacerdote del monasterio, Abundio Malagón.

Como la ceremonia fue larga, al final los pequeños comenzaron lógicamente a inquietarse. Pero el sacerdote tranquilizó a sus jóvenes progenitores: "Dejadlos que gateen, así también alaban al Señor".

La ceremonia de ayer, como en años anteriores, abarrotó el templo monacal, pero lo importante es que en esta ocasión se superaron las previsiones, y es que nada más y nada menos que diecisiete niños, frente a los once del año anterior y los cuatro de media de los anteriores, fueron presentados para su bendición.

Antes, y al finalizar el rezo de vísperas, las monjas de la comunidad, seguidas de los asistentes, pasaron a la sala capitular del monasterio, donde se encendieron las velas que fueron repartidas por las hermanas según entraban los fieles.

"Cirios encendidos como símbolo de la fe", recordó Abundio Malagón, para a renglón seguido señalar a los asistentes que "las Pelayas son monjas que están tan en el mundo como nosotros". Y, por si alguien lo dudaba en unas monjas de clausura, lo demostró la animosa sor Ángeles, que quiso dejar recuerdo de esta ceremonia haciendo fotografías con su teléfono móvil.

Después comenzó la procesión por el claustro del monasterio, que como la anterior es zona de clausura. Para poner orden, el anestesista Javier Portilla, que está volcado en todo lo que concierne a esta comunidad, daba consejos a los asistentes para que todo se desarrollara con orden, como así ocurrió.

Hoy las Pelayas celebrarán la festividad de San Blas, en la que se venerará la reliquia del santo que se guarda en el monasterio, y se repartirán las tradicionales rosquillas tras las misas que se celebrarán, por la mañana, a las once y a la una, y por la tarde, a las cinco y media y a las siete y media.

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