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La gran familia del Orfanato Minero

"Encontré a uno que no veía desde hacía 52 años", dice Joaquín González Peón en la comida de exalumnos del centro ovetense, donde la mayoría eran internos

08.05.2016 | 13:00
Foto de familia de los exalumnos poco antes de comenzar la comida anual de hermandad.

Ángel FIDALGO

Desde hace unos diez años los integrantes de la Asociación de Antiguos Alumnos del Orfanato Minero se reúnen una vez al año en Oviedo "para seguir manteniendo la hermandad que tanto nos unió cuando éramos pequeños, hasta el punto de que fuimos una gran familia".

Ayer acudieron puntuales a la cita unos 160 exalumnos de distintas promociones, que en el hotel AC Forum se reencontraron con generosidad camaradería y sobre todo mucha amistad. Mejor no lo pudo resumir el entusiasta coordinador de esta cita, Florentino Burón. "Todos estábamos internos, y la mayoría por circunstancias familiares muy duras, lo que hacía que todos formáramos una gran piña, y eso ninguno de nosotros lo olvida".

El ambiente lo decía todo. Abrazos emocionados entre antiguos compañeros, charlas animadas en las que inevitablemente aparecían anécdotas de las que algunos ya se habían olvidado; pero, sobre todo, la camaradería se podía palpar en el ambiente.

"Para nosotros es una gran riqueza que nos podamos reunir generaciones muy distintas, lo que nos permite ver el contraste que había entre la época más antigua y las últimas. El choque generacional es tan interesante como gratificante", resumía Burón.

La mayoría de las personas que se reunieron ayer son de las cuencas del Caudal y del Nalón, de Gijón y también de Oviedo, por ser zonas mineras.

Joaquín González Peón nació y vivió en El Entrego hasta poco después de la muerte de su padre en la mina, y estuvo en el Orfanato Minero desde 1954 hasta 1962. Ayer no daba crédito cuando reconoció a un antiguo compañero que no veía desde hacía nada menos que cincuenta y dos años. "Y nos reconocimos a primera vista. Fue muy emocionante. Sólo por cosas así merece la pena seguir manteniendo los vínculos y recordar los buenos momentos que vivimos juntos".

A la cita de ayer tampoco faltó uno de los profesores más veteranos y queridos, Aurelio González Rozada, a punto de cumplir los 83 años, que entró en la institución en el año 1966. Antes había trabajado de minero, como su padre. "Los chavales de aquella época eran inmejorables, como personas y como alumnos. Entonces fui muy feliz, y hoy estoy emocionado".

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