"Misa de Gloria" para un fervor superlativo

Los Reyes presidieron en el auditorio de Oviedo la velada musical de los Premios, con una juvenil obra de Puccini y más entusiasmo entre el público que en anteriores ediciones

23.10.2015 | 14:57
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La orquesta Oviedo Filarmonía se estrenó ayer en los conciertos del premio "Princesa de Asturias". Y con una "Misa de Gloria", frente a otras ediciones centradas en réquiems o composiciones con libretos no muy adecuados. Otra novedad fue que la mitad del concierto la presidió el Rey, y a las ocho llegó la Reina, que venía de Gijón de un encuentro del público con Coppola. Como tercera nota significativa cabe añadir que el concierto empezó con un minuto de antelación.

Aire de fiesta en el auditorio Príncipe Felipe de Oviedo. Largas colas desde casi una hora antes de la señalada para el inicio de la velada. Arcos de seguridad para entrar y espera en las butacas porque, según costumbre, hay que aguardar ya en la sala y con treinta minutos de antelación el inicio del concierto.

Llegó el Rey Felipe VI, subió al palco y apareció acompañado por el presidente del Principado, Javier Fernández; el alcalde de Oviedo, Wenceslao López, y otras autoridades. La ovación fue muy larga, más que en anteriores ocasiones en el mismo acto, quizá por las tensiones que se han vivido en los últimos días en torno a la entrega de los Premios. En el escenario ya estaban la orquesta, el Coro de la Fundación Princesa de Asturias y los dos solistas, el tenor mexicano Ramón Vargas y el barítono asturiano David Menéndez. Fotos y más fotos. El maestro Marzio Conti atacó el himno nacional, que todos siguieron en pie. La sala estaba llena: dos mil personas. Después del himno, aún más aplausos.

Marzio Conti levantó la batuta y se inició la interpretación de la "Misa de Gloria" de Puccini, que el genial músico italiano compuso cuando, con 20 años, estudiaba en el Conservatorio de Lucca. Conti es profesor de ese centro, circunstancia que, entre otras, influyó en la elección de la obra.

Entre el público estaban el senador Vicente Álvarez Areces, la empresaria Begoña del Rey, el anterior alcalde de Oviedo Agustín Iglesias Caunedo, la librera María Jesús Polledo, el anterior jefe de la Casa del Rey Alberto Aza o la actual concejala del PP carbayón María Ablanedo.

Un kyrie académico, angelical y frío llenó la sala de buen sonido, con el Coro de la Fundación siempre en primer plano y en una obra que contrasta con otras de bravura, en la que siempre se siente muy cómodo. En esta ocasión la calidad se mantuvo y de la mano de Conti y con la orquesta siempre en su sitio logró un nuevo éxito. Mejoró en el "Gloria" porque la partitura ofrece más posibilidades, y ya avanzada esa parte, en "Gratias agimus tibi", entró el tenor Ramón Vargas con voz clara, buena emisión y gusto. Una intervención breve. Siguió el coro en el solemne "Qui tollis peccata mundi" hasta la fuga final "Cum Sancto Spiritu", muy brillante. Sonaron unos aplausos extemporáneos, señal de que no se trataba del público habitual de los conciertos.

El Credo de nuevo recayó sobre el coro, siempre en su punto y en un nuevo turno del tenor para cantar "Et incarnatus est". A las ocho en punto, la Reina Letizia entró discretamente en el palco sin interrupción del concierto.

Y llegó el momento del barítono David Menéndez en "Crucifixus etiam pro nobis", con su voz bonita y poderoso de siempre, especialmente acentuada ayer, lo que le llevó a ofrecer una magnífica impresión. Con el himno fugado "Confiteor unum baptisma" terminó el Credo para dar paso al Sanctus et Benedictus, de nuevo con un David Menéndez excelente. Y ya en el Agnus dei final hubo un breve dúo muy logrado. Tres minutos y quince segundos de aplausos y el "Asturias, Patria Querida" con final.

Los Reyes saludaron a los componentes de la orquesta y del coro, a los solistas y a Conti y después recorrieron muy despacio el largo zaguán del Auditorio entre aplausos y "selfies", con la multitud que les aguardaba totalmente entregada. Igual ocurrió ya en la calle, donde se lanzaron repetidos vivas a España mientras seguían estrechando manos.

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