26 de noviembre de 2016

Siempre nos quedará Casablanca

Potente cruce sin complejos de romance, guerra y espionaje con unos irresistibles Cotillard y Pitt

26.11.2016 | 05:04
Pie de foto.

Empecemos boicoteando la comparación de Aliados con Casablanca. Vale, la película de Zemeckis arranca en la misma ciudad en la que se reencontraban Bogart y Bergman y "La Marsellesa" tiene cierto protagonismo en un momento dado pero ahí se acaban los parecidos. En su viaje sin complejos a las formas y fondos del cine clásico (que se extiende en distintas tonalidades desde Michael Curtiz o William Wyler a David Lean o Robert Aldrich), el director de Náufrago bebe sobre todo en las turbias y románticas fuentes de Alfred Hitchcock. Pensemos, por aquello de ser ser una historia de espías, en Encadenados, cumbre del Maestro, o Topaz, tan fallida como apasionante. Puedo imaginarme a Zemeckis reuniéndose con su guionista (Steven Knight, a quien le debemos la estupenda serie Peaky Blinders o cintas tan interesantes como Locker y Redención) y bombardeándolo con ideas del cine que amó: una operación comando en plan Doce del patíbulo, amores camuflados, aviones nazis cayendo del cielo como en La señora Miniver, incursiones en suelo enemigo, la sombra de una sospecha, redes de espías alemanes de mirada torva, pasiones desenfrenadas y diálogos punzantes. Y más cosas porque Zemeckis no se deja nada en el tintero y añade algunas poco "clásicas" como un romance lésbico. Para que su ejercicio de nostalgia funcione hay que creerse a la pareja protagonista. Si no es así, el tinglado se viene abajo. Pero el disfrute está garantizado si se aprecia en lo que vale la sobriedad de un Brad Pitt que acierta al mostrar las luces y sombras de su personaje (capaz de rematar fríamente a los heridos o de ahogar a un oficial nazi haciéndolo pasar un accidente con un cacho de pan, pero también de dejar libre su ansiedad y sus miedos) y la inteligente interpretación de una Marion Cotillard que da una autenticidad asombrosa a un personaje al borde del estereotipo. Quizá sobre la tormenta de arena digital en el desierto con la que la pareja resuelve la tensión sexual que se genera desde la primera vez, cuando ella siente la mirada de él y se gira instintivamente, pero, demonios, ¿cómo se puede poner uno tiquismiquis con una obra tan descaradamente romántica y extrema que incluso contiene un parto en medio de un bombardeo sobre Londres?

Zemeckis tiene ya 26 títulos a sus espaldas. Que se dice pronto. E incluso en sus obras menos logradas hay siempre una solidez visual aplastante. Un cineasta que no malgasta primeros planos, que usa las grúas con sentido común y se pone siempre al servicio de la historia. No creo que haya hecho nunca una película en la que no creyera. Y eso es especialmente admirable en una apuesta tan arriesgada como Aliados, ensombrecida por asuntos extracinematográficos de color rosáceo que añaden un toque morboso más bien tóxico. Su trabajo es de una precisión encomiable tanto en los instantes de drama más íntimo como en las secuencias de acción (secas, sin alardes), llena de pequeños detalles la narración (esos zapatos que pisan cristales rotos en las aceras de Londres) y cuando hay que ponerse en modo suspense sabe aprovechar con habilidad los mecanismos habituales (esa llamada de teléfono con el segundero del reloj apremiado, ese motor que arranca, ese piano delator...).

Aliados no es una propuesta que solo sirva para tumbar la rancia idea de que "ya no se hacen películas como las de antes". Es cine emocionante en el más amplio sentido de la palabra. Y eso no es algo que podamos decir a menudo, ¿verdad?

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