02 de agosto de 2017
02.08.2017

Ingresa en prisión el vigilante que apuñaló a su exmujer en Perlora

El Supremo rechazó el recurso presentado por el acusado contra la sentencia de cinco años de prisión que le impuso la Audiencia

02.08.2017 | 02:07

El vigilante de seguridad gijonés José Manuel Fouces, de 50 años, condenado a cinco años de prisión y seis de alejamiento por la sección tercera de la Audiencia Provincial por intentar matar con un destornillador a su exmujer, también guarda, en la residencia de Perlora (Carreño), el 15 de agosto de 2014, ingresó en la prisión de Asturias el pasado 19 de julio, después de que el Supremo rechazase su recursos de amparo y súplica y ratificase de esta forma la pena impuesta.

La Audiencia Provincial rechazó la versión del acusado, según la cual, solo quiso quitarse de encima a su exmujer. Su intención era la de matarla. En los días previos había remitido varias amenazas por Whatsapp: "Has abierto la caja de Pandora y a ver quién la cierra ahora" o "Game over". El propio vídeo que hizo la víctima y el tipo de lesiones que sufrió ésta, hasta cuatro puñaladas en el abdomen, también fueron convincentes para el tribunal, al que no le gustaron nadas las frases jactanciosas del acusado, como: "Si hubiese querido matarla, tuve mil ocasiones de hacerlo. Estaríamos hablando de otra cosa".

La víctima, Sandra Triana Ocampo, expresó a LA NUEVA ESPAÑA el pasado mes de febrero el temor a nuevas agresiones por parte de su exmarido. "Vuelvo una y otra vez al momento en que me atacó, jamás olvidaré el odio con el que me clavaba el destornillador", confesó la mujer, natural de Colombia.

En el juicio, en el que estuvo defendida por Mercedes Estrada, describió un infierno de vejaciones. "Estaba harta de amenazas e insultos", indicó. A raíz del divorcio, ella quería una relación cordial, pero él no la dejaba en paz y eran constantes las discusiones por la manutención de su hijo y los comentarios hirientes por su nueva relación. El día de los hechos, hubo una nueva discusión por dinero. Él se fue poniendo cada vez más violento, hasta que agarró el destornillador. "Me salvó el cinturón, y también mi compañero, que lo agarró", dijo la mujer, que ha sido apoyada por el sindicato USIPA.

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