12 de mayo de 2012
12.05.2012

De Curriechos a la Campa Torres

LA NUEVA ESPAÑA entrega mañana un nuevo fascículo del coleccionable sobre las joyas arquitectónicas asturianas, dedicado a la huella dejada por los romanos en la región

12.05.2012 | 02:00
Vista aérea del campamento romano del monte Curriechos.

Oviedo, José A. ORDÓÑEZ

Año 22 antes de Cristo. Miles de enfervorizados guerreros astures asedian y mantienen en jaque a los legionarios romanos que permanecen acantonados en el campamento del monte Curriechos, a un paso de la vía Carisa. La lucha se desarrolla ante una imponente plaza fuerte militar, construida por las tropas imperiales en plena Cordillera, a 1.728 metros de altitud, entre los actuales concejos de Aller y Lena. Contra todo pronóstico, los aguerridos indígenas están a punto de doblegar a sus enemigos, pero finalmente sucumben ante la llegada de refuerzos romanos provenientes de Cantabria, a las órdenes de Gayo Furnio.

El impresionante campamento del monte Curriechos en el que tuvo lugar este histórico episodio bélico protagoniza el fascículo del coleccionable «Asturias monumental», que LA NUEVA ESPAÑA entrega mañana de forma gratuita con el periódico del día. La publicación está dedicada a la huella dejada por Roma en Asturias a través de sus instalaciones militares, villas, ciudades y otras construcciones.

Jorge Camino, Yolanda Viniegra y Rogelio Estrada han comprobado durante las campañas arqueológicas desarrolladas en la Carisa que el campamento imperial de Curriechos fue ocupado en tres ocasiones en el plazo de diez años. La primera corresponde al período de las guerras cántabras de los años 26 y 25 antes de Cristo; la segunda, a la revuelta del 22, y la tercera, a una etapa ya postbélica, cuando es posible que acogiera la legión VI Victrix. Justo enfrente del lugar en el que Roma levantó la plaza fuerte, y también sobre la vía Carisa, está el monte conocido como el Homón de Faro. En él se han localizado vestigios de una muralla perteneciente a un gran complejo defensivo, cuya construcción los arqueólogos achacaron en un principio a los astures, que en el siglo I antes de Cristo trataban de cortar el paso de las legiones hacia el territorio que hoy es Asturias, plantando cara en plena Cordillera.

Sin embargo, las pruebas de datación realizadas sitúan estos restos del Homón entre los siglos VI y VII de nuestra era, lo que los vincula a la resistencia indígena ante alguna campaña de castigo de los visigodos o ante la invasión árabe. Los expertos no descartan que la muralla se levantara sobre otra previa, del tiempo de los romanos. De confirmarse esta hipótesis, también cobraría fuerza la teoría de que la Carisa, Curriechos y el Homón de Faro habrían sido el enclave avanzado de defensa territorial de los antiguos asturianos durante, al menos, siete siglos.

¿Estaría en la Carisa la «roca de Pelayo» que, según las crónicas árabes, alcanzaron las tropas de Muza en una campaña desarrollada entre 712 y 714, es decir, de seis a ocho años antes del mítico choque de Covadonga? Los arqueólogos no lo ven descartable.

Pero volvamos varios siglos atrás. Los romanos, a iniciativa de Augusto, emprendieron la conquista del territorio que hoy ocupa Asturias en el año 29 antes de Cristo. Lo que pensaron que iba a ser un paseo militar para sus poderosas legiones desembocó en una contienda bélica que se extendió durante diez años y que obligó a un importante esfuerzo ante la belicosidad y el arrojo de las tribus astures, que se coaligaron para dar la batalla tanto en las llanuras de la Meseta como en los principales pasos de la Cordillera. La contienda fue extremadamente cruenta y de ella se tienen algunos detalles, aunque el relato que hacen los tres historiadores romanos que la tratan es confuso.

Vencida la dura resistencia indígena, tras una década de continuas escaramuzas, la parte norte de Hispania se integró en el Imperio. El invasor romano, además de explotar la riqueza aurífera de la región, no tardó en imponer su maquinaria administrativa e ingenieril sobre el terreno. La Campa Torres gijonesa, donde parece que estuvo la ciudad astur de Noega, de la que da cuenta el geógrafo Estrabón, se convirtió en un importante centro de poder romano. Allí terminaba la vía Carisa, la gran autopista de entrada a Asturias, llamada así por Publio Carisio y a la que se asocia el campamento de Curriechos. En la Campa Torres se levantó un ara de mármol dedicada al emperador Augusto, que se conserva en el Tabularium Artis Asturiensis de Oviedo, y allí pudo estar también, hace ya dos mil años, el primer faro romano de la costa cantábrica.

La Campa Torres, la antigua Noega astur, fue uno de los grandes centros administrativos de los romanos en Asturias. En el enclave, en los años 9 y 10, se levantó un ara de mármol dedicada al emperador Augusto, que se conserva en el Tabularium Artis Asturiensis. En la imagen, una vista aérea de la Campa Torres, punto de destino de la vía Carisa.

Las investigaciones en el entorno de la vía Carisa, en plena Cordillera, han permitido descubrir los vestigios del campamento romano de Curriechos, ubicado a más de 1.700 metros de altitud. Enfrente se han localizado restos de un complejo defensivo astur, que data de finales del siglo VI o comienzos del VII, probablemente erigido sobre otro anterior. La Carisa fue, posiblemente, el enclave avanzado de defensa astur durante siete siglos. En la imagen, los arqueólogos, en Curriechos.

El ara de Augusto de la Campa Torres formó parte de una edificación de planta rectangular, cuyos cimientos fueron descubiertos por unas excavaciones realizadas en el lugar en 1783. Esta construcción ha sido interpretada como el primer faro romano de la costa cantábrica. En la imagen, el faro actual.

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