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Protesta para ríos de tinta

El 12 de marzo de 1965, Mieres desafió al franquismo. Ese día, trabajadores de las Cuencas recorrieron las calles de la villa para exigir la puesta en libertad de unos mineros detenidos. La prensa de la época y los testigos presenciales coinciden: los manifestantes se contaban por miles. Llegaron hasta las dependencias policiales y subieron a encararse con las autoridades, en un acto que pasó a la historia como el "asalto a la Comisaría". Luego hubo un fuerte enfrentamiento, entre obreros y "grises", que culminó con una dura represión y detenciones. "No fue un final, fue el principio de la democracia", dicen ahora los protagonistas de la hazaña. Un centenar de personas realizó ayer el mismo recorrido por las calles de Mieres, desde la antigua sede del Sindicato Vertical (ahora la Casa del Pueblo) hasta la entonces Comisaría (el portal 13 de la calle Ramón y Cajal), para conmemorar el 50.º aniversario de aquel acto de rebeldía.

José "Pin" García fue uno de los protagonistas del "asalto" histórico. Y también fue uno de los primeros que llegó ayer al entorno de la antigua sede sindical de Mieres. "¿Que por qué lo hicimos? Por todo, había mucho que reivindicar, no sabría por dónde empezar", replica cuando le preguntan cuál fue el germen de aquella histórica protesta. Rubén Vega, profesor de Historia en la Universidad de Oviedo, le refresca la memoria: "Todo empezó con las huelgas de la minería del 64", dijo. Una protesta que tuvo repercusión internacional y que culminó con numerosas detenciones y la elaboración de una "lista negra", según Vega, que incluía a los impulsores de la huelga: "Estaban señalados por el régimen, no podían acceder a ningún trabajo. Sufrían una represión total", señaló el profesor.

En defensa de esos trabajadores "marcados" por el franquismo, el Sindicato Vertical creó una comisión especial. Propusieron hacer una concentración, el día 12 de marzo, ante la sede sindical. Los planes se torcieron, cuenta Aquilino, "Quilino", Fernández, otro de los participantes en el "asalto". "Antes de empezar nos avisaron de que había habido nuevas detenciones. La concentración se convirtió en el asalto a la Comisaría", explicó ayer durante la marcha, ya cerca de la Casa de Cultura.

En este punto del recorrido, es Laudelino Suárez el que toma la palabra. "Antes aquí (dice, señalando la Casa de Cultura) estaba la Escuela de Minas", destacó. Cuando los participantes en el "asalto a la Comisaría" se acercaron, los estudiantes se asomaron a la ventana e intentaron bajar. Las autoridades, según Laudelino Suárez, quisieron impedirlo. Algunos consiguieron escapar y otros ayudaron a que los manifestantes siguieran su recorrido.

Culminó en el número 13 de la calle Ramón y Cajal. Un lugar que a Florentino Fernández le provoca una mezcla de emociones difíciles de explicar: "Nos dieron muchos palos, muchísimos. Cuando alcanzamos la Comisaría, aun sabiendo lo que nos esperaba, nos sentimos libres".

La manifestación del 65 fue multitudinaria, y ayer los testigos del "asalto" estuvieron bien arropados. Alberto Vázquez, director de un documental sobre el suceso, organizó el acto de conmemoración. La cinta se proyectó por la tarde y Quilino Fernández sólo la escuchó a medias. Perdió un oído tras recibir una brutal paliza, dos días después de la hazaña, en la Comisaría de Oviedo. Le tocaron el oído, pero la voz la mantiene intacta: "Si fuera hoy, haría lo mismo, porque es lo justo".

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