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La Junta echa el cierre: repentino descenso de las temperaturas

La última jornada parlamentaria del presidente del Principado empezó cálida con el Partido Popular y terminó helada con los foristas

Los diputados de Podemos se levantan de sus escaños en protesta por los nombramientos para renovar la Sindicatura.

Los diputados de Podemos se levantan de sus escaños en protesta por los nombramientos para renovar la Sindicatura. FERNANDO RODRÍGUEZ

Madrugó la sesión parlamentaria de fin legislatura y, a mitad de la mañana, en el hall de las preguntas, el popular Carlos Suárez amenazaba con mantener el nivel de citas que llevaban los oradores en el salón de plenos de la Junta General del Principado. El doctor Suárez amenazó con cuatro. La primera resultó ser de "Frasier", el psiquiatra de la magnífica comedia estadounidense y tenía que ver con el arrepentimiento de lo que no se había hecho. La segunda fue de Rob Roy, el proscrito escocés famoso por Walter Scott, trataba del honor y se la brindó a su jefa, Mercedes Fernández. La tercera fue del charlista del liderazgo Steven Cobey y se refería al compromiso de lo sustancial. La cuarta fue doble. Está al final del Quijote, cuando Cervantes cita en italiano macarrónico (claro) a Ariosto para decir lo que en refranero es "otro vendrá que bueno me hará". Sin citarlo, infiero que recurrió a John Seymour y "El horticultor autosuficiente " cuando dijo, abruptamente "lo que le salga del nabo", en otro momento de su floreada exposición.

Empezaron las preguntas por la portavoz popular, Cherines Fernández, al presidente socialista, Javier Fernandez. Le pidió que valorara la legislatura y, en un momento dado, dijo que no usaba citas porque le parecían "repipis". Pero en su despedida doble -se van los dos, quizá una tanto como el otro- una cita fue lo principal.

Una cita desconocida.

En una de las reuniones del pacto presupuestario, Cherines pidió a Javier emprender juntos una nueva vida, él como presidente, ella como vicepresidenta. La sintonía respecto a la unidad de España tuvo mucho que ver.

Javier Fernández -un caballero (español, por supuesto)- lo reconoció públicamente sólo después de que ella revelara lo que habría sido una relación inédita en la política española, que habría contado con el consentimiento del padre de la novia, "el gran presidente Mariano Rajoy", según abundó Cherines. "Hoy el escenario político sería distinto", concluyó la popular.

Valentía política

Aun sin aquel proyecto en común, la Fernández empujó al Fernández a bajar impuestos de sucesiones a las clases medias y el precio de la escolarización de 0 a 3. Menos expresivo, pero sentido, Javier Fernández también agradeció la valentía política del apoyo presupuestario y se despidieron deseándose lo mejor.

El ciudadano Nicanor García, que tiene voz y tono de mus, agradeció el respeto que recibió cuando recién llegado y quiso repasar, sin catastrofismo, lo que Javier resumió, sin acritud, en un "no hemos dado una". García le deseó la mejor jubilación y Fernández lo quiso entender en términos retributivos, aclaró que sería la que le correspondería por lo cotizado y esperó que fuese, eso sí, lo más larga posible. El tono cálido se iba templando.

Concha Masa, de Izquierda Unida, muy en los modales de la izquierda que Javier Fernández también practica, no perdió un minuto en sentimentalismo, lo dedicó todo al programa, programa, programa y como la relación había sido constructiva y abierta al diálogo, aunque no había llegado a más pese a tener tanto a favor, se despidieron sin reproches ni llantos por la leche derramada.

Lorena Gil embistió por Podemos con la satisfacción de haber llegado a la Junta y la frustración de no haber sido capaz de acabar con las viejas formas de hacer política, como se iba a notar, a continuación, en la foto de la elección pactada de los miembros de la Sindicatura de Cuentas que debe fiscalizar al Principado.

En tono exigente, fraseo borde y velocidad podemista, Gil refirió como principales problemas el drama demográfico, la contaminación asesina, la brecha salarial y la corrupción política.

Javier Fernández se irritó sobre todo con la corrupción, porque guardaba algún rencor personal a las cargas de Podemos en la legislatura y devolvió con sus argumentos y datos las tandas de bofetadas y explicó la intervención de Gil por la caída en las encuestas de intención de voto de su formación. Llamando a Daniel Ripa "el archivero de la basura", negándoles cualquier autoridad como árbitros morales y calificándolos del subproducto más antisocialista de Podemos España, la temperatura del capítulo de preguntas bajó muchísimo de golpe. En la tribuna de invitados salían kleenex contra el moqueo.

Y en estas, fue el turno a Pedro Leal y el debate llegó a su punto álgido, que se suele interpretar como el más caliente y es el más frío. El suelo se volvió permafrost porque Javier Fernández se calentó volcánicamente con el portavoz de Foro Asturias, quien vino a decir que al presidente le había entrado la prisa por actuar en el último trimestre para vengarse de Pedro Sánchez, el rival político interno ante el que había perdido.

Fernández, que calificó de "rastrera" aquella intervención cerrada con evocaciones a Muñoz Seca y "la Venganza de Don Mendo", rememoró desde cuándo le inquietaban la descarbonización, la electrointensividad, Alcoa y la xarda y se hartó de dar patadas a Francisco Álvarez-Cascos en el culo del fiel Leal, al que reiteradamente trata como muñeco del ventrílocuo. Se definió a sí mismo como "acabado en política" y al ventrílocuo como el "último de los Tiranosaurus Rex muertos" de su generación que anda coleando en busca de un pacto o de morir.

Foro no gobernó "porque no podían, no querían y no sabían". Y Javier Fernández lo recuerda porque, de no haber sido por eso, no habría sido (¿tenido que ser?) presidente de Asturias.

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