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Asturias sufre el mayor aumento de la presión hospitalaria de España en las últimas 3 semanas

El exceso de mortalidad desde mediados de octubre se aproxima a las cotas más elevadas que fueron detectadas en la primera oleada

|Area de enfermos críticos del HUCA

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De cada 25 pacientes con diagnóstico de covid en Asturias desde principios de mayo, tres terminan en la cama de un hospital. Más de uno de cada diez, doce de cada cien. Es la “ruleta rusa” de la ola de otoño, en la que el Principado emerge con la tasa de

La tasa de ingresados con coronavirus en Asturias se ha duplicado en sólo dos semanas, desde que el porcentaje aún estaba en el once por ciento el 23 de octubre, y no se espera precisamente que la presión decrezca a la vista de los récords de positivos diarios detectados en los últimos días. Esos ascensos, hasta superar la pasada semana dos veces la cifra insólita de quinientos en una sola jornada, hacen prever que la semana que ahora empieza y las que vienen serán fases críticas de máximo estrés para poner a prueba la capacidad de resistencia de los hospitales. Hay que tener en cuenta que el repunte de casos se transmite a la ocupación hospitalaria entre diez y quince días después, lo que obliga a extremar la atención.

GRÁFICO CORNAVIRUS

Todo esto deviene de una expansión repentina sin igual en España. Los centros hospitalarios asturianos entraron en el mes de octubre con un plácido dos por ciento de ocupación de camas. Era la primera semana del mes pasado y Asturias todavía aguantaba con el nivel más bajo de España en un momento en el que la sanidad madrileña, por ejemplo, ya tenía enfermos de covid ocupando el 23 por ciento de sus camas. En sólo cinco semanas, sin embargo, el Principado ha pasado de ser la región con los hospitales más vacíos a la tercera en ocupación hospitalaria del país –sólo por detrás de Castilla y León y Aragón– y, lo que es más preocupante, la que viene de sufrir un repunte más violento de la tasa. Es cierto que Asturias partía desde una situación muy favorable, pero en las últimas tres semanas –del 16 de octubre al 6 de noviembre–, nadie se acerca a los dieciséis puntos porcentuales de incremento de su índice de hospitalización por covid –del siete por ciento al 23–. Los 75 pacientes que el 2 de octubre estaban ingresados con confirmación o sospecha de coronavirus se han multiplicado por diez en apenas un mes, hasta los 743 del recuento del sábado.

La presión ha subido en paralelo y a un ritmo también apreciable en las UCI, y aunque su nivel de ocupación con pacientes de covid ha crecido desde el leve 7 por ciento del 2 de octubre al casi cuarenta del pasado viernes, y de diecisiete enfermos a 125, todavía hay seis comunidades autónomas con cifras peores. La región que mejor había capeado el temporal de la pandemia ya supera en siete puntos la media nacional de hospitalizaciones por coronavirus.

Al por qué de la presión que Asturias sufre ya con más virulencia que casi ninguna otra autonomía responde el epidemiólogo gijonés Usama Bilal con una razón sanitaria y otra de estructura demográfica. “Probablemente tenga mucho que ver”, una vez más, con la situación que ocupa Asturias a la cabeza de las regiones más envejecidas del país, afirma, y con la probada virulencia con la que ataca el virus a las personas mayores. El último informe de la Red Nacional de Vigilancia Epidemiológica constata con cifras, de hecho, que en los totales nacionales un 43,7 por ciento de los ingresados tiene más de setenta años y bastantes más de la mitad superan los sesenta. Pero en Asturias, además, vuelve Bilal, también cuenta “la salud de la gente que va llegando a esas edades. Es posible que en la región haya una mayor prevalencia de gente con peores factores de riesgo cardiovascular, de tabaquismo, etcétera. Generalmente, Asturias no sale muy bien parada en las estadísticas de mortalidad por estas razones”.

Tal vez por motivos similares, esta región tiene también la tasa más alta de defunciones de entre el total de casos de covid diagnosticados, un 1,7 por ciento en el cálculo que efectúa la Red de Vigilancia Epidemiológica. En este punto, la actualización más reciente del Sistema de Monitorización de la Mortalidad diaria (MoMo) otorga a Asturias un nivel de exceso de fallecimientos que en esta segunda onda pandémica ya se acerca a las cifras más altas de la primera. Según esta comparación de las muertes efectivamente registradas este año con las habituales (o estimadas) para el mismo periodo de los ejercicios anteriores, el Principado contabilizó 218 decesos más de los esperados entre el 15 de octubre y el 3 de noviembre, lo que supone un 32,5 por ciento de incremento que ya es similar al 35,6 computado en el punto más negro de la primera oleada, entre el 17 de marzo y el 12 de abril. El incremento de este otoño es superior en los hombres y vuelve a confirmar la concentración del exceso entre los mayores de 74 años, una franja en la que el nivel de repunte de la mortalidad sobre lo considerado normal cuenta 169 muertes más y un 34,6 por ciento de subida.

Gráfico evolución casos diarios

El exceso de 218 defunciones contabilizado desborda, por lo demás, el número de decesos que la cuenta oficial del Principado atribuye al coronavirus. En ese periodo reciente de mayor letalidad, la cifra de muertes vinculadas con el covid suma 122, dejando por tanto fuera 96 fallecimientos que también excederían de los habituales pero se deberían a causas ajenas a la pandemia.

Estudio de seroprevalencia

Es en estas circunstancias que la Consejería de Salud abordará hoy, en colaboración con el Ministerio de Sanidad, la segunda fase del estudio de seroprevalencia que pretende conocer el grado de inmunidad de los asturianos, monitorizar el impacto del virus en esta ola de otoño y evaluar la tasa de infección en la población sana durante la de primavera. Los trabajos comenzarán citando a las 1.700 personas de 760 hogares que fueron elegidas aleatoriamente para participar en la primera fase de este estudio. Los participantes serán citados en sus centros de salud, donde se les realizarán las pruebas de las que consta esta segunda fase: una encuesta epidemiológica y un test de anticuerpos. Los positivos y una pequeña muestra adicional serán sometidos a un análisis de sangre.

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