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Asturias, en luna de miel con el oso

Las muertes de plantígrados en los Pirineos y en Palencia ponen de relieve el éxito asturiano con la especie | “Aún quedan batallas por ganar”, advierten los conservacionistas

Una hembra de oso cantábrico con  sus crías.

Una hembra de oso cantábrico con sus crías.

La muerte este año de tres osos en los Pirineos, dos a tiros y uno envenenado, y uno en Palencia, también por disparos, ha vuelto a demostrar que el futuro de esta emblemática especie está aún lejos de quedar asegurado en la Península. Y eso que Asturias sí parece haber ganado la batalla del oso, al haber pasado en tres decenios de un inminente peligro de extinción, con apenas medio centenar de ejemplares en la Cordillera Cantábrica, a una situación de crecimiento poblacional, con unos 350 animales. Es cierto que en Asturias se han ido ganando “pequeñas batallas”, pero “la guerra es un continuo”, y está lejos de acabar, asegura el naturalista Guillermo Palomero, presidente de la Fundación Oso Pardo (FOP).

Sí está claro que, a día de hoy, Asturias es el principal refugio del oso, pues la mayoría de los núcleos reproductores y del campo de acción de la especie se ubican en la región. Se está registrando, además, un esperanzador proceso de recuperación en los últimos años. Pero conviene contener la euforia: la especie sigue estando en peligro de extinción, según los criterios de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) y legalmente mantiene esa categoría en el Catálogo Nacional de Especies Amenazadas (CNEA).

¿Cómo ha conseguido Asturias ganar la “batalla” del oso y multiplicar su población por siete en menos de medio siglo? Guillermo Palomero tiene claro que ha habido varias causas y “confluencias muy afortunadas”. Fue “clave” para la recuperación del oso cantábrico la “acción dura y contundente” realizada contra el furtivismo. Pero también resultó “fundamental” la inclusión de toda la zona de distribución de la especie en la Red Natura 2000, la principal herramienta de conservación de la Unión Europea (UE), un trabajo en el que participaron activamente la FOP y WWF/Adena.

Pero hay más: fue un “gran pilar” para el oso “favorecer la aceptación social y trabajar mucho con el territorio y con la sociedad”, señala Palomero, que apunta la “búsqueda más que de enemigos, de consensos”, sobre todo en la zona rural, como aspecto que favoreció a la especie. Pero, además, según el presidente de la FOP, resultó capital el “arropamiento de la Administración y de los líderes autonómicos y locales”, que adoptaron al oso como imagen del paraíso natural y que con sus acciones lanzaron un claro mensaje: “Asturias quiere a sus osos y pelea por ellos”.

La creación del parque natural de Somiedo fue, finalmente, piedra angular para la mejora de la situación del oso, porque fue “el primero que apostó por la coexistencia, y también el primero que demostró que la especie puede convertirse también en una activo económico”. De hecho, un reciente estudio de la FOP y el Indurot ha concluido que la presencia del oso contribuye directamente a generar 20 millones de euros anuales de ingresos en los municipios oseros de la Cordillera. Y que esos ingresos están acompañados por la generación o sostenimiento de 350 empleos directos a tiempo completo, mayoritariamente de residentes.

Ahora surgen “nuevos retos”: hay que “cuidar” a los osos, para que su población siga creciendo en la Cordillera, subraya Palomero. Hay que “ir por delante de los incidentes que pueden provocar, que son previsibles, porque cada vez son más frecuentes lo encuentros con osos, y pueden crear inquietud” entre la población local. “Hay que pagar bien los daños (unos 95.000 euros al año), proteger los colmenares e informar tanto a los habitantes de los territorios oseros como a los visitantes”; en definitiva, hay que aprender a convivir en paz y armonía con los osos. Y “administrar el éxito”, añade el presidente de la FOP.

¿Éxito? Sí, porque se ha pasado de una exigua población de 6 osas con crías localizadas en 1989, dividida además en dos núcleos aislados genéticamente, hasta las 41 y 38 osas con crías localizadas en 2017 y 2018, respectivamente, los últimos años para los que se ha presentado la información.

Los dos núcleos poblacionales, el occidental (con cerca de 300 ejemplares) y el oriental (con unos 50), han experimentado un crecimiento continuado del orden del 10 por ciento anual, y diferentes estudios genéticos han permitido también confirmar la recuperación de la conectividad ecológica entre ambos núcleos, aislados previamente, y la mejora de la variabilidad genética asociada a esa comunicación efectiva. De hecho, ya en 2009, fruto de un convenio de colaboración entre el Principado y la Universidad de Oviedo, se localizaron dos ejemplares de oso pardo “híbridos”, dos hermanos fruto del cruce entre las poblaciones oriental (la madre) y occidental (el padre), algo que en aquel momento el Gobierno del Principado calificó como “el hito más relevante en la historia de la conservación del oso pardo cantábrico en los últimos cincuenta años”, al considerarlo “clave” para el mantenimiento de la especie.

Y es que al alto nivel endogámico y la poca variedad genética era entonces, furtivismo aparte, el principal problema para la recuperación de la especie, e incluso algunas organizaciones ecologistas habían advertido de que la población osera oriental estaba abocada a la extinción, pues sumaba apenas una treintena de ejemplares. La unión de las dos poblaciones de la Cordillera Cantábrica es uno de los principales objetivos de la Estrategia Nacional para la Conservación del Oso Pardo Cantábrico y fue la línea maestra del Proyecto LIFE+ Corredores Oso, financiado por la Unión Europea, que ejecuta la FOP con el apoyo de la Fundación Biodiversidad y la Obra Social de Caixa Catalunya, y con la colaboración de las administraciones regionales de Asturias y Castilla y León y de los doce municipios que integran los principales corredores de comunicación de la Cordillera.

Pero, aunque la situación demográfica del oso cantábrico es ahora esperanzadora, todos los expertos en la materia insisten en que “aún no es suficiente para garantizar su conservación” y que no se puede afirmar en ningún caso que exista una superpoblación osera, como se ha oído en algunos ámbitos. De hecho, el oso figura en la Directiva Hábitats de la Unión Europea como “especie necesitada de una protección estricta”.

La convivencia con los animales en las zonas oseras y un turismo sostenible, los retos actuales

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El presidente de la Fundación Oso de Asturias (FOA), Nicanor Fernández, cree que Asturias está ante un “caso de éxito”, en lo que a la recuperación de la especie se refiere, “por más que no haya abandonado la zona de peligro y quede por tanto camino que recorrer”. Y considera que “un avance tan notorio” no habría sido posible “sin la multiplicidad y conjunción de esfuerzos llevados a cabo tanto por las distintas administraciones como por la sociedad civil”. Apunta que destacar alguno “no es fácil”, pero sin duda entre los más relevantes está “el que corresponde a los vecinos de las comarcas oseras que han pasado a ver la especie como una alimaña o recurso cinegético, a un símbolo de un medio ambiente que allega recursos a áreas en los que estos no abundan precisamente”.

Pero también ha sido determinante el “cambio de mentalidad impulsado desde el Principado en la década de los ochenta, con los primeros planes de recuperación, y que fueron secundados por la Universidad, por ayuntamientos, por la Guardia Civil a través de su servicio de protección de la naturaleza en estrecha relación con la guardería, y otras entidades y fundaciones, entre las que se encuentra la Fundación Oso de Asturias”, que desde hace ya casi treinta años trabaja por preservar el hábitat en el que viven los osos y divulgar buenas practicas medioambientales a escolares y personas que se adentran en los espacios de especial protección de Asturias.

“Un hito, que simboliza quizás el cambio de mentalidad respecto a la especie, por más que ya se estuviera trabajando antes en su favor, fue sin duda hace también algo más treinta años el rescate de ‘Paca’ y ‘Tola’ de unos cazadores furtivos”, señala el presidente de la FOA. “Lamentablemente entonces no fue posible su reinserción en la naturaleza –hoy sin duda habría sido distinto– pero ello posibilitó una creciente sensibilización que favoreció mucho todas las tareas posteriores con el fin perseguido. Hoy la situación es muy diferente, y por ello los problemas y los retos también lo son”, añade.

Entre esos retos, Fernández coloca el de adecuar el creciente numero de visitantes de naturaleza a unas pautas que no interfieran con los hábitats oseros, porque son “delicados, están basados en un equilibrio precario, y cualquier actividad mas allá de las tradicionales puede dar al traste con ellos”. Cree que se hace necesario promover “un turismo responsable, centrado en visitar la tierra donde viven los osos”. Porque eso ya es “un incentivo más que suficiente por el privilegiado medio ambiente al que se accede y no basarlo todo en ver a estos ejemplares en ‘vivo y en directo’ sin las adecuadas cautelas y limitaciones”. Existen, puntualiza, “demasiados ejemplos de ‘morir de éxito’ como para no ser razonablemente restrictivos en una materia tan sensible”.

Fernández lanza un mensaje de “optimismo”, pero que no puede suponer “bajar la guardia”: “Tenemos el privilegio de disponer de un icono potentísimo de un medio ambiente excepcional y que hace ‘marca Asturias’. Y ello ha sido posible por tantos esfuerzos de tantos agentes, que el que alguien intente patrimonializarlo es un ejerció condenado al fracaso. Porque el éxito, de haberlo, es de todos”, concluye.

El biólogo Javier Naves, representante de los grupos ecologistas en el patronato del parque nacional de los Picos de Europa, tiene una visión más pesimista. Cree que la batalla está “aún por ganar”, pues, pese a la mejora de la situación de la especie, todavía está en peligro de extinción y ocurren episodios como los de Palencia o los Pirineos, que juzga “gravísimos” y que en su opinión requieren “una revisión profunda de lo que está pasando allí”. Destaca que, en especial lo ocurrido en Castilla y León, “no nos es ajeno, nos atañe, porque puede convertirse en un sumidero de animales que nacen aquí”, en Asturias.

Naves indica que la mejora de la situación de la especie tiene que ver con los trabajos a favor de su conservación y con la creación de espacios naturales protegidos, pero también con otros aspectos, como “la actualización de la ley de Caza en los años ochenta, que incidió en la lucha contra el furtivismo” y los cambios socioeconómicos registrados en los territorios oseros.

“En Asturias quizá estamos llegando a un techo en lo que se refiere a la posibilidad de recuperación de la especie, porque no me parece que haya mucha más zona disponible para los osos y porque empiezan a surgir conflictos y problemas, como el turismo o la oleada de parques eólicos en el Occidente”, alerta Naves, quien no obstante admite que los asturianos deben “felicitarse por la mejora del estado de conservación de la especie” y hace un llamamiento a la “prudencia” para afrontar el futuro del oso pardo cantábrico.

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