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Cuando la innovación enriquece la tradición

Emilio Serrano y César Suárez, dos modélicos empresarios del sector agroalimentario asturiano que siempre han puesto en valor sus raíces

Emilio Serrano y César Suárez, al recoger el premio, en Oviedo. | F. D.

Emilio Serrano y César Suárez, al recoger el premio, en Oviedo. | F. D.

Aunque parecen conceptos antagónicos y siempre se cree que la tradición está reñida con la innovación, y viceversa, ha quedado demostrado que, cuando se combinan ambas ideas con equilibrio, inteligencia, tesón, sacrificio y visión a largo plazo, el resultado final puede ser extraordinario.

Emilio Serrano Quesada y César Suárez Junco llevan muchas décadas innovando en el sector agroalimentario asturiano y son un fiel ejemplo de modélicos empresarios que han apostado siempre por sus raíces y han generado un gran valor añadido no sólo a sus empresas sino también a sus territorios y a las personas que los habitan teniendo siempre como telón de fondo la calidad de los productos artesanos asturianos.

La Universidad de Oviedo, a través de la recién creada Cátedra de Industrias y Procesos Agroalimentarios, premió en un emotivo acto que tuvo lugar en el paraninfo la víspera de Nochebuena a sus respectivas empresas, Licores Los Serranos y Crivencar-Tierra Astur, por combinar de modo ejemplar la innovación con la tradición. Estos galardones fueron patrocinados por Caja Rural y contaron con la colaboración de LA NUEVA ESPAÑA y del Instituto de Desarrollo Económico del Principado (IDEPA), que dirige Eva Pando.

Emilio Serrano, un visionario, ejerció hace cuatro décadas como abanderado de Asturias en la primera edición de la Feria Internacional de Turismo (Fitur) celebrada en Madrid en 1981 cuando nuestros gobernantes regionales de la época sólo veían el carbón y el acero como fuentes generadoras de riqueza y de empleo. César Suárez Junco, junto con su socio Marino González, fundaron Crivencar, curiosamente también en 1981, como una clara apuesta por la distribución de la carne y de los quesos asturianos cuando en la mayoría de nuestras sidrerías apenas se degustaban nuestras variedades artesanales autóctonas y te servían como auténtico cabrales un barato queso azul industrial alemán o austriaco.

Los métodos artesanales que utiliza Emilio Serrano en la elaboración y destilación de sus productos en su empresa familiar, totalmente distintos a la fabricación industrial que emplean sus competidores multinacionales, hace que este romántico empresario, Hijo Predilecto de Ribadesella, apueste por la calidad por encima de la cantidad y anteponga siempre lo digno a lo práctico. “Una sopa se puede hacer con un poco de agua y una simple pastilla de algún concentrado o bien echarle un trozo de carne de pollo, hueso, puerro, cebolla, perejil y zanahoria, que le dan un mejor sabor. Ambas son sopas, pero la segunda no tiene nada que ver con la primera”, afirma Emilio para poner en valor su artesanal método productivo.

Sus licores, además de distribuirlos por los 78 concejos asturianos, se exportan fuera de nuestra región concentrando una gran parte en el mercado madrileño. A sus 87 años, Emilio sigue al pie de cañón y durante la entrega del premio en el paraninfo de la universidad emocionó a los presentes con un emotivo discurso, muy valorado por el rector, en el que repasó la historia de sus ancestros con los alambiques, quienes le facilitaron su inspiración y devoción para ejercer su profesión como destilador de oficio.

César Suárez Junco, director gerente de Quesos del Principado de Asturias S.L, razón social bajo la que operan las marcas Crivencar y Tierra Astur, comenzó su singladura en 1981 en el oriente de Asturias junto con su socio Marino González. Aquella iniciativa empresarial nació con la vocación de recuperar y poner en valor los productos asturianos elaborados bajo métodos artesanales en los pequeños pueblos y entornos rurales, que en aquella década estaban en riesgo de desaparición y apenas eran valorados por los consumidores locales que le daban mayor prestigio a lo que venía de fuera.

La tienda carnicería abierta en la calle Santa Susana de Oviedo fue su primer establecimiento comercial antes de expandirse a otras localidades dentro y fuera de Asturias. En 1997 Crivencar dio el salto a la hostelería con la instalación de su primera sidrería tienda denominada “Tierra Astur” en la calle Gascona si bien anteriormente habían tenido una breve experiencia previa con la hostelería en un pequeño local sito en la calle Magdalena.

Tengo el placer de conocer a César y a Marino desde principios de los ochenta ya que la creación de Crivencar coincidió con el primer certamen del queso afuega´l pitu celebrado en 1981 y desde aquella época siempre han apoyado esta cita quesera que organizamos en Morcín al igual que colaboran con el resto de ferias gastronómicas que tienen lugar por toda la geografía asturiana para exaltar nuestros quesos. De hecho, en 1993 Crivencar fue premiado con el galardón “Quesero Mayor de Asturias” que le otorgó la Asociación de Queseros Artesanos de Asturias y la Hermandad de La Probe por su excelente defensa y promoción de los quesos artesanales asturianos.

Pues bien, aún recuerdo cuando, antes de dar el salto a la hostelería, estuve viendo con César, Marino y Pepe Sariego, aquel tosco local sin instalar ubicado en la parte de arriba de la calle Gascona, cuyo ambiente nada tenía que ver con el de ahora, y pensé para mi fuero interno “éstos están chiflaos, cómo van a triunfar con una sidrería en este local claustrofóbico sin una ventana exterior”.

Evidentemente, me equivoqué de lleno porque consiguieron darle a la instalación una personalidad propia inimitable, tanto en el continente como en el contenido, en la que se respira, se escucha y se saborea Asturias por las cuatro esquinas con una relación calidad precio muy aceptable. Cuando quería quedar bien con algún foráneo, nada mejor que llevarle a comer o cenar a Tierra Astur. Recuerdo, en aquella época, llevar a cenar algunos días por semana a algún colega profesional catalán y madrileño que estaban de paso por nuestra ciudad y quedaban gratamente sorprendidos del ambiente que se respiraba y de la gastronomía que degustaban. Todos me repetían “volveré de nuevo en el verano con mi familia”.

Con el paso del tiempo aquella primera experiencia hostelera de éxito en Gascona trajo consigo la expansión a los seis establecimientos que gestionan actualmente en Oviedo, Gijón, Avilés y Colloto, y a otro séptimo que están a punto de inaugurar en Oviedo. César Suárez, como director gerente de la empresa y persona humilde que rehuye todo protagonismo, da ejemplo de liderazgo todos los días desde primera hora de la mañana luchando diariamente en un sector que, debido a la pandemia, ha tenido que bajar las persianas de sus locales en dos ocasiones pero seguirá peleando con uñas y dientes para mantener a flote esta empresa de la que viven nada menos que cuatrocientas familias.

Emilio Serrano y César Suárez, como empresarios modélicos curtidos en mil batallas comerciales, han apostado siempre por poner en valor la tradición de sus raíces y de sus antepasados aderezándola con innovadores métodos que les permiten adaptarse a los nuevos tiempos enarbolando siempre la bandera de la calidad de sus productos artesanales y su compromiso personal con Asturias y con los asturianos. Enhorabuena a estos dos corredores de fondo que anteponen lo digno a lo práctico y que consiguen que la innovación enriquezca la tradición.

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