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El allerano y la mierense: el amor que separa una pandemia

Daniel García y Bárbara Vázquez forman una de las parejas separadas por las restricciones: “Ojalá solo dure quince días”

El allerano Daniel García y la mierense Bárbara Vázquez: 12 kilómetros en coche y una pandemia de distancia C. Basteiro/ A. Domínguez

¿Donde irán los besos que está robando el covid-19? Como los que ya no se podrán dar, al menos en los próximos catorce días, el allerano Daniel García y la mierense Bárbara Vázquez. Ella está “confinada” perimetralmente desde el pasado domingo, el municipio allerano pasó ayer a la fase 4+ (con una serie de restricciones que incluyen la imposibilidad de entrar y salir del concejo sin causa justificada). A veinte minutos en coche, a una pandemia de distancia. De verse a diario, a conformarse con videollamadas, mensajes de voz e iconos sonrientes. “Creemos que saldremos fortalecidos de esto, pero esperamos que el cierre solo dure estas dos semanas”, afirman los dos veinteañeros.

Daniel García hace una videollamada a su novia, Bárbara Vázquez. | Luisma Murias

Daniel llegó ayer a Boo, después de trabajar, a media tarde. Y en su casa estaban sus padres y su hermana, pero él la sintió sola: “Antes, cuando llegaba, estaba siempre Bárbara aquí. Vivíamos casi juntos”. Pero ella está censada en Mieres y, aunque estudia online, temía tener que entrar y salir del municipio para hacer trámites. “Vale con que bajes un día a Mieres de Boo y te pillen, así que decidimos hacer las cosas bien”, explica el joven allerano.

"Si es para que todos estemos bien, seguiremos separados lo que haga falta", afirma la pareja

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Suena el móvil, es una videollamada: “¿Qué tal hoy en el trabajo?”, le pregunta ella, en la pantalla, sonriente. Barbara Vázquez reconoce que la situación es “inusual” y que echa mucho de menos a su pareja: “Ojalá esto que estamos haciendo sirva, porque si es para que todos estemos bien no nos importa estar separados. Por el bien de todos, sí”, afirma. Él asiente con la cabeza: “Lo que pasa que se hace raro que yo pueda ir al puerto de San Isidro, por ejemplo, y ella pueda ir a Urbiés. Pero de juntarnos nada”, añade.

Y sin fecha, porque los dos son pesimistas sobre la próxima apertura de los concejos: “Creemos que son quince días de momento, pero que igual se alarga. No todo el mundo lo está haciendo bien y así no bajan los contagios. Igual no pasamos juntos San Valentín”, explican, completándose uno las afirmaciones del otro.

Llevan cuatro años juntos, se conocieron en las fiestas de Boo. Ya estuvieron separados durante el confinamiento de la pasada primavera, dura prueba de fuego, pero pensaron que no volvería a pasar. Se despiden. Ella tira un beso al aire, él le dice adiós a la pantalla. Tiene el gesto triste: “Ahora voy a ver a unos animales que tenemos, antes siempre venía ella conmigo. La verdad que es duro y que se habla muy poco de esto”. “Esto” son los besos que nos está robando el covid.

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