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Asturias, a la cabeza de España en abortos y hogares monoparentales

La Fundación Renacimiento Demográfico vincula ambos factores con la crisis de natalidad de la región, líder del retroceso de los nacimientos en 2021

Una mujer embarazada se somete a una exploración. | SHUTTERSTOCK

Una mujer embarazada se somete a una exploración. | SHUTTERSTOCK

Asturias sostiene desde hace cuatro decenios una pobreza demográfica de motivaciones inciertas, complejas y difíciles de identificar. La Fundación Renacimiento Demográfico, que promueve y dirige el asturiano Alejandro Macarrón Larumbe, ha hecho un intento estadístico de análisis de causas y ha relacionado la penuria de la natalidad, entre otros factores, con los liderazgos que ostenta Asturias en dos clasificaciones de cierta enjundia para el diagnóstico de la decadencia poblacional de la región: los abortos y los hogares de familias monoparentales. El estudio confirma al Principado a la vanguardia española en cuanto a la tasa de embarazos que terminan interrumpidos –sin contar los espontáneos–, con un valor que se acerca a tres de cada diez y que nadie supera en el país. Los autores del examen invitan a echar cuentas y considerar que sólo con que en Asturias se abortase al nivel de la media nacional del 21 por ciento –“ya elevadísima”– su diferencia de fecundidad con el conjunto del país se reduciría en torno a un 37 por ciento. La tasa de abortos por cada mil mujeres en edad fértil asigna al Principado un valor de algo más de trece al año y sólo está a la zaga de los de Cataluña, Baleares y Madrid.

Asturias, a la cabeza de España en abortos y hogares monoparentales

La pretensión de escarbar en las motivaciones de la penuria demográfica asturiana, de su preocupante tasa de natalidad a la cola de Europa y de los más de cuarenta años que lleva por debajo de la “tasa de reemplazo” –2,1 hijos por mujer– conduce además a otra inclinación estadística creciente, la de los hogares formados por familias de un solo progenitor. El Principado tiene la segunda ratio más baja de España en el valor que cuenta la prevalencia de las viviendas monoparentales –o el número de parejas con descendencia por cada casa en la que los hijos viven sólo con el padre o la madre– y eso es, en opinión de los promotores del análisis, un mal presagio para la fecundidad porque los matrimonios y las uniones de hecho o de derecho tienden a tener estadísticamente más hijos…

De los hogares asturianos donde viven familias con descendencia –cada vez menos–, 51.500 son monoparentales y en más de 119.000 hay una pareja. Éstos duplican muy holgadamente a aquellos, pero la tasa nacional los multiplica por más de tres y en el resumen autonómico únicamente Canarias empeora el valor de Asturias.

Son todos indicios probables de una avería en el sistema que según algún punto de vista tendría una raíz “cultural” y el remedio complejo de todo aquello que exige una alteración de “mentalidades”. Una conclusión indica, a los ojos de la Fundación Renacimiento Demográfico, que los planes de fomento de la natalidad harían bien en tomar en consideración estos datos al acometer la difícil tarea de revertir una tendencia de décadas y en buscar modos de reorientar estas inclinaciones colectivas que se dan en Asturias con más frecuencia que en el resto del país…

Mientras eso se confirma, Asturias sigue acumulando negros augurios en cada actualización de la estadística demográfica. El revés de esta semana viene del recuento de nacimientos del mes de febrero, el segundo que contabiliza íntegramente alumbramientos de niños concebidos durante la pandemia, y de la confirmación de que Asturias vuelve a ser la región con mayor retroceso en el arranque de 2021. Según las estimaciones divulgadas por el Instituto Nacional de Estadística, febrero se habría mantenido en torno a los niveles de enero –emblema de la crisis asturiana de natalidad, el mes más escaso en alumbramientos al menos desde la posguerra civil– y con 333 nacimientos no llegaría a una media escasa de doce al día. El febrero de 2020 rondó los 400 y en este 2021 la caída acumulada de los dos primeros meses sería de casi el veinte por ciento respecto a 2020, de nuevo el batacazo más ostentoso del país, donde los alumbramientos también caen, pero no más allá del 14,8 por ciento.

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