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Un jugador ucraniano de balonmano se reúne con su familia en Oviedo: "No podía conciliar el sueño"

Vlady, jugador del Unión Financiera de Oviedo, consigue traer a Asturias a su mujer, a su bebé de once meses y a su hermana

Por la izquierda, Yana, Makar, Vladyslav y Maria Parovinchak, en un parque cercano a su casa en Oviedo, muy próximo a la Losa.

Vladyslav Parovinchak ha vuelto a dormir. El central ucraniano del Unión Financiera Base Oviedo dejó de hacerlo cuando Rusia atacó su país y estalló la guerra. En Zaporiyia, una ciudad situada sobre el río Dniéper, tenía a su mujer, Maria, y a su hijo Makar, que ahora tiene once meses. “Desde que comenzó la guerra no podía dormir, solo conseguía conciliar el sueño una o dos horas al día”, explica este jugador de 24 años, que llegó esta temporada a Asturias para reforzar a un Base Oviedo que aspira al ascenso a División de Honor Plata de balonmano.

Parece normal que no pudiera conciliar el sueño cuando era consciente de que su mujer y su hijo estaban en un refugio, viviendo bajo el suelo, y que el pequeño Makar se despertaba con las sirenas que indicaban la posibilidad de un bombardeo ruso y que, al mirar al cielo, lo que su familia veía eran aviones rusos sobrevolando, como una amenaza constante. Maria y Makar lograron trasladarse a Lutsk, donde reside la familiar de Vlady, un lugar algo más tranquilo y situado cerca de la frontera con Polonia.

Una vez allí comenzaron a preparar el viaje para salir de Ucrania. Una expedición a la que se unió Yana, la hermana de Vlady. Los tres juntos cruzaron a Polonia y fueron hasta Cracovia, donde se instalaron en casa de un amigo del jugador del Base Oviedo. Desde allí pudieron volar a Madrid y ahora ya están todos reunidos en Oviedo, donde viven en un piso muy cerca de la Losa.

Vlady, aún preocupado por el resto de su familia que todavía está en Ucrania, al menos ha empezado a conciliar el sueño al tener a su mujer, a su hermana y a su hijo a su lado. “Hablo todos los días con mi familia, estoy muy preocupado; a veces hay explosiones”, relata el jugador sobre la situación en la que se encuentran los que se han quedado en Ucrania. Los suyos no están en el frente, pero sí “organizados para defender la ciudad y la región”.

Vlady llegó este año a España después de haber jugado una temporada en Bielorrusia, en el Masheka Mogilev, donde participó en competición europea. Antes de eso formó parte del Motor Zaporozhye de su país, con el que disputó la Liga de Campeones. La motivación de venir a España era grande por el nivel del balonmano español: “Es uno de los mejores países para jugar al balonmano, con los mejores entrenadores, vine hace cinco años a España y me encantó, en Ucrania el balonmano no tiene mucho tirón”, explica sobre su decisión de aceptar la oferta del club carbayón.

Espera que su futuro pueda seguir estando en Oviedo más años, algo para lo que será importante que el conjunto azul logre el ansiado ascenso a División de Honor Plata. Si bien, pase lo que pase, siempre guardará un gran recuerdo del club y de la ciudad: “Me siento muy bien aquí”. Su familia tenía previsto trasladarse a Oviedo con él antes de que diera comienzo la guerra pero el ataque ruso lo precipitó todo.

El central está muy agradecido a Polonia, a España y a todos los países que están prestando su apoyo a Ucrania. En Oviedo estuvo en una concentración de apoyo a su país, un momento “muy emotivo”: “Solo puedo decir gracias a la gente, al club, por todo lo que han hecho por mí y por mi familia; ha sido muy importante”, añade. También fue emocionante el derbi frente al Cafés Toscaf Atlética Avilesina, cuando los dos equipos sacaron una pancarta y le mostraron su apoyo en unos momentos complicados, antes todavía de que su mujer e hijo estuvieran con él en España.

Lo que no se atreve a predecir es el futuro. Le gustaría decir que dentro de unos días todo habrá acabado, pero no lo tiene claro. “El presidente ruso es un tipo peligroso y un loco”, dice sobre Vladímir Putin. En esas circunstancias, “la guerra puede durar uno o dos días o uno o dos años”, añade. Está “orgulloso” de su país pero es consciente de que “la armada rusa es fuerte”. “La gente está motivada, nos están llevando alimentos, medicamentos y estamos todos juntos. Nuestra motivación no es agredir, sino defendernos”, concluye.

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