En corto y por derecho
Huevos en todas las cestas
La digestión de una comida de Desarme del PP de Oviedo

Álvaro Queipo y Agustín Iglesias Caunedo, paseando por Oviedo tras comer el Desarme. / LNE
Agustín Iglesias Caunedo, presidente del Partido Popular de Oviedo, no se sabe si sube o si baja, si nada en un río o en dos a la vez y guarda la ropa, si es de carne o de pescado. O más bien, es de cualquier cosa con tal de seguir a cobijo. Un funambulista siempre en el alambre de esos que en el idioma populista estilo Sánchez "nunca mienten, solo cambian de criterio". En llingua de la tía Nemesia, de La Cerezal, un "corchu" que aspira a flotar.
En la batalla interna del PP asturiano, Caunedo fue fiel asesor de la anterior presidenta, Teresa Mallada, y se fajó en el empeño. De su lado, en la sombra, sin dar cara, negoció durante la crisis que acabó sacando por la ventana a la hoy senadora. Durante estos meses, los que quedaron dolidos del episodio Mallada se movieron pidiendo firmas para reclamar un congreso, entre ellos el secretario general del PP de Oviedo, Javier Cuesta, número dos de Caunedo en la estructura del partido en la ciudad.
Como el presidente del PP de Oviedo suele poner los huevos en todas las cestas, cuando vio la marcha de Diego Canga y que la cordada Álvaro Queipo empezaba a tomar forma para liderar a los populares, cambió de caballo y cabalgó a toda velocidad para acercarse al hasta ahora secretario general del partido.
Fue el último en arribar. Llegó por los pelos y quedó desarmado. No porque en el zigzagueo quedara retratado, que también, sino porque logró subirse al vagón, en una entrada de "foto finish" en la comida, ¿fraternal?, del Desarme organizada por la junta local del PP ovetense. Numerosos dirigentes del partido en Asturias ya habían expresado para entonces su respaldo a Queipo, pero Caunedo aún mantenía silencio. La bebida, los garbanzos, los callos, la modorra de la digestión, la cordialidad... le hicieron hablar y anunció entonces su respaldo a quien antes fuera archienemigo.
La alianza se selló con una fotografía digna de cartel de película: Queipo y Caunedo bracean caminando por las calles de Oviedo, con todos los diputados unos pasos por detrás. El alcalde de Oviedo, Alfredo Canteli, que no está afiliado al PP, no comió esos garbanzos, ni esos callos, pero seguro que con la imagen le repitieron como si le hubiesen indigestado. De momento no se sabe si el almuerzo le produjo también a Queipo alguna complicación estomacal. Habrá que esperar al postre.
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