05 de marzo de 2017
05.03.2017

Payasas de colores y rosquillas en Sabugo

El barrio finiquita el Antroxu avilesino con una fiesta con cinco piñatas cargadas de chuches, chocolate y un espectáculo infantil

05.03.2017 | 01:21
La payasa roja indica los movimientos de un nuevo juego.

-Las payasas no mienten -advirtió una de las dos integrantes del dúo "Colores" que convirtió ayer por la tarde la plaza del Carbayo en una pista de juego, de baile y de diversión. Fue el Sábado de Piñata, en su tercera edición, la aportación de la asociación "Sabia Nueva" para poner punto y final a las fiestas de Antroxu de Avilés.

Y triunfó. Medio centenar de niños abrieron los ojos como platos cada vez que las dos payasas proponían una aventura.

-¿Os gustan los abrazos?

Y los síes se oían como un suspiro. La cosa iba de aclarar a las dos protagonistas de la fiesta que lo de los abrazos era cosa sin igual, que lo mejor es abrazar y ser abrazado. Y a ello se pusieron todos en la plaza del Carbayo: padres, niños, abuelos... A ritmo del "tambor, tambor, tambor", de Chayanne: "Oye, abre tus ojos, mira hacia arriba, disfruta las cosas buenas que tiene la vida". Y las payasas cortaban: "Abrazo de uno". Y el respetable obedecía sin discutir. Cuando era "de dos", también. Cuando la cifra se elevaba hasta diez lo que pasaba era que se montaba el tumulto. Aquí fue cuando las dos dijeron lo de que las payasas no mienten, que los mayores no se enteran. Todo antes de hacer estallar las piñatas cargadas de chuches: cinco en total, incluido una con forma de robot.

"Esta es la tercera edición del Sábado de Piñata. El año pasado tuvimos que suspender por la lluvia", comentó Fernando Vázquez, presidente de la asociación "Sabia Nueva". "Esto lo hacía Josefa Ladelaparra. Decidimos participar en las fiestas con una fiesta infantil", añadió. Y el éxito es creciente.

Las dos payasas se quedaron con los niños a los que hicieron bailar el "boogie boogie". Ambas secuestraron a Vázquez para que participara en el momento en que sonaba "Juan Pequeño baila, baila, baila". Mientras tanto, las componentes de la asociación -vestidas como pescaderas- calentaban el chocolate. Las rosquillas corrieron de la cuenta de Laura Guitiez. "La hice en casa", prometió. En las reuniones previas hubo quien propuso comprarlas en el súper. "Lo rechazamos. Las que saben bien son las nuestras", confirmó Vázquez. Y volaron. Muchísimo. Las dos payasas reinaron en una plaza con un tiempo helado, que se calentó a cada paso de baile.

Los miembros de la asociación de vecinos de Sabugo acaba de comenzar su andadura. Gastan traje tradicional, no tienen aún local social, se reúnen en los bares, son pocos, pero los que son tienen amplitud de miras y ganas de dotar de aliento a un barrio genuino y que convirtió a Avilés en capital de la pesca de Asturias.

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