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Las bombas que silenciaron la Villa

Trinidad Suárez y María Díaz Echeverría, vecinas de la calle Rivero, fueron las dos primeras víctimas de la artillería lanzada desde ocho bombarderos durante la Guerra Civil

La fachada del Ayuntamiento, tras el bombardeo.

Calle Rivero, 27 de agosto de 1937, 16:45 horas. La primera bomba de la Legión Cóndor cae sobre Avilés. Las vecinas Trinidad Suárez y María Díaz Echeverría caen al suelo. Son las dos primeras víctimas de estos bombardeos, donde los protagonistas fueron, a partes iguales, los alemanes que apoyaban al bando franquista desde los cielos y los avilesinos a quienes la muerte les llegó desde el cielo, sin avisar y sin perdonar. Los historiadores Pablo Martínez Corral y Pablo Alcántara Pérez revivieron ayer estos trágicos acontecimientos en los escenarios donde sucedieron, hace ya 80 años. Una memoria lejana o cercana, en función de la vinculación de cada uno con aquellos hechos. Un nutrido grupo de espectadores siguió la explicación de los historiadores, desde Rivero, pasando por la plaza de España y La Cámara, entre otros puntos.

Según explicaron los responsables de esta iniciativa, Avilés era territorio republicano desde el comienzo de la Guerra Civil, "uno de los enclaves más importantes que quedaban en el norte". Y era un objetivo estratégico, especialmente por su industria y su puerto. De Avilés partían numerosos convoyes diarios para nutrir al frente del Nalón. En aquél entonces residían en la villa unos 24.000 vecinos y, hacinados como podían, varios cientos de refugiados, que intentaban esconderse en la ciudad para evitar el conflicto bélico.

"Durante la Guerra Civil, la aviación fue un arma decisiva. Desde el inicio de la Guerra Avilés sufre varios bombardeos", señalaron los historiadores. En la ciudad no había medios para frenar a la Legión Cóndor. Nada pudo parar el empuje de los ocho bombarderos Henikel 111.

El informe del Juzgado de Instrucción de Avilés, con Fernando Álvarez Fernández actuando de juez, recoge los desperfectos del primer bombardeo, que comenzó en Rivero, siguió en Llano Ponte y la plaza de Santiago López, calle del Muelle, San Juan y el Pinar de Salinas. "Muerte de Trinidad Suárez, María Díaz Echeverría (vecinas las dos de la calle Rivero nº 69), José Fernández Pérez (muerto en la playa de Salinas), varios heridos, destrozos de edificios, producidos el día 27 de agosto por el bombardeo producido en Avilés por la aviación rebelde", dice el informe.

Entre esos destrozos figura la muerte violenta de una vaca en la calle Juan Ochoa, la destrucción de parte del muro del puerto de San Juan, daños a los buques pesqueros "Mary" y "Azcárate", así como al vapor inglés "Brander", incendio del pinar de Salinas en dos puntos y otro fuerte incendio en el Estrellín.

El horror, sin embargo, no acabó aquí. "El 19 de septiembre de 1937 los Henikel vuelven a bombardear Avilés. Esta vez el objetivo será la estación y el puerto, donde hunden dos barcos", señalaron los historiadores. El 13 de octubre hubo un enfrentamiento con varios cazas republicanos del aeródromo de Carreño y al día siguiente se produjo uno de los bombardeos más potentes, sobre Rivero, el Ayuntamiento, La Cámara, la plaza de Hermanos Orbón y el puerto. Es el que dejó la foto del edificio consistorial desmochado y lleno de escombros.

Para proteger a los vecinos, el Ayuntamiento construyó refugios en las calles Pedro Menéndez, San Francisco Rivero y La Magdalena. Además difundió instrucciones, recomendando a los vecinos acercarse a los refugios al oír el toque de alarma y hacerlo con la mayor serenidad, evitando gritos y llantos. Los bombardeos finalizaron con un saldo de más de 50 víctimas entre heridos y muertos, así como más de 70 casas derribadas o afectadas.

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