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Genética triunfadora al volante

El avilesino Gabriel Gutiérrez, hijo del piloto Víctor Gutiérrez, gana un campeonato en Castilla y León al poco de aficionarse a las carreras

Víctor y Gabriel Gutiérrez, con el trofeo.

Víctor y Gabriel Gutiérrez, con el trofeo.

Pablo PALOMO

La epigenética es la parte de la ciencia que investiga por qué los habilidades de un padre se transmiten a un hijo. En el caso de Gabriel Gutiérrez, los científicos tienen material para corroborar sus tesis. A sus 26 años, el piloto avilesino empezó a competir esta temporada, sin haber conducido nunca un vehículo de carreras. Y, aún así, ha sido el vencedor del campeonato de subida de montaña de Castilla y León. Teniente del ejército, su condición física podría ser una explicación. Pero también parece plausible que lo lleve en la sangre. Su padre es Víctor Gutiérrez, vecino de Salinas y uno de los pilotos del automovilismo de montaña más laureados del país, con más 110 victorias absolutas.

"La conducción, para mí, es algo innato", asegura Gutiérrez hijo desde la capital de España, donde reside. El pasado noviembre, el asturiano triunfó en Castilla y León con su fórmula de 1.200 centímetros cúbicos. Un "bicho" que pesa apenas 400 kilos, pero encierra 180 caballos de potencia. Con el bólido fue el más rápido en todos los tramos, cuya longitud variaba entre los dos y los ocho kilómetros. "Las subidas son como circuitos a contrarreloj. Se completan varias veces y te miden los tiempos", prosigue el piloto.

Gabriel empezó a correr después de ganar una apuesta. Hay chavales que si aprueban todas piden una videoconsola. Él quería probar el coche de su padre. Por eso, le propuso que si sacaba las oposiciones para teniente, le dejaría dar unas cuantas vueltas. Víctor Gutiérrez aceptó y perdió. Su hijo se convirtió en el teniente más joven de su promoción. "No me quedó más remedio que dejarle probar. Yo lo veo con mucha responsabilidad, su madre es un poco más reticente a que corra", explica el progenitor.

La primera vez que Gabriel montó en un fórmula fue en Lugo. Dejó a los presentes anonadados. "Sin experiencia de ningún tipo, hizo unos tiempos excelentes. Nos sorprendió a todos", cuenta su padre. De Lugo, pasó a probar en Langreo, y al certificar que todo lo que sentía era bueno, el hijo se animó a inscribirse en una prueba histórica de la montaña asturiana: la tradicional subida de La Plata.

"La escogimos porque allí fue mi debut. Hacía un día horrible. Llovía muchísimo. Quedó en mitad de la tabla, pero todos volvieron a alucinar con el tesón con el que llevaba el volante", apunta Víctor. "Todos decían 'pero este guaje, pero este guaje, con el día que hay y como conduce'", recapitula un padre que apenas puede ocultar lo orgulloso que está del menor de sus tres hijos.

Y de La Plata a los éxitos. A parte de triunfar en Castilla y León, Gabriel Gutiérrez se quedó a un punto de ser campeón de Madrid. La mala suerte le privó de engordar su recién estrenado palmarés. Un accidente le alejó de los primeros puestos. "Al piloto que ganó, le superé en todas las pruebas, pero al final el accidente me lastró. Qué le vamos a hacer", dice el avilesino, como si en su mente todavía repasara la carrera.

Ahora, la temporada ha terminado y las metas del padre y del hijo son las mismas. Los dos tienen claro que el futuro está en el ejército. "Con lo joven que es tiene que aspirar a ser General", se congratula el progenitor. "Estoy centrado en la carrera militar. Esto es una afición, que disfruto mucho, pero nada más", zanja el vástago. Si bien, no le cierran la puerta a poder lograr más éxitos en el mundo del automovilismo. Su equipo está formado por gente que sabe de qué va la cosa. José Ramón Fernández es un nombre que por sí solo dice menos que "Monchu", el mote que tiene el diez veces campeón de Asturias. Pepe Blázquez y Luis Vic conforman una escuadra que aspira a ver a Gabriel Gutiérrez corriendo en el Campeonato de España y quizás también el de Europa. Cualidades no le faltan. Y, desde luego, el teniente atesora los genes de su padre. Igual no es suficiente, pero ya es mucho.

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