15 de mayo de 2018
15.05.2018

Piezas de ADN que salvan vidas

El físico Javier Fernández Castañón explica entre cervezas cómo atacar células dañadas con puzles de moléculas manufacturadas

15.05.2018 | 11:16
Javier Fernández Castañón, a la derecha, se dirige al auditorio del Allegro Ma Non Troppo.

La evolución ya no es cosa únicamente de la selección natural, que es lo que defendió Charles Darwin. "Está también la evolución dirigida", explicó ayer Javier Fernández Castañón, que es un físico formado en la Universidad de Oviedo y que está haciendo el doctorado entre las universidades La Sapienza, de Roma, y la de Cambridge, en el Reino Unido. "Trabajo con el ADN", se presentó ayer al centenar largo de personas que asistió, en el pub Allegro Ma Non Troppo, a la primera sesión de "Pint of Science": cervezas de ciencias. O sea, un poco de divulgación para saber que el futuro se puede construir en el laboratorio "con cuatro piezas de lego, la base del ADN", recalcó el físico.

Fernández Castañón explicó en poco más de veinte minutos que la ciencia ficción está más cerca de la realidad de lo que se supone. "Y todo por el ADN, que tiene sólo cuatro bases: adenina, guanina, citosina y timina", explicó el físico. "Si las coges todas y las metes en una caja terminarán uniéndose", añadió. Las uniones de estas bases se hacen, explicó el físico, "como si fueran piezas de un pequeño lego". O sea, con dos o tres enlaces. "Y punto pelota", destacó el físico ante la mirada atónita de un auditorio acompañado por cervezas, cañas con limón y algún refresco. La ciencia está también al alcance de la mano. Y Fernández Castañón procuró conseguir explicar que las piezas formada por esas cuatro bases pueden combinarse de tal manera que "se puedan formar piezas, toneles y llenarlas con fármacos, introducirlas en el riego sanguíneo con el fin de que estas piezas hechas con ADN puedan atacar núcleos de células dañadas con cáncer u otras enfermedades", destacó.

Para llegar aquí, el físico echó mano de la historia, de científicos norteamericanos, neozelandeses... "Watson y Crick llegaron un día al pub Eagle, en Cambridge, muy cerca del King College. Dijeron que habían descubierto la base de la vida", recordó el físico asturiano. "Luego les dieron el premio Nobel", añadió. Ahí empezó todo. Luego los científicos siguieron manipulando las moléculas que forman el ADN de tal manera que se formaron estrellas y la suma de esas estrellas terminaron cobrando formas tan inverosímiles como las letras del abecedario o un emoji. "Se podían hacer formas", recalcó. Y esas formas "se han probado de manera efectiva en ratones". Las moléculas de ADN tienden a juntarse a núcleos de células. Lo que hay que hacer es modificarlas de tal modo que esas formas moleculares "vayan a núcleos predeterminados". Esto es lo que había vaticinado la doctora Susan Lindquist. "Dijo que si habíamos domesticado a un lobo hace 10.000 años y tenemos perros que buscan explosivos, ahora teníamos que domesticar moléculas", apuntó.

Pint of Science sigue esta tarde y mañana. Silvia Arboleya hablará de microorganismos intestinales. La cita, a las 19.30 horas.

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