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Un año de la tragedia de la granja-escuela

La investigación por el ahogamiento de Izan Álvarez en Riberas será larga y compleja "Mi niñín está presente para que haya justicia", dice la madre

La piscina de la granja-escuela de Soto del Barco donde falleció Izan Álvarez hace un año.

La piscina de la granja-escuela de Soto del Barco donde falleció Izan Álvarez hace un año. MARA VILLAMUZA

Dentro de dos días, se cumplirá un año de la muerte de Izan Álvarez Pérez en un terrible accidente en la piscina de la granja-escuela de Riberas (Soto del Barco). Su familia no encuentra consuelo para llenar el vacío que dejó el crío praviano, amigo de sus amigos y amante del fútbol, y que se marchó sin tiempo a decir adiós. Tenía solo 5 años: "Un hijo no se olvida, mi niñín está aquí presente luchando para que se haga justicia", escribía el pasado marzo su madre, Elena Pérez, en una red social. Izán falleció ahogado, y el agua le daba pánico. Así se encargaron de especificarlo sus padres a los responsables de la granja-escuela. La investigación judicial, pasado todo este tiempo, aún se prevé larga.

Cuanto más se sabe de las circunstancias que rodearon el ahogamiento de Izan Álvarez en la granja-escuela, más preguntas saltan en torno a la tragedia. En un primer momento, se especuló con que el pequeño se hallaba fuera del recinto acotado como zona de baños y por alguna razón en principio desconocida accedió al mismo sin que nadie se apercibiera y acabó dentro del vaso con el fatal desenlace conocido. Después, transcendió por fuentes de la investigación que el grupo del que formaba parte el menor, integrado por 17 menores, se encontraba dentro de la zona vallada que delimita la piscina y realizando actividades propias de ese espacio. Asimismo, junto con los niños y al cargo de los mismos estaban dos monitoras, tal y como informó LA NUEVA ESPAÑA.

La piscina de la granja-escuela de La Bouza donde hace ahora un año se ahogó el niño praviano Izan Álvarez Pérez carecía de socorrista, a pesar de que la normativa impone este servicio para una instalación de sus características, y tampoco tenía licencia municipal de apertura. Así lo recogen sendos informes remitidos al Juzgado de instrucción de Pravia por la Guardia Civil y por el Ayuntamiento de Soto del Barco, que hizo públicos este periódico. Además, el propio centro ha reconocido que no contaba con un seguro de responsabilidad civil cuando ocurrió el fallecimiento. Los padres del menor advirtieron expresamente y por escrito, al realizar la matrícula, de que su hijo padecía "mucho miedo al agua"; un documento que también está en posesión de la jueza.

En el documento remitido por la Benemérita al Juzgado de Pravia también se recogen las declaraciones de las dos monitoras, de 18 y 19 años, que estaban al cargo del grupo de 17 niños cuando se produjo el fallecimiento. En él, se detalla que una de las jóvenes se encontraba en prácticas y, por lo tanto, no había completado la formación necesaria para la realización de determinadas tareas. El texto no aporta datos sobre lo que pudo pasar para que Izan acabara en el agua sin que nadie se percatara de ello.

La magistrada del Juzgado de Pravia responsable de la causa aceptó semanas atrás la petición del Ministerio Fiscal, que solicitó la prórroga del plazo de instrucción en año y medio. Según ha podido saber este periódico, la familia del niño confía en que "se puedan practicar pruebas pendientes". La Audiencia Provincial debe dar el visto bueno, en este caso, a las que en su día no se admitieron a trámite. También se reclamó que se recojan nuevos testimonios que aporten luz a una investigación

Los días entre tanto pasan. Izan Álvarez Pérez ya no sonríe a sus padres. Tampoco a sus amigos y profesores del colegio Santo Ángel. El infortunio se cruzó en su camino demasiado pronto. No tuvo tiempo para conocer a su hermana, que nació semanas después de su muerte. Ya no juega al fútbol en su club, el Villa de Pravia. Él era de los "chupetines". Sus amigos y su familia claman ahora justicia con mayúsculas y cuanto antes. "Lo que viva será para tener a mi hijo vivo en mi día a día", escribía su madre. "Solo quisiera despertar y que fuera una pesadilla", concluía, rota.

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