12 de febrero de 2020
12.02.2020

Cuatro fotos para enamorarte de Avilés

Turismo Asturias promociona la ciudad en las redes sociales con imágenes de Galiana, el Niemeyer, Camposagrado y San Francisco

12.02.2020 | 09:36

Dos calles -Galiana y San Francisco- y dos plazas - la del Centro Niemeyer y la de Camposagrado- ilustrar un tuit de Turismo Asturias dedicado a la ciudad. El mensaje es claro: cuatro fotos para enamorarte de Avilés.

Pero, ¿qué había en Galiana antes de ser calle? "En un primer momento, el carbayedo de Galiana, uno de los montes de explotación maderera que había en el entorno de Avilés y que era aún más conocido que el de Sabugo. Con la desamortización y la desaparición del convento de San Francisco, los terrenos se volvieron públicos, y Galiana empieza a bajar del Carbayedo hacia la villa", explica Josefa Sanz, catedrática de Ciencia y Técnicas Historiográficas.

¿Y San Francisco? Resulta que la calle de San Francisco cuando nació todavía no era calle. Era la finca en la que los primeros franciscanos de Avilés levantaron su primer convento, hace ocho siglos, toda una vida. Los frailes del siglo XIII se decidieron por la subida al monte del Carbayedo, que con los años nutriría de madera los astilleros avilesinos. Avilés ciudad marítima.

El Palacio de Camposagrado "mordió" la muralla de Avilés como recoge una denuncia anónima de la época a buen recaudo en el archivo de Simancas, en Valladolid. Esto llevó a los arquitectos Menéndez Camina -que habían iniciado la reconstrucción del Palacio con una escalera allá por 1685- a parar esta obra que era mucho más que una vivienda: "La nobleza quería que sus viviendas fuera la reencarnación social del poder". El experto Vidal de la Madrid destaca que la fachada norte del Camposagrado es más austera porque daba a la dársena, no se veía. La Sur, que mira a la calle de La Fruta, es todo lo contrario: la calle central es la que concentra la mayor carga decorativa con una sucesión de columnas de orden toscano, compuestas con fuestes de estriado y también salomónicas. La obra entera destaca por el empleo -a veces abusivo- del almohadillado.

Y, por último el Centro Niemeyer, con una plaza que el arquitecto brasieño diseñó «abierta al mundo» .

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