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Casi un 40 por ciento de los suicidas no acudió antes a los servicios de salud

Retrocede el número de fallecidos en los últimos años en el área avilesina l Personas entre 70 y 85 años y con patologías previas, perfil mayoritario

Casi un 40 por ciento de los suicidas no acudió antes a los servicios de salud

Casi un 40 por ciento de los suicidas no acudió antes a los servicios de salud

Avilés impulsó hace ya un año un protocolo de prevención y seguimiento de los suicidios, un proyecto con dos pilares fundamentales: Atención Primaria y Servicios Sociales. Desde el área de Salud Mental que dirige el prestigioso psiquiatra avilesino Juan José Martínez Jambrina se implementó a su vez el programa de

"En estas circunstancias no nos queda otro remedio que seguir investigando para ganar conocimiento. Y, en aquellos casos de alto riesgo que sean detectados, intervenir con todas las posibilidades terapéuticas posibles", manifiesta el experto, que espera que el proyecto de prevención de suicidios del área sanitaria avilesina continúe dotándose de recursos. "De momento es muy precario porque permite intervenir sobre factores ambientales y sociales que muchas veces pasan desapercibidos en estos caos. Una vez que llevemos dos años con el protocolo funcionando tendremos datos que permitan establecer conclusiones sobre su eficacia", subraya el especialista. Este mes se conmemora el Día internacional para la prevención del suicidio.

El perfil del suicida en el área sanitaria mantiene la cadencia de los últimos años pese al reciente golpe del nuevo coronavirus: el grupo etario más afectado se sitúa entre los 70 y los 85 años, con patologías somáticas previas graves.

"El covid-19, hasta hace un mes que se han publicado datos que recopilan todos los estudios realizados, apenas ha influido en las tasas de suicidio ni en las formas de presentación ni en factores de riesgo. Pero son estudios aún con muchas limitaciones metodológicas, explica el doctor, que diferencia a los suicidas en dos grupos: el que tiene factores de alto riesgo, como haber tenido intentos autolíticos previos o padecer alguna enfermedad mental grave, o el de bajo riesgo, donde se incluyen aquellas personas en riesgo de exclusión social, con problemas económicos, problemas conyugales graves, consumo de alcohol, cocaína u otros tóxicos, y escasas habilidades para manejar situaciones conflictivas de forma responsable y madura. "Ese grupo con factores de bajo riesgo autolítico es numerosísimo, engloba a una gran población. De hecho, un 80 por ciento de los suicidas solo presentan factores de bajo riesgo y por eso su detección y tratamiento es tan difícil. En cambio, sabemos un 90 noventa por ciento de individuos del grupo con factores de riesgo alto no se suicidará y con las estrategias de prevención disponibles cada vez irá disminuyendo más la mortalidad en este grupo", apunta. Según Jambrina, "todo en el suicidio es paradójico, desconcertante y contradictorio. La mayor parte de personas que presentan ideas autolíticas francas nunca se van a suicidar como tampoco se suicidará la mayor parte de las personas que hayan tenido intentos previos". A nivel mundial, por cada suicidio consumado hay unas 25 tentativas.

Dar respuesta a por qué en Asturias, también en Avilés, hay una tasa de suicidios más elevada que en otros puntos del país es difícil, también para Jambrina. "Seguimos entre nieblas: no se sabe con certeza. Claro que hay factores de riesgo que son más relevantes en Asturias que en otras regiones españoles. Pero como hemos dicho en el suicidio influyen factores dependientes del individuo (envejecimiento, problemas económicos, consumo de tóxicos, exclusión social) pero también hay elementos culturales (modelos sociales, sistemas de valores..) y geográficos (aislamiento, horas de luz..)", manifiesta.

Con todo, Asturias está a la cabeza de las estadística nacional de suicidio. "Esto es así desde que tenemos datos, hace casi un siglo. Y no es posible elaborar una hipótesis que resista los datos epidemiológicos de varios años consecutivos. Pero los hechos están ahí y hay que actuar. Se ha demostrado una influencia genética pero no tenemos muy claro qué es lo que realmente se hereda", precisa. Lo positivo es que en Asturias el suicidio consumado en la adolescencia es minoritario.

Respecto a cómo ha influido el confinamiento, la desescalada y la llamada nueva normalidad en la salud mental de la población del área avilesina, el psiquiatra Martínez Jambrina lo tiene claro: "Hasta ahora lo que hemos notado es un incremento leve de problemas psiquiátricos menores, pero los trastornos graves, las psicosis o aquella epidemia de trastornos de estrés postraumático que tanto se anunció en algunos estudios, no se ha producido". Sí tratan los especialistas reacciones de miedo, cansancio, insomnio, preocupación o más irritabilidad "pero que caen dentro de los mecanismos de defensa habituales del ser humano y no parecen susceptibles de asistencia sanitaria". "A juzgar por los datos, la población española se ha mostrado resistente a esta vírica adversidad que nos ha tocado vivir", dice. A Jambrina le preocupa más la crisis económica que se avecina, "cuyo mejor abordaje es la puesta en marcha de las medidas sociales oportunas. Alcanzado un nivel adecuado de recursos humanos, tendremos un cierto porcentaje de suicidios que no podremos evitar por mucho que crezca el número de psicólogos o psiquiatras", concluye.

Según Jambrina, el suicidio es un suceso exclusivo del ser humano que existe y ha existido a lo largo de todos los tiempos, en todas las culturas y en todo el mundo. "A nivel mundial, cada año fallecen por suicidio en torno a un millón de personas. Lo cierto es que el suicidio sigue siendo un fenómeno muy desconocido por la gran variabilidad en su presentación en función de los individuos, culturas o hábitats. Sabemos más bien poco de este fenómeno y por eso es tan difícil elaborar estrategias preventivas resolutivas. Desde un punto de vista evolutivo, resulta difícil comprender que la selección natural haya mantenido activo a los largos de los tiempos un acto de conducta tan contrario a la supervivencia de la especie. Y ahí está, desafiando al conocimiento científico. La vida es imitación, explica mi apreciado Ferran Toutain en su último libro, pero para lo que no estamos tan preparados es para asumir que también se imite la muerte", apunta el psiquiatra avilesino.

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