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Las siete vidas de Rufino Arrojo, el veterano trabajador de la Rula de Avilés

Recién prejubilado, ejerció en las tres sedes de la historia reciente de la lonja, es cofrade, fue dj y soñó con licenciarse en Periodismo

Rufino Arrojo Casares. | Ricardo Solís

Nació un 22 de noviembre de 1958. Era sábado. Su madre pasó las contracciones y el parto en casa, en el Nodo, poblado de pescadores: “Entonces no se iba al hospital”. Rufino Arrojo Casares vino el mundo con el ADN que tienen los hombres y mujeres de mar. Fue párvulo en el colegio Santo Ángel cuando estaba en la calle La Cámara y luego entró en la academia San José, en Carlos Lobo primero y en las inmediaciones del parque de Ferrera después. Era buen estudiante, así que Arrojo continuó sus estudios en el Carreño Miranda hasta lo que se conocía por COU, Curso de Orientación Universitaria. Aunque le gustaban más las ciencias que las letras, el del Nodo soñaba con matricularse en la Universidad: “Quería ser periodista”, confiesa.

Pero entonces –como ahora, excepto si se eligen centros privados– debía salir de Asturias para cumplir su meta y aquello no entraba en los planes de una familia humilde. Así que cerró los libros de texto y comenzó a trabajar en la rula. Era el año 1976, un mes de septiembre. Ahora Rufino Arrojo acaba de prejubilarse (el día 5) tras una vida cerca del mar desempeñando su labor en las tres lonjas que conoce la historia reciente de Avilés: en las inmediaciones del parque del Muelle, en el número 2 de Conde de Guadalhorce y en la actual, ya camino de San Juan.

Su primer puesto fue en el área de estadística y liquidaciones hasta diciembre de los 80, aunque entre medias fue llamado a filas: hizo el servicio militar en la Marina. No podía ser de otra forma. Una vez licenciado se reincorporó al tajo, ya en la segunda rula, en el área de estadística. “También llevé el tema de las viviendas del Nodo, rentas, tomar nota de averías, organización de fiestas en el poblado… y me encargué del almacén de pertrechos de la Cofradía”, explica Arrojo, que está casado desde hace 38 años con Inés Ferreiro y tiene dos hijos, Pablo y David, ambos profesores. En mayo de 2009 se inauguró la actual lonja y Arrojo trasladó de nuevo su oficina. “Estoy muy agradecido, la rula ha sido mi medio de vida durante años y gracias a este trabajo tuve la oportunidad de conocer a muchas personas”, dice este hombre al que el trabajo no le restó fuerza para ser un polvorín en sus horas libres.

Ahí van unos ejemplos. Su pasión por el periodismo nunca se durmió. Así que Rufino Arrojo decidió colaborar con distintos medios de comunicación locales; por citar uno, la extinta Teleavilés. También fue pinchadiscos durante la friolera de 17 años en la sala “Discovery” de Avilés, en la calle La Estación. “Se abría todos los días, de lunes a domingo. Había un ambiente relajado. La gente salía de trabajar y se pasaba a tomar una copa y bailar un rato”, apunta el dj que animó tardes y noches con los grandes éxitos del momento. Aunque a él lo que más le gusta es el pop inglés de los 70.

Por si todo esto fuera poco en la agenda de un solo paisano, Arrojo fue uno de los fundadores de la cofradía de Nuestro Padre Jesús de la Esperanza con sede en la iglesia de los Padres Franciscanos de Avilés. Era un 22 de noviembre de 1997. La primera junta directiva la integraron el mismo Rufino Arrojo Casares, hermano mayor; José Antonio García, Aureliano Pérez Candela (maestro de ceremonias), Ramón Ariznavarreta Rodríguez, Ángel Graff Núñez y Víctor Luis Valle López (vocales) y fray Alonso Lamela Fiuza (consiliario). La hermandad recuperó, en primer lugar, la procesión de La Borriquilla. La cofradía incorporó en el año 2005 dos nuevas procesiones a la Semana Santa avilesina, el Lunes Santo, la procesión de Jesús Cautivo, con el paso de Jesús de Medinacelli; y en la noche del Sábado de Gloria, la procesión de la Resurrección, broche final a las celebraciones locales, con la imagen de La Soledad, y a partir del segundo año, con la de San Pedro Apóstol. Ahí también estuvo Arrojo.

Pero tampoco queda ahí la cosa. El del Nodo ha sido durante los últimos años el alma de las visitas guiadas y turísticas a la Nueva Rula de Avilés. También tuvo su momento deportivo, como secretario del Club Hispano de Castrillón y flirteó con la política, concretamente con URAS (Unión Renovadora Asturiana). Ahora, recién prejubilado, Rufino Arrojo dispone de más tiempo libre para seguir haciendo de todo un poco. La cuestión es no parar. El sábado atendió a este diario mientras preparaba una entrega solidaria de alimentos.

“A partir de ahora seguiré haciendo lo mismo, me dedicaré a la cofradía y disfrutaré de escuchar música discotequera, que me recuerda buenos tiempos; aprovecharé también para dar paseos, ver películas o enredar con el ordenador”, avanza este hombre polifacético con salitre en vena. Tal vez por eso Rufino Arrojo es un tsunami de energía que vive haciendo gala de su apellido.

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