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Favila enseña para el mundo entero

La Cruz Roja homenajea al artista moscón que fue profesor por un día de migrantes de Senegal, Portugal, Bangladesh o India

Sole Fernández, Berta López, Begoña González, con el cuadro de Favila, Favila, Fini Rodríguez, Fátima Isusi, Francisca Dos Santos y Maite Díaz, ayer, en las instalaciones avilesinas de la Cruz Roja.

Sole Fernández, Berta López, Begoña González, con el cuadro de Favila, Favila, Fini Rodríguez, Fátima Isusi, Francisca Dos Santos y Maite Díaz, ayer, en las instalaciones avilesinas de la Cruz Roja.

La de enseñar a mujeres de Senegal, de Portugal, de Bangladesh, de la India, de Colombia, de Marruecos y hasta de Ucrania ha sido para el artista plástico Favila “una experiencia inolvidable”. Tan “inolvidable” que quiere volver a vivir. Se lo dijo el artista ayer a Begoña González, a la presidenta de la Asamblea avilesina de la Cruz Roja.

Ella y unas cuantas voluntarias más de la ONG citaron al pintor para rendirle tributo. “Sólo podemos hacerle este pequeño reconocimiento”, se disculpó Berta López, una de las voluntarias y la vicepresidenta local de la organización. Y ese “pequeño reconocimiento” fue la entrega de la foto que el pintor se hizo con todas sus alumnas bajo una de las pérgolas del Jardín Francés. Y luego, un café.

“Allí, en el parque, fue donde Favila sacó su lienzo en blanco y en poco más de media hora lo transformó en una escena del parque”, recuerda González con satisfacción. “Sólo fueron unos pocos apuntes”, se justificó el pintor así como para no darse importancia. Porque la obra de aquel encuentro ahora forma parte de la asamblea avilesina. “Pero quiero volver: decidme cuándo”, insistió el moscón.

La clase magistral de Favila estuvo incluida en una el curso “Alfabetización y ciudadanía activa”. Berta López explicó que son dos tipos los alumnos: españoles y extranjeros. A los primeros lo que las voluntarias enseñan es a escribir y a leer. Fini Rodríguez, profesora jubilada, es una de las que da clase. “Llevo doce años, creo que soy la más antigua”, señala. Y sus compañeras responden positivamente. “Somos muchas, pero todavía tenemos huecos para cubrir por los que nos quieran ayudar”, apostilla González, que es la que sostiene el cuadro de Favila cuando llega el momento de hacer la foto que acompaña este artículo.

“Pero no todo es aprender español. Hacemos visitas, llamamos a gente como Favila para que nos enseñe eso que sabe mejor...”, explica López. Se ponen a pensar todas las voluntarias y se asustan: “Si de todo esto hace ya algunos años”, dicen casi a coro. El que no dice nada es Favila. “Lo fuimos dejando, pero necesitábamos hacer este reconocimiento”, se disculpan.

La marroquí Fátima Isusi y la portuguesa Franscisca dos Santos estuvieron “en representación de todas las demás”, aunque “no son todas mujeres”, apostilla López, que es la que toma la palabra para sintetizar las actividades que llevan a cabo: enseñar el idioma y enseñar a vivir en un país extranjero. Las dos alumnas, agradecidas, sonríen cuando recuperan lo que Favila les enseñó en aquella tarde en el Jardín Francés que tanto le ha marcado: “Nunca había tenido una audiencia tan heterogénea, de tantos países”, confirma.

–Era como la ONU –apunta al otro lado del aula la profesora jubilada.

Las actividades de la Cruz Roja no han parado. Ni siquiera cuando paró el país por causa de la tragedia del covid. “Durante el confinamiento hice más de mil llamadas a las personas con las que traspasamos. Desde cómo te encuentras a qué es lo que necesitas”, señala Sole Fernández.

Favila y las mujeres que le rindieron homenaje quedaron citados para seguir haciendo inolvidable el hecho de ayudar “con lo que uno sabe”, cierra.

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