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El albergue de transeúntes lleva 15 meses con ocupación completa de sus 24 plazas

La epidemia de covid ha modificado el régimen del centro, que ahora fomenta estancias más largas para funcionar a modo de “burbuja”

Uno de los usuarios del Albergue desinfecta sus zapatos en la entrada.

Uno de los usuarios del Albergue desinfecta sus zapatos en la entrada.

Nunca en los 14 años que lleva funcionando se había dado una situación como la que afecta al albergue de transeúntes de Avilés: desde que en marzo de 2020 se declaró el estado de alarma debido a la epidemia de covid-19 registra plena ocupación de sus 24 plazas. Esto supone que durante 15 meses y medio seguidos, los recursos del centro han estado exigidos al máximo; los dormitorios, llenos; y el comedor, al cien por ciento. Y es que la emergencia sanitaria ha obligado a modificar el régimen ordinario de funcionamiento del albergue para salvaguardar la salud tanto de los usuarios como de los trabajadores, que ya acostumbrados a la nueva pauta ven más ventajas que inconvenientes en el hecho de tener todos los días colgado el letrero de “completo”.

“El 13 de marzo de 2020 (el día que se declaró el estado de alarma, confinamiento domiciliario incluido), fue crítico para nosotros: surgieron dudas sobre si debíamos cerrar o seguir abiertos. Esa elección no fue difícil: cerrar –cosa que se hizo en otras partes de España– hubiera supuesto un drama para las personas sin hogar. Pero seguir abiertos generó muchas dudas en relación a cómo reorganizar nuestra actividad y cómo protegernos tanto los trabajadores como los usuarios frente a la amenaza del virus”, relata Cruz Fernández Heres, la responsable del albergue desde su apertura en 2007.

Entre otras medidas obvias (uso de mascarillas e hidrogel, suspensión de las salidas a la calle no imprescindibles durante los días de confinamiento forzoso, etcétera) el albergue de transeúntes de Avilés decidió crear una burbuja. Para ello dio la posibilidad de extender el tiempo de permanencia en el centro –de hecho lo fomentó– y procuró tender vínculos “familiares” entre los residentes al objeto de conseguir la deseada “burbuja”.

El resultado fue que frente a estancias que raramente iban más allá de dos semanas en tiempos anteriores al covid, la permanencia de los usuarios ha pasado a ser de meses y en ningún caso inferior a quince días. Un dato estadístico evidencia este cambio en el perfil de los usuarios: “En los años normales, entendiendo por ello los anteriores a 2020, pasaba una media de cien personas por el albergue. Y desde abril de 2020 solo hemos tenido a 38 personas distintas, de las cuales solo tres fueron primeras estancias”, detalla la trabajadora social.

Dado que la capacidad del albergue de transeúntes de Avilés es de 24 plazas –“si bien siempre procuramos tener una o dos plazas disponibles para posibles emergencias o llegadas a horas intempestivas”, apunta Cruz Fernández–, lo que se produjo en Asturias durante los últimos meses es una cierta rotación de personas sin techo entre los centros de acogida en funcionamiento en Avilés, Oviedo y Gijón. “Estamos funcionando como tres burbujas dentro de una burbuja más grande, y de ese modo creemos estar en condiciones de minimizar el riesgo de un brote de covid o, si desgraciadamente se produjera, limitar su gravedad”, explica la responsable del albergue, en el que, ciertamente, no hubo que lamentar casos de coronavirus hasta la fecha.

Del mismo modo que se reajustaron horarios, protocolos y medios humanos para mantener la actividad residencial del albergue de transeúntes a pleno rendimiento, las ocho trabajadoras sociales del albergue –que se reparten entre educadoras, integradoras y cuidadoras– reprogramaron los proyectos de intervención social al darse cuenta de que disponer de más tiempo para trabajar con los beneficiarios les daba la oportunidad de mejorar la eficacia de los mismos.

“La sensación de haber montado una familia, el estrechamiento de vínculos que ha propiciado el covid, está siendo una experiencia muy positiva. Entre otras cosas, ha hecho posible que trabajemos con más margen de tiempo y que organicemos actividades antes impensables, como por ejemplo excursiones para conocer diferentes realidades de Avilés y su comarca. Todo esto ha generado un gran apego de los transeúntes por la ciudad y en algunos casos ese ha sido el detonante, el extra de motivación que necesitaban algunas personas para decidirse a dejar la calle e iniciar otro tipo de vida”, comenta Cruz Fernández.

R. Solís Escaparate del Albergue de Avilés.

Un rincón playero a pie de calle

El albergue de transeúntes de Avilés exhibe en su escaparate un diorama inspirado por los elementos más característicos de la ría de Avilés y la playa de Salinas. Con la llegada del verano, y tras haber dedicado su “ventana a la calle” a la Semana Santa, el albergue hace un guiño al calor, al ocio y a los días de playa. Detrás del trabajo, enteramente artesanal, está la maña como maquetista del onubense Fermín Gómez, un “sin techo” que ha rehecho su vida en Avilés. En la imagen, la recreación de los espacios marítimos de Avilés y Salinas, en la que no faltan surfistas en la playa, la rula, el Museo de Anclas o el mirador de La Peñona.

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