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El presidente electo de Chile, un indigenista contra el Rey de la Patagonia nacido en Avilés

Gabriel Boric pidió, sin éxito, retirar la calle dedicada al empresario avilesino José Menéndez en Punta Arenas por la masacre de los selk’nam

Gabriel Boric, camino de la reunión con Sebastián Piñera en el Palacio de la Moneda, acompañado, este lunes, de su jefa de campaña, Izkia Siches

Gabriel Boric Font (Punta Arenas, 1986) ha dejado lejos a aquel líder estudiantil que, tras haber militado de adolescente en el grupúsculo Intransigencia Izquierda Insurreccionalista (I3), presidió la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile (Fech) y comenzó a reclamar en la calle una educación gratuita y de calidad en uno de los países más caros del mundo para estudiar. Tuvo tanto éxito aquel movimiento que el entonces presidente Pedro Piñera –de padres asturianos– tuvo que introducir el tema de la educación en su agenda. Poco después, Boric, junto a otros tres líderes estudiantiles, Giorgio Jackson, Camila Vallejo y Karol Cariola, logró hacerse con una plaza de diputado sin tener que plegarse a la disciplina de los partidos tradicionales. Tenía 28 años.

El flamante presidente electo nació en el extremo más meridional de Chile, la región de Magallanes y la Antártida chilena, con capital en Punta Arenas. Allí llegó a fines del XIX su bisabuelo croata, en plena fiebre del oro en la isla Lennox. Su tío abuelo Vladimiro fue el primero obispo de Punta Arenas. Su padre Luis Javier, ingeniero químico, es militante de Democracia Cristiana (DC). Su madre, la catalana de Badalona María Soledad, forma parte del movimiento apostólico Schoenstatt. De pequeño quería ser futbolista y es una fanático del Unión Católica (UC) de Santiago.

Gabriel Boric Font, hace siete años Gabriel Boric Font. DIPUTADO CHILENO| facebook

En Punta Arenas, donde estudió en la British School –uno de los más elitistas de la ciudad– tuvo más de una ocasión de encontrarse con la figura del magnate avilesino José Menéndez (1846-1918), llamado el Rey de la Patagonia, que tenía en esa ciudad su centro de operaciones. “Menéndez tiene una calle en Punta Arenas, también un busto en la plaza de Armas y hay un museo de la familia. Actualmente ya no quedan miembros de la familia Menéndez en Punta Arenas. Se fueron todos a Buenos Aires, que es además donde está enterrado José Menéndez”, contaba Gabriel Boric en 2014 a LA NUEVA ESPAÑA en una entrevista en exclusiva.

Un año después de ser nombrado diputado, en 2014, Boric sorprendió con una inusitada petición: abrir una comisión para determinar si José Menéndez debía seguir teniendo una calle en Punta Arenas. El diputado esgrimía, entre otras, las investigaciones realizadas por un historiador, el gijonés José Luis Alonso Marchante, autor de la biografía definitiva de Menéndez, que reseñaba las brutales prácticas animadas por el empresario nacido en la parroquia avilesina de Santo Domingo de Miranda. Y es que llegó a pagar por las orejas arrancadas a los indios. A Menéndez le responsabilizan de haber exterminado a los selk’nam de la Tierra del Fuego.

En la entrevista de hace siete años, Gabriel Boric sostenía que los chilenos tenían la obligación de sacar a la luz su “historia oculta de maltrato y exterminio a los pueblos originarios”. Y es que, según sostenía, “la calle a José Menéndez se puso durante la dictadura, que defendía una historia muy elitista que ha ocultado lo que ocurrió”.

Boric se decía en aquel entonces admirador y muy cercano a Pablo Iglesias y Podemos, aunque por aquella época no se conocían. “Tenemos que revisar nuestra historia, recuperar la historia oculta de maltrato y exterminio a los pueblos indígenas, en un país demasiado acostumbrado a los homenajes a las élites, a las castas, por usar el término que utiliza Pablo Iglesias”, aseguraba.

Superar el bipartidismo

“En Chile estamos viviendo un proceso muy parecido al de España, un bipartidismo que ya no satisface las aspiraciones de los ciudadanos. Somos muchos los que queremos formar una nueva fuerza política que supere el bipartidismo, desde una visión crítica de los socialismos reales”, aseguraba. Dicho y hecho. Tras llegar al parlamento de Valparaíso, se lanzó a forjar el Frente Amplio, la plataforma política con la que ha llegado al Palacio de La Moneda, superando al ultraderechista Felipe Kast, y también los históricos impulsos fratricidas de la izquierda autonomista a la que pertenece.

La política no le cambió mucho: continuó desplazándose en “micro” al Congreso, alquiló un apartamento en el cerro Yungay, un barrio popular de Valparaíso, y continuó “carreteando” con sus amigos. “El representante del pueblo tiene que seguir viviendo como la mayoría del pueblo”, decía.

Su discurso directo, contundente y abiertamente contrario al “establishment” le valieron la etiqueta de “enfant terrible” de la política chilena. Boric pasó a ampliar el foco, alejándose de la marginalidad y el radicalismo. En octubre de 2019 se producía el gran estallido social en Chile, que Boric supo capitalizar, siendo uno de los principales impulsores del “acuerdo de paz” que buscó una salida a la crisis con un pacto entre todos los partidos para elaborar una nueva Constitución que superase la aprobada por el régimen pinochetista. Esto le alejó definitivamente de la izquierda más radical y le acercó a la moderada, lo que, a la postre, le ha valido ser elegido presidente, el más joven de la historia de Chile.

Por cierto, que Boric no tuvo éxito con su iniciativa de 2014. José Menéndez aún mantiene su calle en Punta Arenas, paralela a otra dedicada a Cristóbal Colón.

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