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La nave de la expedición de Magallanes toca puerto en Avilés

La nao “Victoria” atraca en el muelle del Niemeyer para contar la I Vuelta al Mundo

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La nao "Victoria" atraca en el puerto de Avilés María Fuentes

Lo que quiere el monitor es que los chavales del colegio Marcelo Gago desembarquen sabiendo que han estado a bordo de la nao “Victoria”, el barco que gobernó Fernando Magallanes con la misión de arribar a las islas Molucas, las de las especias; el mismo barco que, unos meses después, en 1522, regresó a España con Juan Sebastián El Cano a cargo de lo que quedaba de la expedición que había salido en 1519 en pos de lo desconocido.

–¿Qué traía en las bodegas? –pregunta el monitor de la nao reproducida a escala real que se construyó hace treinta años para servir de imán en la Expo de Sevilla, la del Quinto Centenario del Descubrimiento. Este de ahora es también un Quinto Centenario, pero el del final de la Primera Vuelta al Mundo.

La dio el barco en que se inspira el que está desde ayer en la dársena de San Agustín (muelle del Niemeyer) y de la que reemprenderá aventura este domingo con rumbo a Laredo, en la provincia de Cantabria. “Durante todo este verano estaremos en el Cantábrico”, señala Eduina Rodríguez, la “Project Manager” del museo histórico marino, la encargada de explicar a los periodistas qué esconde la nao que lleva surcando los mares desde hace más de tres décadas. “Entre 2004 y 2006 dimos una vuelta al mundo: nos dirigíamos a la Exposición Universal de Japón”, aclara Rodríguez, que se refiere al encuentro que se organizó en la localidad nipona de Aichi.

Los primeros visitantes de la nao “Victoria”, los que atienden las explicaciones del monitor, son escolares de Infantil del colegio Marcelo Gago. Ahí están los guajes atendiendo las explicaciones.

“Vienen de La Coruña y tienen previsto navegar hasta más allá de Burdeos durante todo el verano”, explica Rodríguez. Rodríguez no navega: apoya a los aventureros en coche: en el barco estos días andan diez personas (entre trabajadores y voluntarios): “Algunos menos de los que necesitamos para poner esto en marcha”, reconoce Rodríguez. La tripulación de Magallanes rondaba el medio centenar de hombres: “Donde comían, dormían”, explica la “Project Manager”, que señala la cubierta negra. El próximo día 8 de septiembre está previsto que la reproducción participe en el gran festival de la Primera Vuelta al Mundo de la historias. Será en Sevilla. “Ahora tenemos mejores servicios”, bromea Rodríguez.

Las maestras del Marcelo Gago sientan a los chavales en la cubierta de la “Victoria” –“tiene los mismos materiales originales: roble y pino”, aclara Rodríguez. “La diferencia es que la nave del Cano no estaba pintada de negro: era alquitrán”, aclara el enlace con la prensa de la fundación Nao Victoria, la entidad propietaria del barco que estos días duerme en Avilés–. Allí aprenden los tres conceptos que el monitor quiere que los guajes se lleven para casa:

–¿Cómo se llamaba este barco?

–“Naovictoria” –recitan todo seguido.

Y luego viene lo de las especies. Y sale el orégano. Y el clavo.

–El clavo era muy caro. ¿Queréis ver el clavo?

–Sí, queremos ver los clavos.

Pero no hay ninguno. Uno de los chavales, más curioso, se preocupa:

–¿Y hay garfios?

Le dicen que no.

Lo que sí que hay es una reconstrucción del camarote del capitán Magallanes, el que heredó El Cano, cuando el primero cayó al otro lado del planeta. Esto no se lo cuentan a los escolares –tienen 3 o 4 años–.

–¿Mola? –pregunta el periodista.

Y claro que mola. Hay dos cañones pequeñinos que se mueven, dos escaleras de madera empinada, un barco con treinta años que, en realidad, se inspira en uno que pasa de los cinco siglos.

Las visitas siguen lo que queda de semana. El domingo embarcan los miembros de la asociación Pedro Menéndez. El avilesino tenía tres años cuando lo de Magallanes y la nao “Victoria”.

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