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La guerra adelantará 20 años el uso del hidrógeno, dicen los expertos de La Granda

La invasión de Ucrania evidencia, según los analistas, la necesidad de dejar los hidrocarburos antes de 2030 para no depender del gas ruso

Participantes en el seminario de los cursos de La Granda sobre energía. Mara Villamuza

Rocío Prieto, que es la responsable del gas de la Comisión Nacional del Mercado de la Competencia (CNMC), explicó, entre otras cosas, que la guerra de Ucrania está sirviendo a la Unión Europea (UE) para materializar con rapidez su apuesta por el hidrógeno y los biocombustibles; es decir, para dejar marcado el límite para la descarbonización (el abandono de los combustibles fósiles) en 2030, cuando ahora está fijado en 2050. Y esto es así porque el continente ya es consciente de su dependencia absoluta del gas que administra la república de Rusia. Para Prieto –que se hizo eco de los legisladores europeos– esta debilidad debe subsanarse con celeridad. «Y en eso están los estados miembros», señaló en su intervención de ayer, en el seminario «Seguridad, sostenibilidad y economía: el trilema energético» que promueve el Club de la Energía y que estuvo incluido en los Cursos de La Granda y que ayer se despidió después de dos sesiones intensas.

Prieto explicó las decisiones sobre los nuevos mecanismos energéticos europeos aprobados «desde diciembre del año pasado, que parece que fue hace mucho, pero sólo han pasado ocho meses». Estas medidas se vieron interrumpidas por la invasión rusa de Ucrania de finales de febrero. «En diciembre, el precio del gas empezaba a subir porque los movimientos de Rusia no eran previsibles. Lo que hace la UE es una directiva para empezar a salvarse porque se da cuenta de que no puede llegar a 2050 con la meta de un 33 por ciento de gas fósil. Lo que se decide entonces, ya en marzo de este año, es que la apuesta tiene que ser por el hidrógeno y los biogases», señaló la experta. Y en mayo se aprueban las medidas adelantadas dos meses antes (son las actuales). Lo que sucede es que no hay decisiones cerradas. Y entre esas decisiones por discutir están elementos tan sutiles como si el transporte de estos gases generan tributos, cómo se desarrollan los gasoductos... A esto es lo que se llama en la UE «Repower». Y, entre otras cosas, señala que hay que establecer «un objetivo de 10 millones de toneladas de producción nacional de hidrógeno renovable y de 10 millones de toneladas de importaciones para 2030, a fin de sustituir el gas natural, el carbón y el petróleo en industrias y sectores del transporte difíciles de descarbonizar». Y todas estas prisas las calienta la guerra.

«El mercado te está informando de que tienes un problema con el gas y te dice que pares de consumir gas», explicó Rafael Gómez-Elvira, del Operador del Mercado Eléctrico español. «Al mercado no se le puede culpar de algo que vamos conociendo desde hace años», añadió. «En 2014 ya era evidente que Putin iba a utilizar la energía como un arma política porque Rusia tenía un apetito expansionista insaciable», admitió. «Ahora, que se ha desencadenado la crisis y ponemos la vista atrás, nos damos cuenta de que no hemos hecho otra cosa que incrementar el consumo de millardos de metros cúbicos de gas», explicó. «Hemos doblado la capacidad de importación del gas ruso», apostilló el experto, que rechazó la intervención del mercado europeo de la energía «con medidas nacionales: ¡Qué locura, no!» Gómez-Elvira pidió a los estados miembros: «Hay que estar a la altura de las circunstancias: el Consejo Europeo y los estados miembros se tienen que poner de acuerdo en un mecanismo de intervención porque tenemos una economía de guerra, y no lo han hecho todavía», se lamentó el experto.

Javier Contreras, de Nortegas, recordó que «hace veinte años» los comercializadores de gas españoles habían advertido a la UE de la necesidad de hacer infraestructuras de conexión de gas a través del continente, «pero no lo vieron relevante». Lo que ha hecho la guerra es revelar «la alta dependencia» de los rusos. Y para esto está el hidrógeno: «Y los siete puntos de entrada de gas licuado en España».

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