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Primitivo Abella

Que vuelva la Endasa

Sobre el aluminio en Avilés

La salida de Alcoa de la comarca de Avilés tiene muchas enseñanzas de futuro si se analiza lo que pasó para no repetir errores. Cuando Pittsburg lanzó su primera amenaza de cierre, los sindicatos movilizaron a la sociedad avilesina. En la mente de todos y todas estaba la defensa del futuro del aluminio y la lucha contra las deslocalizaciones industriales. Aquello generó energía colectiva pero quienes tenían la obligación de marcar rumbo no tenían norte ni mapa. Salimos a la calle detrás de una pancarta que pedía que el gobierno subvencionase a la empresa, es decir, que aceptase el chantaje. Así fue, el estado se plegó y, una vez más, subvencionó los costes eléctricos de la empresa. El dinero público sirvió para calmar a la bestia por un tiempo.

Cuando la bestia volvió a rugir hubo quien pensó que estábamos en una repetición de la misma jugada así que si antes había funcionado volvería a funcionar. La movilización se inició con la misma bandera: dinero público para reducir el precio de la energía. Sin embargo, esta vez, un sector de la plantilla ya era consciente de la realidad y de la alternativa a la situación. Frente a la consigna de la subvención pública para Alcoa en su versión “Estatuto electrointensivo” en aquella manifestación masiva por las calles de Avilés se gritó con ganas “Alcoa pa casa, que vuelva la Endasa”. En la cabecera no se enteraron o pensaban lo que dijo uno de ellos posteriormente: “eso es imposible”. Lo posible era, a juicio de quienes dirigían la lucha, que el estado favoreciese la venta de las factorías a otra empresa poniéndoselo fácil con la factura de la luz.

Alcoa tomó el camino que están siguiendo últimamente las multinacionales en muchos países. Pasarle el pufo a un liquidador. Al casting que la empresa hizo para vender solo se presentaron fondos buitre, unos con más pinta de buitre y otros con más pinta de cuervo. No podía ser de otra manera, Alcoa no quería un proyecto industrial competitivo, quería liquidar la producción de aluminio que viene del estado español y sustituirlo por aluminio saudí, mucho más barato. Parecía evidente, pero la mayor parte de los partidos políticos y sindicatos aplaudieron la venta con mayor o menor convencimiento. Creer en el proyecto industrial de Parter era como creer en unicornios pero la alternativa suponía defender la intervención del estado y eso, para algunos era imposible y para otros peligroso, un aplauso al pensamiento socialista. Las mentes sensatas y posibilistas continuaron entonces con el discurso del estatuto electrointensivo “demos dinero a Parter para que desarrolle su proyecto” algo así como “demos de comer azafrán a ese caballo para que le salga un cuerno”.

Parter hizo lo que le correspondía en este teatro. Vendió a un grupo empresarial especializado en el ramo del fraude y la suspensión de pagos. El negocio se vende bien: Alcoa te paga los salarios hasta el 31 de Julio de 2021 y mientras tanto vas vendiendo maquinaria y arramblando con todo lo que puedas. Cuando el nuevo jefe se presenta en la factoría en chándal y sin mascarilla hasta los más ingenuos toman conciencia “éste, de aluminio sabe poco”. A partir de ese día el discurso cambia y lo que antes era imposible pasa a ser lo único posible y hasta quienes se tomaron a broma la petición de intervención estatal empiezan a conjugar el verbo nacionalizar. Mientras tanto, en otro planeta, los defensores de la ley de la selva siguen confiando en una solución que venga del cielo porque tienen más miedo al intervencionismo estatal que a la deslocalización.

La enseñanza de esta historia debiera modificar los planteamientos sindicales y políticos que enfrentan estos movimientos de las multinacionales aceptando el chantaje y convirtiéndose en voceros involuntarios de sus consejos de administración. La cuenta atrás al cierre definitivo se acerca a cero, el caballo fartucó de comer azafrán y el cuerno no le creció. Lo imposible ahora es lo único posible. Que vuelva la Endasa.

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