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Francisco Sánchez

Vita brevis

Francisco Sánchez

El bicho indio

La dimensión “gigantesca” de la India y las catástrofes de grandes magnitudes

Se cuenta una anécdota que seguramente es falsa de toda falsedad, pero tiene su gracia. Se dice que, cuando Vasco de Gama llegó a la India, coincidió que se produjo un pequeño terremoto. Entonces el explorador, espada en ristre, dijo: “No tiembles tierra, que no te hago nada”.

Vasco de Gama fue el primer europeo que llegó a la India en una navegación circundando África. Pero por allí ya pululaban comerciantes árabes, que en su primer viaje encontró y le preguntaron qué diablos hacía por aquellas tierras. Les respondió que buscaba cristianos y especias. Estas eran la ambición de los comerciantes de entonces, porque valían más que el oro. En su busca fueron los portugueses y luego los holandeses, los franceses y los ingleses, que establecieron puestos comerciales a lo largo de la costa del continente indio. Acabó casi todo en manos de los ingleses, aunque los portugueses mantuvieron en su poder Goa hasta la independencia de la India después de la II Guerra Mundial.

La India en los mapas no manifiesta su verdadera dimensión, que es gigantesca. Esa inmensidad se percibe viajando por el Sur, que es la parte más estrecha, entre Chennai, que antes se llamaba Madrás, en el estado de Tamil Nadu, hasta Cochín, en el estado de Kerala, a donde llegó Vasco de Gama. Naturalmente también es abrumador el número de sus habitantes, que supera los mil trescientos millones. Para hacerse una idea de lo grande que es allí todo, basta con decir que es el país con mas musulmanes del mundo, aunque allí son una minoría de un 14 por 100, más o menos.

No es extraño, por tanto, que en la India las catástrofes tengan grandes magnitudes. Así que ahora el morciguillo chino se ha apoderado de la India y tiene a la vieja Europa preocupada, porque además se ha naturalizado, de tal manera que ya es el bicho indio, porque ha creado una doble mutación, que digo yo que será porque allí son politeístas, no como en Inglaterra, Sudáfrica o Brasil, donde sus gentes son monoteístas y, por eso, el bicho de esos sitios mutó una sola vez.

No andan muy bien surtidos de hospitales por allí, de modo que están hasta los topes, que han agotado las camas y el oxígeno, de tal manera que usan hasta los coches para depositar a los enfermos. Y, claro, mueren como chinches, que no dan abasto a hacer barbacoas de cadáveres, siguiendo la costumbre de allí de incinerar a los difuntos quemándolos con leña, como las chuletas de cordero al sarmiento. Los barberos deben estar haciendo su agosto, porque también existe allí la costumbre de que los deudos de los difuntos se afeiten la cabeza para la ocasión.

Y los brahmanes, pintando la frente con esas marcas de colores tan vistosas, que sólo hacen si se les dan unas cuantas rupias. Y los guardianes de los elefantes que se apostan a la entrada de los templos, que bendicen con las trompas sobre las cabezas de los fieles, a cambio de unos billetes que recoge previamente el propio dios Ganesh vivo con su trompa y se los entrega al cuidador, que es una experiencia religiosa primigenia con un animal divino.

El caso es que casi todos los países europeos se han cagado por la pata para abajo ante estas noticias y han blindado sus aeropuertos a los viajeros indios, aunque han ofrecido ayudas, que no se sabe cuándo llegarán. Esperemos que no se les ocurra enviar vacunas, porque allí hay tres laboratorios que las fabrican a millonadas de unidades y las exportan a todo el mundo, que de eso no les falta.

El bicho indio ya ha llegado a España, que un barco procedente de allí y con tripulación nativa ha arribado a Galicia, donde han tenido que internar a varios de ellos. Ahora que en pocos días se nos acaba la dictadura del estado de alarma y ya andamos vacunados bastantes, nos llega el bicho indio con sus dos mutaciones, que esperemos que no sea más dañino que los polvos de alegres colores pastel de la fiesta del Holi.

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