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Marisol Delgado

Mente sana

Marisol Delgado

La lucha es el único camino

Una reflexión sobre las trabajadoras de ayuda a domicilio

Explotadas, agotadas, ninguneadas…, y, aun así, dando siempre lo mejor de vosotras mismas para que a miles de personas en Asturias (casi todas mayores) no les falten la atención, los cuidados y hasta las cariñosas sonrisas que les ayudan a estar y a sentirse mejor. Incluso en los difíciles meses de la pandemia, aparcasteis el natural temor, precarizadas y con apenas medios, atendiendo lo mejor que podíais a una población tan vulnerable como necesitada.

Expuestas de forma sistemática a ritmos de trabajo extenuantes, a los que se unen unos tiempos de descanso que se diluyen prácticamente en los desplazamientos –que alguien me explique cómo se puede estar, por ejemplo, de 8 a 9 en un domicilio del barrio del Carbayedo, de 9 a 10 en otro de Llano Ponte, de 10 a 11 en el Nodo y así hasta terminar la jornada. Salvo que os podáis teletransportar, no me salen las cuentas–.

Y qué decir del reconocimiento social… Roza la invisibilidad. Los altavoces mediáticos están siendo copados por banqueros, empresarios de hostelería, dirigentes del transporte y mandamases de suministros varios, quejándose a todas horas en primera plana y en programas de elevada audiencia, pobrecitos ellos.

Vuestras indignas condiciones de trabajo ya quedaron reflejadas a primeros de este año en un estudio de la Universidad de Oviedo de Sandra Dema, profesora del departamento de Sociología, y María Estébanez, estudiante de Relaciones laborales y Recursos humanos, pero lo cierto es que, vosotras, las auxiliares sociosanitarias de ayuda a domicilio lleváis demasiado tiempo siendo las grandes olvidadas. No parecía importante que fuerais avisando de vuestras cargadas ‘mochilas’ físicas y emocionales; que alzarais la voz, alto y claro, sobre el impacto de las condiciones laborales en vuestra salud mental –la factura de la precariedad y del sobreesfuerzo siempre acaba llegando–; que expusierais las dificultades de desplazaros de un domicilio a otro, dificultades más evidentes aún en el medio rural; que pidierais computar esos desplazamientos como tiempo de trabajo; o que reclamaseis que vuestra labor pública dejara de estar en manos de subcontratadas empresas privadas. Nunca os han tomado en serio.

Hasta ahora.

¿Quién puede cuestionar ahora vuestro derecho a luchar para que se os reconozca un nuevo y justo convenio (vergonzoso, por cierto, lo que os habían propuesto), para que se respeten vuestros derechos, vuestra salud, vuestra dignidad…?

Sois esenciales y, con razón, estáis hartas. Esta vez tendrán que escucharos… Como cantaba Cher en "Working girl", "sois peones en la lucha, en la lucha interminable por sobrevivir".

Porque a nadie le quepa la menor duda de que es esta una lucha por la supervivencia, por la vuestra, por la nuestra, por la de todas las personas que os necesitan, por la de todas las personas que os necesitaremos.

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