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Carreño

Una batuta americana en Candás

David Moen lleva diez años dirigiendo la Banda de Música local, que considera "un ejemplo de aprendizaje y motivación"

David Moen, con uno de sus hijos, en la plaza de la Gesta, en Oviedo.

David Moen, con uno de sus hijos, en la plaza de la Gesta, en Oviedo. M. G. SALAS

David Moen recuerda a la perfección el primer día en el que agitó su batuta estadounidense en tierra carreñense. Era un sábado, a las diez de la mañana, en el local de la Banda de Música de Candás. "Me horrorizaba la idea de tener que coger el coche tan temprano desde Oviedo, pero había que hacerlo; tenía inquietudes por dirigir a un grupo", cuenta. Sin embargo, ese pensamiento pronto cambió. "Descubrí un lugar especial, pegado al mar y con un ambiente de aprendizaje muy bueno", precisa, en perfecto castellano. Así que lo que en un principio parecía un sacrificio rápidamente se tornó en todo lo contrario: una diversión que continúa en el presente y que Moen compagina con su trabajo como músico en la Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias (OSPA).

Ya han pasado diez años desde aquel momento, aunque en su cabeza todavía parece que fue ayer. "Es increíble, el tiempo pasa volando", dice, sumergido en el pasado. Y sí que pasa, porque en la Banda de Música de Candás han tocado muchos alumnos. Todos ellos con las mismas ganas de aprender y de crecer en su carrera musical. Es esa motivación la que, a juicio de Moen, hace especial y única la agrupación local. "Es una banda de pueblo, casi sin recursos económicos, pero, en cambio, tiene lo más grande: motivación. Aquí nadie está por ganar dinero, sino porque quiere mejorar y le gusta la música por encima de otras cosas. Hay que tener en cuenta que el chaval sacrifica las mañanas de los sábados para venir a ensayar, después de estar estudiando toda la semana", explica.

Y la entidad candasina puede presumir de tener más de 60 alumnos en esa situación. Quizá la motivación venga dada por el ambiente cercano y familiar que se crea en las clases y también en los conciertos, donde los estudiantes incluso llegan a compartir asiento con sus maestros o con el propio presidente de la formación, José Miguel Karrera- Génova. Allí, todos tocan música desde el corazón. Y esa es una cualidad que David Moen quiere mantener. Al final, no hay más meta que esa: conservar lo que se ha construido, aunque sea difícil. "Puede venir el viento y llevarse por delante el edificio en cualquier momento, por eso tenemos que luchar por preservar en los próximos años este ambiente tan agradable de músicos", insiste.

Eso sí, David Moen, de 52 años, también tiene un sueño, que confía en que se haga realidad no muy tarde. Y no es otro que la construcción de un nuevo local para la Banda de Música de Candás, que no acaba de llegar, pese a que el proyecto se presupuestó con cargo al "plan A" de reactivación económica. Un supuesto error administrativo en 2010, reconocido por el Principado de Asturias, acabó con la ilusión de los músicos locales. A raíz de esa circunstancia, la Consejería de Cultura suspendió el expediente de contratación de las obras por falta de crédito. "Fue una decepción enorme para nosotros", dice Moen. Aunque no por eso tira la toalla. "Yo no pierdo la esperanza. Además, esto es como una iglesia; la congregación, que es lo más importante, la tenemos. La construcción ya vendrá", sostiene con optimismo. Mientras tanto, a la banda no le queda más remedio que seguir alojada en un módulo prefabricado, con humedades y con un deficiente aislamiento térmico, que lleva siendo su casa desde hace ya más de 18 años.

Al margen de dirigir la Banda de Música de Candás, David Moen también es tuba en la Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias De hecho, nunca hubiese llegado a la región, procedente de Arkansas (Estados Unidos), si no hubiese sido por este trabajo, al que accedió ya en 1992. "Me costó irme de mi país, porque uno siempre tiene una unión muy fuerte a su tierra, pero la verdad es que me encuentro muy bien aquí y tengo una familia", comenta, precisamente, junto a uno de sus hijos, Joel Moen.

Después de tantos años, asegura que en la OSPA sigue sintiéndose tan vivo como el primer día, aunque aclara que hoy necesita también la dirección en Candás. "Hay cierta belleza en poder hacer las dos cosas; además, creo que se complementan y me ayudan a entender mejor la música. Lo bonito de dirigir una banda son los retos que te pones a la hora de preparar conciertos y la forma tan intensa que tienes de enseñar", comenta. Por todo ello, Moen ni se plantea dejar de agitar su batuta en la formación local. "Eso sería peor que cambiarme de país", concluye entre risas.

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