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Candás tiene un negocio bajo el mar

El puerto local, el que más ocle descargó en 2014 en Asturias, no aprovecha las algas como hacen en Galicia, donde ya han comenzado a comercializarlas

Candás tiene un negocio bajo el mar

Candás tiene un negocio bajo el mar

Frente a la pérdida de rentabilidad económica de la pesca y el marisqueo tradicional, la extracción y comercialización de algas es el presente y también el futuro. Así lo ven al menos los pescadores de Bayona (Pontevedra). El Ayuntamiento de esta localidad gallega ha impulsado un proyecto para explotar este recurso marino tan abundante, pero a menudo despreciado. El plan, que ha consistido en la formación de varios marineros de la cofradía de pescadores local, pretende aumentar este año la oferta de trabajo en la zona, al mismo tiempo que potenciar su sector turístico. La Xunta de Galicia ha concedido diez permisos para mariscadores de a pie y cuatro para embarcaciones. Las extracciones comenzarán en primavera y se prevé que con ellas el municipio ingrese 120.000 euros.

Candás bien podría seguir este planteamiento. Fue en 2014 el puerto asturiano en el que más ocle se descargó. En total 1.267.956 kilos, la mejor cifra de la última década, según datos de la Dirección General de Pesca. Este incremento, explican los profesionales del sector, se debe a que los campos de mayor producción de algas se localizan en los alrededores.

Sin embargo, en Candás no hay ningún vecino que se encargue de su recolección y mucho menos de su comercialización. Todo lo que sale del concejo se lo llevan pescadores luanquinos, que venden la materia prima a empresas españolas para la producción de agar agar (una gelatina vegetal), pero que no acaban de ver su verdadero negocio: la comercialización para uso alimenticio.

Galicia, que tiene prácticamente los mismo tipos de algas que Asturias, hace tiempo que explota este sector. De ello se encargan, a día de hoy, una veintena de cofradías y casi una decena de empresas. Algunas de ellas de fama nacional, como Porto-Muiños, en Cerceda (A Coruña), y Algamar, en Pazos de Borbén. Las dos exportan algas a toda Europa y suministran a los principales restaurantes del país y de la región. En total, cada una vende entre 15.000 y 20.000 kilos de algas al año, factura cerca de 3 millones de euros y da empleo directo a casi 30 personas. Candás, con tradición conservera, tendría capacidad e instalaciones suficientes para impulsar una empresa similar.

Las algas se utilizan como alimento humano desde la antigüedad, sobre todo en China, Japón y la península de Corea. En estos países, las verduras marinas representan el 25% de su dieta. Sirve de ejemplo el mítico sushi, que está hecho con la alga nori. Pero este consumo ha crecido en los últimos años en todo el mundo. En Zanzíbar, un archipiélago de Tanzania donde las mujeres llevan explotando las algas desde 1930, constituyen la principal fuente de ingresos después del turismo.

Candás, y Asturias en general, están desaprovechando la oportunidad de explotar un negocio bajo el mar en un momento, además, en el que Comisión Europea quiere potenciar la denominada "economía azul", es decir, el crecimiento sostenible de los sectores marino y marítimo.

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