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El Serida defiende que la avellana local cuente con una marca de calidad propia

"Disponer de variedades diferenciadas sería un punto de partida para la recuperación y modernización del cultivo", afirman los investigadores

El Serida defiende que la avellana local cuente con una marca de calidad propia

El Serida defiende que la avellana local cuente con una marca de calidad propia C. CORTE

La avellana tiene mucho potencial y futuro en Asturias. Lo dicen los investigadores del programa de genética vegetal del Servicio Regional de Investigación y Desarrollo Agroalimentario (Serida), Ana Campa y Juan José Ferreira.

Los especialistas defienden que las condiciones climáticas de la región son las mejores posibles para este cultivo, que cada vez contaría con mayor demanda por parte de empresas internacionales de alimentación. "Se dan muy bien en todo el norte en general, pero Asturias cuenta con ventajas respecto de Cataluña como que no hace falta regar dado que ya llueve mucho", resaltan. Reconocen que países como Turquía, Francia e Italia también son punteros en el sector, pero sacan pecho por el producto local. "Por su buen sabor no tienen competencia", proclaman.

Los investigadores apuntan a que en el pasado Asturias fue una de las principales regiones avellaneras de España, llegando a ser éste un cultivo de gran importancia para la economía y la gastronomía. La despoblación del medio rural fue la principal culpable de que la producción decreciera a finales del pasado siglo.

Quienes ahora quieren volver al campo se encuentran con un escollo: los viveros carecen de plantones de las variedades locales. Por eso, los miembros del Serida trabajan en un proyecto de conservación y caracterización morfológica (peso, color, tamaño, etcétera) de las avellanas asturianas que garantice su diversidad genética. En concreto, en la actualidad estudian más de medio centenar de tipos que, por su representatividad, fueron seleccionados entre 2003 y 2005, con ayuda del personal de Mas de Boder-IRTA (Reus, Tarragona), institución en la que se localiza el Banco Nacional de Frutos Secos. Dos clones de cada árbol injertado se incluyeron en la colección de campo que el Serida tiene en Villaviciosa para ver cómo se desarrollan bajo las mismas condiciones ambientales. "La intención es es seleccionar las cinco que presenten más potencial para ponerlas a disposición de los agricultores", explica Campa. El buen rendimiento de la almendra, la proporción entre la cáscara y el fruto y la resistencia a enfermedades son algunos de los criterios que tendrán en cuenta para seleccionar las "superavellanas". La escasez de recursos económicos y humanos hace que el proyecto no avance tan rápido como le gustaría, pero aún así confía en tener los resultados finales el próximo año. "Disponer de variedades locales diferenciadas sería un punto de partida para la recuperación y modernización de este cultivo", defiende Campa.

Una vez estén estén en el mercado los plantones, los investigadores del Serida destacan la importancia de que los agricultores den un paso adelante y se profesionalicen. "Tienen que tener una visión empresarial, conocer el coste de la producción para hacerla rentable. Calculo que treinta o cuarenta productores podrían vivir de la avellana en Asturias y, si se organizan en una cooperativa, pueden compartir maquinaria como la de descascarillar la avellana", destaca Ferreira. "El manejo es fácil, requiere poco más que algunas podas y mantener limpia la parcela. El producto no pudre rápido como, por ejemplo, el arándano, tiene larga vida en fresco o tostado", incide.

Para que las producciones sean sostenibles, los especialistas en genética vegetal hacen hincapié en la importancia de una mejor promoción y puesta en valor del consumo de la avellana asturiana. Como ejemplo de buen hacer ponen la Denominación de Origen Protegida (DOP) Avellana de Reus. "Nosotros también tenemos un producto diferenciado, único, pero le hace falta algo de marketing", concluyen.

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