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La Pola estrena párroco, que pide "dejar de vivir peleando unos contra otros"

"Se le ve un carácter muy bueno, siempre sonriendo", dicen los feligreses de Fermín Riaño, que se incorpora tras 30 años en Tailandia

Fermín Riaño, ayer, junto a la iglesia de San Pedro de la Pola, tras los servicios dominicales.

Fermín Riaño, ayer, junto a la iglesia de San Pedro de la Pola, tras los servicios dominicales. S. ARIAS

"Justicia y paz. Todavía vivimos peleando unos contra los otros y a veces hasta tomando las armas". El misionero Fermín Riaño ofreció ayer su primera eucaristía dominical en la parroquia de San Pedro de la Pola de Siero, adonde ha sido destinado tras casi 30 años en Udon Thani (Tailandia), en la frontera con Laos y Camboya. Una homilía en la que se presentó a los feligreses y trasladó un mensaje de paz y unidad y de agradecimiento a Dios por la vida, "por lo que nos da día tras día".

Inició el domingo con las tres misas habituales de la mañana y los feligreses le recibieron muy contentos. "Me gustó, parece un hombre muy sencillo", dijo José Ramón Paredes tras la eucaristía. Riaño estuvo acompañado por el capellán del acuartelamiento de Cabo Noval, Pedro Javier Barquín Ruiz, quien le visitó en varias ocasiones en su misión en Tailandia.

El párroco contó a los feligreses sobre su experiencia en el país asiático en sus tres décadas de misiones, con cuatro golpes de estado triunfales y otros tantos frustrados. Por ello alertó durante la homilía que la humanidad utiliza "armas" que a veces no son tanques ni pistolas "sino las palabras o los pensamientos".

Finalizó el sermón dominical de la misa de las 12.30 horas dando las gracias por iniciar su trabajo en la parroquia polesa. Y pidió a los fieles que no se olvidasen de rezar también por él "porque, aunque no estemos en Tailandia, aquí también necesito la oración, para dejarme cuidar y cuidar de vosotros", señaló Riaño.

Lo cierto es que la homilía del nuevo sacerdote, que sustituye a Juan Manuel Hevia, quien fue el párroco de la Pola en los últimos cuatro años, gustó a los feligreses presentes. Así lo valoraron al término de la misa, que coincidió con un tremendo aguacero. "Es el primer día y no se puede juzgar a nadie pero, de momento, bien, me gustó", dijo Orfelina Cimadevilla.

"Parece buena persona". Es lo que más repetían los feligreses tras la eucaristía. "Se le ve un carácter muy bueno", dijo Carmen Palicio, a lo que su amiga Tina Canal añadió: "Me llama la atención que está siempre sonriendo". Eso sí, deberán mejorar el sistema de sonido porque algunos asistentes no escuchaban bien las palabras del sacerdote, apuntó Elena Fonseca.

Un párroco que llega a la parroquia de la Pola con mucha ilusión y ganas tras ser el responsable de las Obras Misionales Pontificias en el país asiático. Lleva un año ya en España, adaptándose a la nueva encomienda que le delegó el Arzobispado de Oviedo, en Siero. Para ello, ha asistido a varios cursos para preparar su acción pastoral en Ávila y Manresa. A punto estuvo también de ir a Roma, pero la pandemia del covid-19 lo impidió.

Riaño, natural de Avilés, está aclimatándose a la vida en Asturias tras casi treinta años de misiones y lo lleva estupendamente, reconoce. Lo único, quizá, acostumbrarse al tiempo y a estar siempre calzado. Sus pies han andado por los que más necesitan en Tailandia y ahora caminará por los feligreses de la Pola.

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