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Fidelidad con premio en Bárzana

“Si volviera a nacer lo daría todo por Quirós”, dice Lucinda Fidalgo al recibir con su marido la medalla de oro municipal

El concejal socialista José Prieto entrega la medalla a Lucinda Fidalgo, con Paulino Arias a la derecha. | R. F. Osorio

El concejal socialista José Prieto entrega la medalla a Lucinda Fidalgo, con Paulino Arias a la derecha. | R. F. Osorio

“Si volviera a nacer lo daría todo por Quirós. Quirós lo primero”. Así sentenciaba Lucinda Fidalgo al recibir la medalla de oro del concejo. Ella y su marido, Paulino Arias, recibieron en la terraza de su casa las distinciones del concejo.

El alcalde quirosano, Rodrigo Suárez, y concejales de los tres grupos políticos con representación municipal (IU, PSOE y PP), estuvieron presentes en la entrega del diploma y de las medallas de oro, recibidas con agradecimiento y emoción. Fidalgo y Arias llevan medio siglo en la capital del concejo, donde regentaron durante 27 años el bar Nuevo. Al pie del cañón durante esas casi tres décadas dando bebida, comida a vecinos y foráneos, y alojamiento a médicos, veterinarios, maestros, tratantes y todos aquellos que se acercaban al municipio. En el acto también se recordó cómo acogieron durante años a alguna vecina que no tenía posibilidades económicas.

Abrieron en 1973 en el lugar donde hubo una farmacia, la de Castañón. Le pusieron a su local Peña de Alba, pero los parroquianos lo llamaron el bar Nuevo, denominación por la que se conoce hasta hoy, porque sigue abierto. Lucinda y Paulino tienen 89 años y son del pueblo de Faedo, donde vivían hasta que abrieron su negocio. “Teníamos una vacas y Paulino andaba a la madera con un carro”, comenta Lucinda, “yo quería tener negocio y así vinimos a Bárzana. Un año en el Tolete (bar) y después compramos esta casa”, recuerda la antigua hostelera.

El bar Nuevo tenía una reconocida fama por los callos y las “queisadiellas”, entre otras cosas que preparaba la dinámica Lucinda. El bar era, además, la “oficina” del veterinario que dejaba medicamentos, recibía recados de los ganaderos o las muestras para analizar de las matanzas. Si querías saber un número de teléfono, “de Trubia para arriba los sabia todos”, asegura Lucinda, a la que en aquella época llamaban “cerebro electrónico” por su portentosa memoria que aún hoy, a un paso de los noventa, sigue manteniendo ágil. Rememoran “aquellas ferias de bandera en que abrías a las cinco de la mañana y tenías el bar lleno hasta la puerta todo el día”.

El Ayuntamiento entregó el pasado 31 de octubre las medallas de oro a tres carteros históricos y a Nicanor Álvarez por su labor en favor de los vecinos. Aún quedan por entregar cinco medallas.

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