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La diáspora argentina regresa a Grado en forma de cuatro libros

La biblioteca local recibe una donación de una familia de emigrantes gracias a la gestión de Isabel García, que vive en la residencia

El director de la residencia de ancianos de Grado, Carlos Briansó (a la izquierda), Isabel García Sánchez y el coordinador de Cultura, Gustavo Adolfo Fernández. | Reproducción de Sara Arias

El director de la residencia de ancianos de Grado, Carlos Briansó (a la izquierda), Isabel García Sánchez y el coordinador de Cultura, Gustavo Adolfo Fernández. | Reproducción de Sara Arias

La nostalgia y el recuerdo nunca abandonan al emigrante. Aquellos asturianos que se fueron a América a finales del siglo XIX y principios del XX mantuvieron estrechos vínculos familiares que pasaron de generación en generación. Y ese amor por la tierrina ha movido una donación de libros llegada desde la localidad de Haedo, en Argentina, a la biblioteca pública “Valentín Andrés”, de Grado. Todo gracias a la gestión de la centenaria Isabel García Sánchez, conocida popularmente como “La cubana”. Ella también fue hija de la diáspora en la isla caribeña, aunque lleva ya 19 años viviendo en la residencia de ancianos de la villa moscona.

“Nos sentimos muy felices de la aportación, ahora solo falta que Javier venga a presentarlos a la Casa de Cultura”, dice García en referencia al hijo de su prima, el argentino Javier Soverna, autor de tres de los cuatro títulos donados: ”In memoriam pseudo Calistenes”, “Haedo en el centro del tornado” y Kiökenmöddings”.

El cuarto libro entregado a la biblioteca moscona tiene mucho que ver con Grado. “Cruzar el charco” narra la historia de Diego Tamargo, oriundo de Rañeces, quien emigró a Argentina en 1910 con su esposa, Esperanza Sánchez, natural de Las Coruxas y tía materna de Isabel García. Con ellos se iba su hijo, Juan José, quien más tarde se casó con Armanda Isabel Yero de Tamargo, la autora del libro, que publicó en 1978. Y García siempre estuvo en contacto postal con su tía Esperanza y, después, con la nuera de esta, Armanda, manteniendo un vínculo que sigue hoy a través de las redes sociales con sus descendientes, Beatriz y Javier.

“Siempre mantuve comunicación postal e, incluso, algunas veces me llamaban a Cuba cuando viví allí aunque yo no podía llamar al exterior. Ahora ya hablo con mi prima por Whatsapp”, explica. El dominio del manejo de internet lo aprendió esta mujer centenaria precisamente en la biblioteca de Grado a la que ahora su familia dona los libros. Se hizo socia y en los tres ordenadores disponibles para búsquedas fue cogiendo destreza en la red, aprendiendo todo desde cero. Después hizo los cursos de informática en el telecentro y, a día de hoy, a sus 100 años, es quien lleva las redes sociales de la residencia de ancianos.

Al aprender a utilizar internet pudo retomar el contacto y avisar a sus familiares en Argentina de que se quedaba a vivir en Asturias. “Cuando vine traía el brazo escayolado porque me había caído, así que me dejé casi todo allá y no les dí aviso”, recuerda. Así, pasaron de las cartas al móvil y al ordenador para comunicarse. Y, entre mensaje y mensaje, surgió la idea de traer los libros para la donación a la biblioteca “Valentín Andrés”.

“Lo hablé con la dirección de la residencia y ellos hablaron con la biblioteca, que aceptó de buen grado la entrega de los ejemplares”, detalla. Y, según le han confirmado sus familiares argentinos, su prima Beatriz y su hijo Javier, “están muy contentos con la gestión porque es un deseo logrado”, dice.

Los cuatro libros ya están disponibles para su préstamo en la biblioteca. Además, no solo “Cruzar el charco”, que narra las vivencias del matrimonio de Grado en Argentina, conecta con el municipio. También en los libros de su bisnieto, Javier Soverna, hay relatos y cuentos vinculados con Asturias o la emigración asturiana.

Un apego por las raíces que mantienen muchos de los descendientes de los emigrantes asturianos en los países de América y que “permite ahora la donación de libros a través del Atlántico”. Con ellos viajó “una parte de Diego, Esperanza, Juan José y toda su familia, de regreso a Grado, a su lugar de origen”, destaca el coordinador de Cultura, Gustavo Adolfo Fernández.

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