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Las últimas silicosis de la mina

Ramiro López y Lorenzo González relatan su vida con la enfermedad, factor de riesgo del virus y que ahora solo sufre un minero en activo

Ramiro López y Alejandrina Bernardo, en la ventana de su casa de Oyanco.

Ramiro López y Alejandrina Bernardo, en la ventana de su casa de Oyanco. FERNANDO RODRÍGUEZ

Permítase la licencia, en principio nada poética, de ligar el carbón que se ha agarrado a los pulmones del allerano Ramiro López (81 años) con el amor. Porque era un "chavalín" de 25 años y ya tenía "los cuatro guajes": Ramiro, Juan, Mari Jose y Tori. "Había que trabayar mucho. Todo era poco, no quería que nada les faltara".

Ramiro López tiene segundo grado de silicosis. La enfermedad, producida por la cicatrización permanente de los pulmones por la inhalación de polvo de sílice y carbón, que tantos abuelos arrebató a las Cuencas. Los datos han cambiado mucho desde la jubilación de Ramiro (año 1992): en el último informe del Instituto de Silicosis de Asturias, solo el 2,1 por ciento de los casos diagnosticados corresponden a mineros en activo -frente al 61% entre los pensionistas-.

Lorenzo González, también diagnosticado de silicosis de segundo grado, afirma que esa estadística está más relacionada con la caída de la actividad que con las mejoras en seguridad: "La mina fue muy dura siempre". Llevan la enfermedad bien, aunque siempre atentos al ritmo de su respiración. Y más en estos días: están entre los grupos de riesgo del COVID-19.

Por eso Lorenzo González recibe a LA NUEVA ESPAÑA a una distancia prudente, en su casa de Huertomuro (valle del Río Negro). Conoció su diagnóstico en 2011: "Bajaba a un gallinero que tengo ahí cerca y, al subir, ya me quedaba sin oxígeno". De aquella primera consulta en el Instituto de Silicosis, ya salió con un diagnóstico: enfermedad de segundo grado, neumoconiosis complicada y progresiva. "Yo estoy seguro de que lo 'garré' cuando la mecanización del pozo Figaredo".

Era 1986, él ya tenía muchos años de mina a la espalda. Le destinaron al pozo mierense como vigilante, en pleno proceso de mecanización de las labores: "Las máquinas ayudan, sí. Pero solo cuando las pones a trabajar en el lugar que corresponde". Imagínate una beta de carbón en la que hay seis paisanos picando con martillos. Pues pasamos de eso a una máquina que tiene 300 piquetas. La polvoreda que tragas ahí... tragabas arenisca pura, de la que te quema los pulmones".

"Como si quemara los pulmones", "como una losa encima del pecho", "como si te agarraran el cuello y te intentaran ahogar". Expresiones que repiten los afectados por silicosis, una enfermedad que quita lo esencial: el aire para seguir viviendo. En 2018, el Instituto de Silicosis diagnosticó 270 casos. "Se confirma el importante número de diagnósticos en roca ornamental (granito y pizarra) que superan en número de casos a la histórica minería del carbón", apunta el estudio. Del total. 47 en Asturias y solo uno de un trabajador minero en activo. Veintitrés son pensionistas del sector, con una media de historia laboral de riesgo de 26,2 años.

La de Ramiro López se eleva hasta los 28 años de mina. "Empecé ayudando a empujar los vagones por un plano, era un 'guaje'", explica. Casi entonces fue cuando conoció a Alejandrina Bernardo, su compañera inseparable con la que ha superado de sobra las bodas de oro: 59 años casados. De aquel tajo pasó a la mina de la Industria Asturiana en Oyanco, y luego a San Antonio. "Al principio ganábase muy poco. Además ibas mal vestíu, mal calzau y mal comíu".

Hasta el año 1962, cuando se plantaron. "Después de la 'huelgona' sí que nos mejoraron algo las condiciones? pero la mina ye la mina, amiga". No se ahoga al hablar, sabe medir esfuerzos y llevar la enfermedad a rajatabla. Ya antes de que se decretara el confinamiento por el COVID-19, él y su mujer se encerraron para evitar al virus. Atienden a LA NUEVA ESPAÑA desde la ventana, uno al lado del otro, como están siempre.

-¿Y no riñen pasando tanto tiempo juntos?

-Reñir no vale para nada. En esta vida hay que querese.

Permítase la licencia, ahora sí poética, de ligar el carbón que se ha agarrado a los pulmones de Ramiro López con el amor.

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