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El adiós a una grande de la historia de la música en Asturias

“¡Yo fundía los techos de los chigres!”: así recordaba su vida como cantante Diamantina Rodríguez

Diamantina Rodríguez y Facundo Fernández, en Rioturbio.

Diamantina Rodríguez y Facundo Fernández, en Rioturbio.

LA NUEVA ESPAÑA publicó en 2005 una entrevista-perfil con Diamantina Rodríguez, dentro de la sección “Los otros”, dedicada a contar cuáles habían sido las referencias vitales de los asturianos y las asturianas más relevantes. En aquel año, con 87 años, Diamantina ya se había retirado de los escenarios. Había dejado de actuar en 1982 por culpa del asma que sufría. El prototipo de la tonada brava. La Faraona de la asturianada, vivía en Mieres y se mantenía vital, joven y siempre atenta a cuanto ocurría en el mundo de esta música tradicional. Con motivo del fallecimiento de la gran voz de la tonada, LA NUEVA ESPAÑA recupera ese texto.

La de veces que la amanecida la pilló cantando.

–¡Yo fundía los techos de los chigres!

Diamantina Rodríguez, quirosana del pueblo de Villagime, donde nació el 14 de septiembre de 1920, se retiró de los escenarios en 1983. El asma que sufre le impide cantar como antes lo hacía, fundiendo los techos de los chigres. Para los aficionados a la tonada, esta mujer afincada en Mieres desde mediados del siglo pasado es el prototipo de la cantante brava de tonada. Facundo Fernández, organizador del certamen de asturianadas de Rioturbio –uno de los más relevantes de la región– la compara con Lola Flores, dice que es «la Faraona de la tonada». Ella se ríe. Pero parece que le gusta la similitud.

–Para mí la tonada fue la ventana que yo tuve para asomarme al mundo. Si no hubiera cantado, me hubiera quedado metida en casa...

La vida no se presentaba fácil para aquella niña que cantaba lo que oía –coplas, pasodobles…– y pasaba temporadas en Babia, en un pueblo llamado Cospedal, donde tenía familia. Su padre les abandonó y la madre estaba continuamente preocupada porque los hijos se instruyeran, se familiarizasen con la letra.

Nos traía lo que podía para leer. Venía a casa con lo que hubiera, periódicos, folletos. Uno de aquellos folletos (donde se anunciaba una actuación) era de «Los Cuatro Ases», Cuchichi, Botón, Miranda y Claverol.

La madre le puso el destino ante los ojos, la tonada encarnada en los cuatro fantásticos del momento. Pero ella no lo sabía aún.

–Luego, cuando tenía quince años, no me quedaba más remedio que ir a servir. Pero yo no quería ir. Se lo dije a mi madre. Y como había por allí un mozu, me casé. Tuvimos que esperar a que yo cumpliera los dieciséis para la boda. Él era gaitero. Se llamaba Argimiro Fernández, estuvimos casados 47 años, hasta que él murió. Como a él también le gustaba la música, me dejaba, me animaba a participar en los concursos.

Pero no se crean, que el gaitero tenía su punto celoso y se mantenía vigilante por si Diamantina lucía algún escote que considerase excesivo. A sus 87 años, la Faraona de la tonada asturiana mantiene una presencia elegante –ha adelgazado– y conserva fresco su repertorio. Aunque ya no pueda cantarlo «al alto la lleva», aún se arranca un poco, lo que deja el asma. Sin embargo, pese al poderío que dicen que tuvo, trasmite una cierta sensación de nostalgia, una fractura íntima. Como si sólo la música, y no la vida, le hubiera traído felicidad.

Diamantina Rodríguez es asidua al certamen de tonada de Rioturbio. De hecho, ostenta la presidencia de honor del concurso y no se pierde actuación. Suele ir pertrechada de grabadora. Recoge lo cantado y luego, en la soledad de su casa de Mieres, escucha y vuelve a escuchar. Confiesa que más de una vez la alcanzó la madrugada entre asturianadas.

Los concursos de tonada le dieron la vida. Empezó a participar relativamente tarde, a los 28 años. Debutó en 1948, en el concurso organizado por el diario «Región» en el salón Babel de Oviedo.

–La verdad, no sé lo que canté. No sé si fue «Carromateros» o «Aquellos bueyes». Sé que me salí de tono y al terminar el concurso, bajando del escenario, casi en el aire de la cantidad de gente que había, se me acercó Cuchichi y me dijo: «¿Oye, rapaza, cómo te saliste de tono?». Y yo le respondí que no sabía qué era aquello del tono...

Total, que Cuchichi se ofreció a ayudarla a educar la voz. A partir de ahí la carrera de Diamantina Rodríguez fue en ascenso, sustentada en su estilo bravo, con dos grandes hitos: «Arboleda bien plantada» y «A la madre de los mineros». «Esta canción me la trajo Che Berrinche, de La Peña de Mieres, a ver si le cantaba una letra que él había escrito. Cuando me la dio me dijo: “Aquí está la verdadera historia de la mina”. Conseguí grabarla en 1982, antes de dejar de cantar, creí que no llegaba». Diamantina Rodríguez es una referencia para las jóvenes cantantes de tonada. Pero ella también tuvo sus maestras en el arte de este canto libre. «Creo que a la primera que sentí cantar fue a Josefina Fernández». Falleció en 1951, a los 41 años de edad sin dejar ningún disco grabado.

–¿Y cómo cantaba?

–Valiente, siempre valiente, que lo arrollaba todo.

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