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Las comarcas mineras tienen futuro

La reactivación económica ha sido ineficaz, pero el territorio sigue teniendo armas para avanzar

El casco urbano de Mieres. | D. M.

Aunque la afirmación del título pueda parecer que tenga más visos de pretensión que de realidad, de darse las premisas que a continuación enumero podemos tener la certeza que algo puede cambiar (y para mejor) en dos territorios del área central asturiano que representaron en su día el centro industrial de una región que, allá por el final de la década de los años 60 del anterior siglo, aglutinaron lo que era el principal área industrial de Asturias.

En efecto, en 1966, tras la creación de UNINSA, con la absorción de Duro Felguera, Fábrica de Mieres y Fábrica de Moreda (Gijón), se inicia un proceso de no retorno del eje industrial Oviedo-Mieres-Langreo, hacia otro que comprende Oviedo-Gijón-Avilés, todo ello en un proceso que significó una importante pérdida de riqueza y el comienzo del declive de unas comarcas que reclaman sus derechos.

Por eso, cuando en el año prepandémico de 2019 nos planteamos, desde CC OO de Asturias y la Fundación Juan Muñiz Zapico, analizar, evaluar, diagnosticar y proponer alternativas a lo que entendimos como tercera reconversión industrial, que tenía como eje central de la misma, de nuevo, las comarcas mineras, tras el fin del carbón, a lo que se añadía el desmantelamiento de gran parte de su industria térmica, vimos que si inicialmente el primer impacto recaería sobre tres comarcas concretas (Nalón, Caudal y Suroccidente), la repercusión se extendería luego a toda una región en la que uno de los ejes centrales de su crecimiento y desarrollo fue y es la industria.

Voy a centrarme en las dos comarcas del área central, dejando el resto para mejor ocasión, si el tiempo y el espacio nos lo permite. Repetir una y otra vez que la situación económica de las comarcas mineras lleva el sello del declive más absoluto, nos lo da el hecho que, en los últimos cincuenta años, la población en ambos territorios se redujo en más del 40%, mientras que el empleo lo hizo en porcentajes cercanos al 50%.

Desde hace décadas se han llevado a cabo muchos planes y medidas para la reactivación económica y el empleo en zonas en declive, como las nuestras. Sin embargo, como es sabido, su eficacia para paliar los efectos negativos en el empleo de estas zonas ha sido limitada. No obstante, contamos con un volumen nada despreciable de fondos provenientes de la Unión Europea (UE), a través de los denominados de Transición Justa, a los que hay que añadir también los de la New Generation, nacidos para hacer frente a la crisis derivada de la pandemia del covid-19 y a los Fondos Estructurales que se venían aplicando regularmente, lo que eleva el presupuesto comunitario hasta cifras nunca vistas.

La reorientación de los fondos debería ir hacia nuevas políticas de desarrollo que, en el caso de las cuencas, serían para aplicar la siguiente estrategia. Como hipótesis de partida tenemos que fijar que, cualquier política de desarrollo ha de estar asentada en una estrategia de política económica que, en nuestro caso, es de política industrial cuyo objetivo pasa por la recuperación de gran parte del empleo industrial perdido para afianzar el crecimiento del sector servicios que complete una estructura económica equilibrada y armónica.

Una nueva estrategia de reactivación económica ha de tener como eje principal propuestas de política industrial basadas en dos premisas esenciales: reforzamiento de la estructura industrial existente, dentro de los márgenes de competitividad pero sin exigencias externas extemporáneas y apertura hacia un nuevo modelo industrial basado en la ciencia, la tecnología, el conocimiento y la sostenibilidad. A pesar de los escasos éxitos obtenidos en lo que llevamos de siglo, aún confiamos en que es posible esa compatibilidad entre la antigua y la moderna industria.

A las últimas políticas regionales de desarrollo, basadas en las infraestructuras, formación e incentivos, es necesario darles un cambio radical, incorporando claramente una estrategia territorial que vaya más allá de la mera ordenación urbana del territorio regional.

Esa estrategia territorial ha de tener como objetivo esencial la lucha contra el despoblamiento de territorios en claro declive, en primer lugar por falta de empleo, pero también por falta de medidas para mejorar el hábitat, la calidad de vida, en definitiva un cambio hacia un cierto desarrollo sostenible.

Y es que estamos entrando en la segunda fase de una epidemia demográfica, tras el éxodo rural, que, incide, en esta ocasión, en territorios con ciudades medianas o pequeñas, cuyo vínculo con la industria tiende a desaparecer, como es el caso de nuestras comarcas de tradición minera.

El crecimiento de las ciudades y niveles poblacionales en el área central de Asturias y las crecientes interrelaciones apoyadas en las pequeñas distancias existentes, está haciendo en estos momentos que emerja una gran metrópoli de más de 800.000 habitantes. (Fernando Rubiera, catedrático de Economía Aplicada). Se plantea que es necesario ahora articular fuertemente el sistema metropolitano central de forma que, desde el punto de vista funcional, económico y de mercado de trabajo constituya una sola ciudad, aunque manteniendo la identidad y la autonomía de cada uno de los municipios que la integran.

De forma paralela o integrada en la estrategia territorial del que forman parte las cuencas, es necesario una estrategia interna u ordenación de los territorios objeto del presente artículo, cuyo objetivo básico ha de ser la potenciación de la función residencial de los núcleos de población afectados por la reconversión minera e industrial, es decir, lo que venimos señalando como prioridad: fijar población en las comarcas mineras.

Tal como señala Aladino Fernández, catedrático de Ordenación del Territorio y ex alcalde de Langreo: "Se puede dar la paradoja de que haya empresas en las comarcas mineras, pero que vengan a trabajar a ellas gente de fuera de la comarca. Necesitamos retener y atraer vecinos porque, al final, lo que configura una ciudad es su población".

Es necesario, pues, poner un énfasis especial en la mejora de la calidad residencial y de los equipamientos colectivos de los núcleos urbanos de las cuencas mineras. Y también incorporar en esta coyuntura un tema que está en el debate permanentemente, como es la fusión de Ayuntamientos que, tal como nos señala Javier Suárez Pandiello, catedrático de Hacienda Pública, "tendría un efecto económico de vital importancia".

Teniendo en cuenta el escenario de crisis climática y de crisis ecológica en que nos encontramos desde haya ya tiempo, el desarrollo económico y productivo de estas zonas, y por supuesto de cualquier otra, tiene que ir enfocado a actividades ambientalmente sostenibles, basadas en la tecnología, en la economía circular, en la agroganadería respetuosa con el medio ambiente y en la producción industrial limpia.

A todo ello hay que añadir una pieza básica para articular otros elementos que integren naturaleza y cultura en el espacio metropolitano: la reserva de la bioesfera de Redes y de las Ubiñas.

Somos conscientes de que, por parte de las diferentes administraciones públicas (central, regional y municipales) se están dando pasos en el buen sentido, pero se necesita un mayor compromiso de los empresarios porque por parte de los agentes sociales ya lo tienen.

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