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El negro recuento de las minas de Morcín y Riosa: un libro homenajea a los 107 fallecidos

El volumen, se se presenta este lunes, está escrito por los cronistas oficiales de ambos concejos: Fernando Delgado y José Luis Cabo

Por la izquierda, José Luis Cabo, Ana Díaz, Mino García y Fernando Delgado, ante el castillete del pozo Monsacro. | F. D.

La minería del carbón en Asturias fue motor, durante décadas, de la economía de la región. Gracias a la extracción del mineral, se pudieron alimentar miles de bocas. Pero la actividad extractiva también ha llevado aparejada una crónica negra, de luctuosos accidentes que se cobraron también cientos de vidas por todo el territorio asturiano. En el caso de los concejos de Riosa y Morcín, sus explotaciones, tanto de montaña como la subterránea del pozo Monsacro, dejaron a 107 familias huérfanas. En memoria de estos mineros, los cronistas oficiales de Riosa y Morcín, José Luis Cabo y Fernando Delgado, respectivamente, presentan este lunes un libro en el que recogen la historia minera de estos dos concejos, incluyendo también un homenaje a las víctimas.

"Todo surge con la idea de homenajear a los mineros fallecidos", explica Fernando Delgado, colaborador de LA NUEVA ESPAÑA, y uno de los autores del libro. Bajo esta premisa, Delgado contactó con José Luis Cabo y, entre ambos, comenzaron a recolectar información y poner en común los datos que ya tenían sobre fallecidos y accidentes. "No ha sido fácil, ya que muchos datos se fueron perdiendo y tuvimos que consultar tanto archivos públicos como privados para lograr reunir toda la información", explica el cronista de Morcín, respaldado por su colega de Riosa: "Ya teníamos muchos datos recopilados, pero otros nos costó bastante dar con ellos". Tras un arduo trabajo, hoy verán la luz las 106 páginas del libro "Homenaje a los 107 mineros fallecidos en El Coto de Riosa y Morcín desde 1846 a 2014", una publicación sobre la que LA NUEVA ESPAÑA puede adelantar algunas de las curiosidades que incluye en sus páginas.

Como por ejemplo, que la primera explotación minera del coto riosano-morciniego se fundó en Porció (Morcín), en el año 1846. "Era una mina de montaña que contaba con altos hornos para coquizar ya el mineral, que se transportaba en carros tirados por bueyes hasta la fábrica de cañones de Trubia", explica Delgado, que enumera las empresas que fueron pasando por los dos concejos: desde Minas de Riosa, a Hulleras de Riosa, Ensidesa o, ya definitivamente, Hunosa, que adquiría el pozo Monsacro en 1969.

Pero la publicación busca especialmente recordar a las víctimas de los accidentes mineros. El primero de ellos tuvo lugar en 1859 y José Luis Cabo entiende que fue, además, el primero de Asturias. "Al menos, el primero del que hay registros", puntualiza. Dos mineros perdían la vida en las minas de Riosa, explotaciones de montaña en el valle de Canales.

Pero los accidentes mineros más graves no tendrían lugar hasta años más tarde, y curiosamente, con el mismo número de fallecidos: 4 en cada uno de ellos. Los dos se produjeron en el año 1967, que fue uno de los más luctuosos en este coto. El primero de esos sucesos tuvo lugar el 31 de enero del citado año, cuando tres trabajadores morciniegos y uno riosano perdían la vida por una explosión de grisú en la mina de montaña de Otura (Morcín). Menos de dos meses más tarde, ya en el pozo Monsacro, una fuerte tormenta provocaba una riada y un derrabe de carbón en una de las galerías de la explotación, llevándose por delante la vida de otros cuatro mineros, en este caso tres morciniegos y uno de Riosa. Junto a 1967, otro año negro para la minería del carbón fue 1958, donde también fallecieron 8 personas, aunque según explican los cronistas "hubo más accidentes mortales, pero con menos víctimas en cada uno".

Embarazadas

Uno de los datos que más llamó la atención tanto a Fernando Delgado como a José Luis Cabo fue que más del 10 por ciento de las viudas de los mineros fallecidos estaban embarazadas. Algunas de su primer hijo y otras de hasta el quinto. "Me llama mucho la atención que en el caso de Riosa, en el Registro Civil aparece textualmente la frase de que las mujeres estaban en un ‘estado interesante’", apunta Cabo. En cuanto a las edades de los mineros fallecidos en este coto, Delgado desvela que los más jóvenes tenían 16 años, mientras que el más veterano de quienes perdieron la vida contaba con 52.

Este laborioso trabajo que hoy verá la luz no será la única colaboración entre ambos cronistas. Para el medio plazo, ya tienen otro proyecto en la cabeza: identificar a todos los fallecidos en accidentes mineros que sean oriundos de Riosa y Morcín, más allá de donde se haya producido el suceso. "Mucha gente nos pregunta por vecinos que han muerto en la mina, pero no en las de estos concejos, y por eso vamos a hacer una segunda investigación que dé cabida a los fallecidos de Riosa y Morcín en otras minas", apunta Delgado que, a modo de ejemplo, pone sobre la mesa un accidente ocurrido en 1889 en Boo (Aller), con una treintena de muertos, entre los que había 11 de Morcín y Riosa.

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