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Carta a Adrián Barbón

Peticiones al presidente del Principado para el medio rural

Excelentísimo Señor: no es fácil para este escribidor dirigirse mediante carta pública y abierta a quien detenta el contenido que hay en las "tres pes" por el cargo que desempeña y que son: poder, prestigio y privilegio.

Y es obvio también que goza de las mismas porque en algún momento de su vida, como político, puso sobre la mesa la audacia, la astucia y la inteligencia necesarias para estar donde está, además de la ayuda inestimable de las circunstancias. Todo junto contribuyó a dar un giro a su trayectoria política. Por eso está Vd. donde está, y no por casualidad, como dicen algunos para menguar su prestigio.

Y por lo mismo, como joven barbado que es, en esta legislatura sabremos si es Vd. un joven político en perspectiva para vivir o bien de la política o para la política: todo se andará y como dicen los enterados, por sus obras lo conoceréis.

Aunque para empezar, estamos un tanto extrañados porque en estos tiempos de crisis y de frivolidades, Vd., como responsable, en vez de hacer un gobierno de acuerdo con los parámetros de la austeridad, llena las Consejerías de tantos covachuelistas galdosianos que hasta se nos escapa la risa por eso de vivir de la política, ya me entiende. Lo mismo que esos de la Junta, con sus sueldos, sus grupúsculos y grupitos, etc. Ni nombrarlos: ¡son pura vanidad!

Pero volvamos con Vd.; baste, como ejemplo, decirle que como autonomía, más que una "aldea global", nuestra querida Asturias parece una sucursal de la aldea de Asterix, aislados como estamos por tierra, mar y aire como dice Ángeles Caso o quienes la sufren un día sí y otro también, esos asturianos que, sin coche oficial, se tienen que desplazar por motivos varios fuera de nuestra región. Sin traerle a colación las amargas quejas de los vecinos de Caso y de Amieva con las nuevas tecnologías a las que tienen derecho, sin duda.

Y a propósito del ámbito rural asturiano, ¿sabe cómo lo caracterizó el pintor Hugo O'Donell que vive en Busloñe? Dice que de la Asturias rural que él conoció quedan, únicamente, el canto de los pájaros, el silencio de la noche y el cromatismo de las estaciones. ¡Vaya con los artistas! Imagine, entonces, lo que dirán los últimos de la fila cuando sufren en sus carnes una burocracia infinita, una total incapacidad política y mucha palabrería que se traduce en un reparto de limosnas que llegan de la comunidad económica europea. Sin olvidar, Sr. Barbón, que hasta la fecha desde hace más de 30 años toda la legislación que nos afecta nos trata como si fuéramos tontos, con una falta de respeto a quienes vivimos en las aldeas que clama a Dios: sus legisladores se recrean en la prohibición, como si fuésemos los causantes del gravísimo deterioro que sufren nuestros puertos, nuestros bosques y nuestros montes, que luego arden como un mar inmóvil. Si en vez de tanto prohibir, su Consejería abonase nuestros puertos, limpiase y reforestase nuestros montes, entresacase nuestros bosques y recogiese las aguas que se pierden laderas abajo, vistas las sequías cada vez más largas que padeceremos, la maleza no acobardaría a nuestras aldeas. ¿Sabe Vd. qué denota este abandono? Que la impronta propia de una democracia social no caló en los pueblos, no llegó a la Asturias rural, por una parte. Y por otra, ese abandono es consecuencia de una palabrería política que para nada se compromete con la acción. Ni para dar ni para pedir. Es lo que dice Hannah Arent: "Los hombres son libres tan pronto como actúan, ni antes ni después; ser libre y actuar es lo mismo". Piense, entonces, en las consecuencias de tanta atonía durante este tiempo infinito. Dicho de otra manera, a nuestras aldeas sólo llegaron las migajas de la democracia política y así nos va. La esperanza que tengo es que en esta legislatura suya, que vive para la política, se corrija el dislate que supuso para todos las pérdidas de la cultura del agua, de la madera, de la piedra, de las vacas y del huerto al pie de casa, tan importante, por la calidad, para la dieta de temporada. Por cierto, si desde esa consejería se fomentase la construcción de invernaderos, con el clima que tenemos en Asturias, que es el mejor de España (llueve lo justo y nieva lo necesario) ¿imagina las consecuencias para la economía familiar?

Estas ideas, entre otras muchas, serían la consecuencia de un compromiso que se traduce en obras porque en los pueblos ya estamos cansados de tanto misionero político como nos mandan por medio de TPA: antes de echar cuentas de memoria, hay que hacer un trabajo de campo y un proyecto para que luego hacer algo con sentido. En fin, Sr. Barbón, ya ve mi inclinación por los menos favorecidos; es normal. De los otros, con sus problemas y su sentido urbanícola e industrial de la vida, ya se encargan otros, los voceros, sus sindicatos.

Esperemos que resista el envite que tales retos le suponen y le desea una salida airosa fruto de su compromiso de vivir para la política.

Suyo afectísimo.

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