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Ricardo Montoto

Dando la lata

Ricardo V. Montoto

Brutal

¿Se dan cuenta de que hoy todo es brutal? ¿Qué tal la cena? Brutal. Esa película es brutal. La canción, brutal. ¿Quedamos mañana? Si. Brutal.

¿A qué viene tanta brutalidad? Y, ¿por qué decimos brutal a lo que no significa “propio de los animales por su violencia e irracionalidad”?

Ya son ganas de complicarnos la existencia, con lo fácil que es decir lo que se quiere decir con las palabras que significan eso. Hoy, brutal sustituye a excelente, rico, bello, poderoso, formidable, grande, perfecto, bueno, sabroso y, en general, a cualquier vocablo con un carácter positivo y que se resume en uno solo: brutal.

Hace tiempo mi sobrina me tuvo fascinado con la palabra mítico, que la juventud también aplicaba a casi todo, útil como un destornillador de múltiples cabezas. Y si una persona era ocurrente y simpática, era mítica. Y la típica taberna era la mítica taberna. Y, así, todo venía a ser mítico excepto lo que realmente puede serlo.

Pero, haciendo un ejercicio de sinceridad, me estoy viendo con menos kilos y más pelo en la cabeza diciendo aquello de “mogollón” y “que te cagas”, que vaya expresión más fea. Con lo fácil que era decir que algo es muy grande y lo cambiamos por “grande que te cagas”. En consecuencia, quitábamos el adverbio muy que iba delante para añadir “que te cagas” tras el adjetivo. Y mucho pasó a ser mogollón, que era como mucho pero más enfático, como más mucho, que no mucho más, no vayamos a confundir.

Tengo un amigo que se pone malo cada vez que oye el término “espectacular”, que podría ser el precedente más inmediato del actual “brutal”. Porque unas albóndigas en salsa verde pueden estar deliciosas, muy ricas, apetitosas… pero no espectaculares, porque no son aparatosas, ostentosas ni tienen caracteres propios de un espectáculo público.

¿Entendido? Brutal.

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