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Javier García Cellino

Velando el fuego

Javier García Cellino

Sobre el derecho a decidir

Los resultados de las elecciones catalanas y los posibles pactos

Continúo interesándome por las noticias relacionadas con las elecciones catalanas, y más después de que las urnas hayan dictado su veredicto. Por lo que observo en los distintos medios de comunicación, Pitágoras se está convirtiendo en el verdadero protagonista. Todo radica en ver cómo realizamos las sumas de la mejor manera posible para así poder establecer pactos de gobierno: que si el cómputo de los votos de los partidos independentistas; que si con PSUC más Esquerra y los Comunes sería suficiente; que si restamos por aquí y agregamos por allá… A fin de cuentas el menú no es nada distinto de los que se usan en todas las bodas electorales, en las que los invitados aprovechan siempre la ocasión para repartirse el mejor pastel que haya sobre la mesa. 

Lo cierto es que el protagonismo de Pitágoras está dejando a un lado (mejor diría silenciando) otros debates que no aparecen por ninguna parte del convite. Y no precisamente porque carezcan de importancia. Entre estas omisiones, echo en falta un ingrediente que juzgo del mayor interés, cual es el debate sobre el resultado de Vox, o dicho de otra manera, sobre cuáles son algunos de los motivos por los que la ultraderecha (eufemismo al canto) sigue creciendo. En este sentido, y siempre que surge el tema, no puedo dejar de recordar al húngaro Imre Kertész, premio Nobel en 2002 que, además de alumbrar una prosa poderosa y sabia, optó, como superviviente de los campos de horror del nazismo, por dar testimonio del mal y cumplir así con el deber de la memoria. Entre las máscaras mortuorias de nuestros días, dice, se encuentra el capitalismo voraz, la xenofobia asesina y el populismo sátrapa. O las más común y perversa, recalca, que es la complicidad de los indolentes. Una complicidad que, a modo de silencio, sigue acompañando la mayor parte de las acciones de los partidos fascistas.

Y dado que de falta de ingredientes hablamos, no estaría nada mal que la ensalada que está a punto de cuajar en Cataluña llevara también un aliño de ejercicio democrático. O lo que es lo mismo, que los principales cocineros pudieran también dar su opinión sobre el aderezo final. Vale que se hable de hipotéticas soluciones pactadas, de medidas que pongan fin al desencuentro…, pero, al margen de que podamos estar o no de acuerdo con la posible independencia, no es bueno seguir hurtando la participación de quienes tendrán que ser los primeros en probar el menú.

Hace unos días Pedro de Silva, en el billete que cubre a diario en la Nueva España, decía que en Cataluña seguirá la murga, continuará sonando la matraca. Cierto es que no es bueno que el ruido se eternice sine die, pero, precisamente por ello, no estaría nada mal que añadiéramos algún ingrediente más al aliño, por si así se consiguiera encontrar el mejor horneado que pusiera el punto final a tanta algarabía. Un condimento que no es otro que la convocatoria de un referéndum para decidir, postura que, entre otras personalidades, avalan, además de 3 exrelatores de la ONU, 5 premios Nobel (4 de la Paz y uno de Literatura). 

Y puesto que hablamos de la murga, no olvidemos la que se traen tantos patriotas de pulserita y bandera rojigualda cuando evaden impuestos en suculentos paraísos fiscales o de la matraca con la que nos obsequió el rey emérito en su huida de nuestro país para evadir así sus posibles responsabilidades. (Por cierto, contando con esa complicidad indolente de la mayor parte de nuestros representantes parlamentarios). 

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